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Andrew Keen: "Estamos vendido nuestra identidad y nuestros secretos en Internet"

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ANDREW KEEN
El periodista Andrew Keen |
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Internet está poblado de haters. Y hay algunas personas que hacen el más difícil todavía y se convierten en haters del propio Internet, que entienden la Red como la encarnación del mal. El periodista británico Andrew Keen ha dedicado más de 300 páginas a buscar sus errores, contradicciones y perjuicios. En el centro de la diana de Internet no es la respuesta (Ed. Catedral) coloca a las grandes del sector: Google, Facebook, WhatsApp o Instagram. Todas pueden ofrecer servicios fabulosos —eso no lo cuestiona— pero el precio que pagamos y, sobre todo, pagaremos en un futuro no tan lejano, será demasiado elevado.

Su libro está plagado de frases tan rotundas como dardos. Valgan tres ejemplos: "Amazon destruye puestos de trabajo, no los crea"; "Todos trabajamos gratis para Facebook y Google, proporcionándoles los datos personales que hacen que estas empresas valgan tanto"; "Creemos usar Instagram para mirar el mundo, pero en realidad somos nosotros quienes estamos siendo observados".

¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo?

Estoy preocupado. Será una sociedad menos igualitaria, en la que será más difícil encontrar trabajo y en la que ni siquiera sabremos si podremos encontrar trabajo o seremos reemplazados por máquinas inteligentes. Será una sociedad constantemente vigilada, donde la gente que ejerce trabajos creativos, como los periodistas o los cineastas, tendrán más problemas para encontrar un puesto de trabajo. Hay cuatro elementos capitales: desempleo, vigilancia, desigualdad y decadencia social.

¿No es un panorama excesivamente pesimista?

No, no lo es. Tú me has preguntado qué creo, no estoy diciendo que sea lo que va a suceder. El libro es un aviso en el que expongo lo que puede ocurrir, sobre todo si seguimos la senda que tomamos hace 20 o 30 años. No planteo una conclusión. En el ensayo sostengo que en la actualidad, en el año 2016, Internet no es la respuesta, pero no digo que no pueda llegar a serla en el futuro. Es muy habitual que si criticas Internet te tachen de pesimista. Pero no, el libro está repleto de datos, de evidencias empíricas.

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Ya, pero…

Quiero aclarar que Internet es algo bueno. Sin él, por ejemplo, no hubiera podido escribir este libro. ¡Yo me he beneficiado de Internet! Creo que es importante hacer esta aclaración porque, desde un punto de vista un poco infantil, muchas veces se me acusa de ser pesimista.

El libro está repleto de ataques a las grandes empresas de Internet, como Amazon, Instagram, Twitter O Google.

Amazon vende productos baratos de forma muy eficiente. A todos nos gusta eso. Lo que pongo sobre la mesa es una advertencia: nada es tan bonito como parece. ¿Cuál es la consecuencia de estos precios bajos? La primera es la política laboral que aplica Amazon. Ya se han publicado varios casos sobre suicidios de los trabajadores por el trato que reciben; el segundo es la crisis que provoca en el mercado minorista, algo que se ve mucho en EEUU y en Reino Unido, donde los pequeños comercios están cerrando porque es imposible competir con los precios de Amazon. Y hay un tercer elemento: si Amazon vende mucho acaba ejerciendo un monopolio. Y eso afectará por ejemplo a los escritores o a los músicos, que acabarán cobrando mucho menos por su trabajo.

¿Y Google?

Google es diferente: es el gran problema. Es evidente que tienes muchas virtudes. Todo el mundo lo utiliza y yo no podría haber escrito el libro sin él. Nos conectamos a YouTube, Google Maps, a toda la infraestructura de Google… El problema es que es gratis, aunque paguemos un precio: como Facebook, sabe todo de nosotros, dónde estamos, a quién vemos, qué compramos, nuestros gustos… Debemos de tener claro, y es que el fin último de Google es la publicidad, la posibilidad de publicitar productos dentro del marco de la economía libre. Parece que hemos hecho un pacto con el diablo: utilizamos este tipo de servicios pero nos hemos convertido en el producto, somos los que proporcionamos el valor que tienen todas estas empresas y que ellas utilizan sólo con fines publicitarios. Hemos vendido nuestra identidad, nuestros secretos, a cambio de esto.

Pero hay mucha gente dispuesta a pagar esa precio.

Sí, hay personas que pueden pensar que no les importa ser vigiladas, que les utilicen a cambio de tener estos servicios. Vale, pero que seamos conscientes de que con el desarrollo del Internet de las cosas, de herramientas como Google Maps o con el coche que conduce solo, hay un objetivo: saber dónde estamos en cada momento para ofrecernos, por ejemplo, publicidad de hoteles o restaurantes. Es lo que hace Uber. Ahora estamos felices, pero dentro de un tiempo nos arrepentiremos de todo lo que dimos a cambio de utilizar estas herramientas gratuitas.

El problema, al menos aquí en España, es que la gran mayoría de la gente es reticente a pagar por contenidos o servicios en Internet.

Pero, ¿por qué piensas que la gente no está dispuesta a pagar ? Lo hace por comida, por unas entradas del fútbol, por un coche.

La idea de que la gente no está dispuesta a pagar es absurda

Ya, pero no por determinados contenidos en Internet. Ni siquiera por algo que se utiliza tanto en España como WhatsApp.

Imagina que yo ahora llego a mi hotel y me marcho diciendo que no quiero pagar… La idea de que la gente no está dispuesta a pagar es absurda. Es cierto que hay un discurso bastante generalizado que se sustenta en que la gente tiene derecho a disfrutar de información gratuita, algo que no pasa en otros sectores económicos como el automovilístico. Nadie se lleva un coche sin pagar o le dice al vendedor que se quede con tus datos a cambio del vehículo, como si fuera Google. No es un argumento. La gente tiene que pagar por las cosas. Y vale también para un medio de comunicación: si la gente no paga, no podrá acceder a tu contenido.

Pero en el caso de muchos medios de comunicación su paso al pago implicaría su muerte.

No es verdad. Si te fijas en Reino Unido muchos de los diarios digitales tienen pasarelas de pago. The Guardian siempre ha mantenido su defensa cerrada de la gratuidad y ahora se encuentra en una crisis tremenda. Lo mismo que el Daily Mail, que es un periódico de baja calidad. Esto va a pasar con todos los periódicos que ahora son gratuitos, porque la gratuidad no es un modelo de negocio válido. Si realmente se quiere tener periodistas cualificados, si se quiere un periodismo de calidad, no se puede hacer sin cobrar por ello. Todos los medios de comunicación con buena reputación, como The New York Times o el Financial Times, no funcionarían a largo plazo si su contenido fuese gratuito. Tenemos que luchar contra la idea de que está bien obtener servicios gratis, porque no es así.

Sí, pero insisto que medios como El Huffington Post son gratuitos y rentables. The Huffington Post emplea a más de 400 periodistas en todo el mundo.

Pero no es un periódico serio. Y no quiero que te lo tomes por el lado personal, porque tal vez en España funcione. Pero The New York Times da trabajo a 500 personas en EEUU, así que no es que The Huffington Post tenga muchos periodistas o genere muchos puestos de trabajo. Quizá es un modelo más híbrido y crea puestos de trabajo, pero no creo que sea una empresa seria porque su contenido, como le pasa también a Buzzfeed, está basado en el social media y en el reciclaje de otras noticias.

Pues El Huffington Post va a publicar esta entrevista. ¿No crees que es un buen contenido?

No, no, no, déjame ser claro. Tú haces un buen contenido, pero no te puedes comparar con un medio serio.

Es que nosotros ni somos ni queremos ser The New York Times.

Ya, pero es que el core business de The Huffington Post es gente publicando en una plataforma de contenidos gratuitos.

Eso no es verdad, es una parte muy pequeña del contenido.

Para mí The Huffington Post es un híbrido que no funciona. De verdad, no estoy en contra, felicito y aplaudo al medio por invertir en periodistas, siempre y cuando sea para hacer un buen contenido.

El problema de la gratuidad también ha afectado al mundo de la música. Pero pocas veces se habla de la gula de las discográficas en la década de los 90.

Reconozco los fallos de la industria musical, pero si a la gente le ofreces un buen contenido, acaba pagando por él. Sucede ahora con el auge de la compra de discos de vinilo, que factura más que la música online. La gente lo hace porque el sonido es mucho mejor, porque hay buena calidad, un buen diseño, el disco no se rompe… La gente va a pagar por calidad, estoy seguro. Lo hará por un buen producto por lo mismo que no se cuestiona pagar decenas de euros por la entrada de un partido de fútbol.

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