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Chamartín, el distrito más PPopular

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Mañana de julio. Madrid se ha despertado con un clima cuasi tropical tras una noche de tormenta. Las calles están mojadas, huele a humedad, las palmeras desafinan con el cielo grisáceo. Sí, en la megaurbe hay palmeras, en los jardincitos de las casas de El Viso, al sur del distrito de Chamartín. Allí donde los precios de los inmuebles van con tantos ceros que marean hasta a los agentes inmobiliarios y donde tener jardinero es algo obligatorio.

Los vecinos de este distrito pueden presumir de ser los más populares de la capital. El PP arrasó en los pasados comicios del 26 de junio con un 57,14% de los sufragios, superando los resultados cosechados en el afrancesado Barrio de Salamanca (56,94%) y en el pijo-castizo Chamberí (51,49%). Y en este bastión popular el papel de la oposición se lo lleva Ciudadanos (18,31%), quedando muy ahogados por debajo el PSOE (11,18%) y Unidos Podemos (10,8%). La quinta fuerzas es Vox, que no llega al uno por ciento.

Chamartín es un universo particular, en el que conviven en sus 919 hectáreas seis barrios: El Viso, Prosperidad, Ciudad Jardín, Hispanoamérica, Nueva España y Castilla. Un enclave en el que se mezclan chalecitos hipervigilados con cámaras de seguridad, el estadio Santiago Bernabéu, torres de ladrillo visto con aire a España en desarrollo, colegios bilingües con aspiraciones palaciegas y arcos Tudor y al fondo, vigilante, la mítica estación de trenes.

No hay vallas, pero El Viso parece casi una urbanización privada. Apenas hay gente por la calle. Tranquilidad casi absoluta, solo se escucha de fondo el jolgorio de los niños en el patio del colegio La Salle Maravillas. A estas voces se suma un tema de Gloria Estefan que escupe la radio de un obrero que trabaja en la reforma de una casa firmada por un estudio de arquitectura adicto al blanco diáfano. Por la zona solo se ven niñeras uniformadas que pasean carritos con futuros líderes del Ibex.

Pilar, de ochenta años, vuelve a casa. Ha estado escuchando misa en la parroquia de Santa Gema, de los Pasionistas. Va por la calle Serrano, a la altura del elitista colegio de San Patricio. “Voté al PP. Llevo aquí cuarenta años viviendo y siempre ha ganado el Partido Popular”, comenta. ¿Qué le parecieron los resultados del 26-J? “Dentro de lo que cabe, no están mal. Somos un pueblo de pena”, responde tajante.

En su opinión, el presidente en funciones, Mariano Rajoy, “tiene sus pros y sus contras, pero de lo que hay, había que votarle”. Ahora Pilar tiene su política favorita del Partido Popular: Cristina Cifuentes. La jefa del Ejecutivo autonómico está en alza, se ha ganado a su electorado y está haciendo olvidar a la siempre vitoreada Esperanza Aguirre.

Antes de continuar a casa por Serrano esquina con la calle Segre, hace la radiografía de Chamartín. “Se vive muy bien, es una zona muy tranquila, muy bien comunicada”. Y nos da otro dato sociológico: “Es una zona de gente acomodada, más o menos. Debemos ser de derechas todos aquí”.

Un poco más abajo, en la gasolinera de la calle Concha Espina se mezclan todoterrenos con Minis. El rojo y el negro son los colores favoritos para los coches esta mañana. Al fondo, el Bernabéu. Por la calle deambulan treintañeros con traje, corbata, gafas polarizadas y que se saben de memoria El lobo de Wall Street. En los concesionarios los vendedores esperan y los porteros barren las aceras.

Carmen e Inmaculada son funcionarias en la Dirección General del Instituto Nacional de la Seguridad Social, ubicado en la exclusiva calle de Padre Damián. Han salido un momento a hacer unos recados. Les parece “lógico” que haya ganado el PP y se soprenden al saber que ha superado al distrito de Salamanca. “Aunque es coherente con el estilo de vida y el tipo de gente que reside aquí”, reflexionan.

¿Cómo es el día a día? Las dos compañeras se complementan y narran. “Es una zona muy relajada y tranquila, de gente mayor que tiene un estatus social. No hay población joven. Si paseas, todo el mundo es mayor y no hay nadie los fines de semana. Los niños vienen porque hay muchos colegios religiosos, llegan de otros barrios”, sostienen.

Además, hacen un análisis sobre las diferencias con los vecinos del distrito de Salamanca: “Es un lujo más tranquilo, de puertas adentro”. “Si te fijas hay pocos comercios y los que hay no están frecuentados por la gente de la zona, vamos más los que trabajamos por aquí”. Pero el poderío se nota. Carmen e Inmaculada dan pistas: “Por el precio del metro cuadrado y por el servicio que siempre va con uniforme, hasta con cofia. Calles atrás tienes hasta las Koplowitz, a un montón de gente con dinero, con pisos de poca altura, grandes zonas verdes, pero de muros para adentro”.

La sede del PP en el distrito está en el número seis de la calle Oruro, entre el Paseo de La Habana, Serrano y Príncipe de Vergara. Se encuentra en un bloque de pisos que no tiene mucho que ver con los casoplones cercanos, zona de ladrillo visto. Las ventanas están forradas todavía con imágenes de Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría del pasado 20 de diciembre. En estos comicios no hubo cartelería.

Esta estética de la zona se debe en buena parte a la historia del distrito, que fue el último de los del centro de Madrid que se desarrolló. Hasta la Guerra Civil, apenas existía el barrio de Prosperidad y algunas colonias de hotelitos. La estación de Chamartín era el campo santo de la villa y en la zona se sucedían grandes fincas de la nobleza que fueron cedidas a órdenes religiosas. De hecho, Chamartín de la Rosa no se anexionó a Madrid hasta 1947.

En la zona de la sede del PP vive Antonio, un militar jubilado. No quiere que le hagan fotos por problemas de seguridad, pero sí accede a dar su opinión. “Es un barrio cómodo, caro, pero bastante sucio. Hay cagadas de perro, hojas de árboles, se barre una vez a la semana”, se queja.

¿Por qué la gente vota tanto al PP? No duda: “Porque es más sensata que en otros barrios”. Y no cree que la paralización de la operación Chamartín por parte del ayuntamiento de Manuela Carmena haya hecho que los populares ganen más votos. “Los resultados me parecieron mal. Todo el mundo se queja de la ley D’Hont y quiere que los votos valgan por igual. Eso es un país de locos y no existe en ningún lugar del mundo. Al contrario, en muchos países se prima más a las mayorías que en nuestra ley, para que haya una mayoría gobernante y no estar en la casa de locos que estamos ahora”.

El Mercado de Chamartín no juega a ser una atracción turística como los de San Antón y de San Miguel. Es de consumo interno. Señoras mayores con carritos examinan la fruta y la carne y se dejan tentar en las pescaderías. El principal reclamo: unos pequeños escaparates en los que se lee MARISCO VIVO.

Juan José Rodríguez comenzó hace más de cuarenta años a vender carne fresca en Madrid. Hoy es el dueño de una potentísima empresa del sector, Raza Nostra. Todos los aficionados a las hamburguesas gourmet la conocen perfectamente. Es vecino de la zona y no para un segundo quieto en el mercado.

“Siempre ha sido un distrito con un nivel alto y bueno. El consumo es bueno”, resume, a la vez que comenta que si la gente vota al PP, “será por algo”. “En los últimos años ha mejorado el nivel adquisitivo", dice. Y resopla: “Después de cómo nos dejó Zapatero…” “Por lo menos ahora se nota en las ventas”, apostilla el empresario.

Además, muestra su pronóstico y cree que habrá “pronto” investidura de Rajoy. “Es que es una cosa lógica, no hay otro tema, así pienso yo”, concluye. Por los pasillos del mercado siguen comprando muchas señoras. La edad media del distrito es de 45,29 años, dos más que la media de la ciudad de Madrid. En total residen allí 141.435 personas, cuatro mil menos que hace cuatro años.

La ‘Prospe’ tiene su personalidad. Por sus calles se mezclan desde acomodadas señoras hasta inmigrantes de origen caribeño. López de Hoyos tiene estilo setentero hasta en los comercios, los locales de diseño están un poco más abajo, en Corazón de María. En la plaza donde está la estación de metro se sientan cada mañana los jubilados a hablar. Los actos de Podemos en este distrito suelen celebrarse aquí.

Carmen tiene 86 años y devora hasta la última palabra del Diez Minutos. Mira unas fotografías de Adriana Ugarte y Enma Suárez, protagonistas de Julieta, la última película de Pedro Almodóvar. “Vengo a pasar la mañana, aquí se está fresquito”, cuenta. Se mudó a este barrio cuando murió su marido y dejó atrás su vida en Carabanchel. Aquí está más cerca de sus hijos y de sus nietos.

“Es una zona muy buena, el tráfico es estupendo, buena vida, hay muchos hospitales e iglesias alrededor”, disecciona. “La Prospe es más humilde que las otras zonas, en Corazón de María hay más dinero y en El Viso sí que hay dinero. Pero yo soy pensionista”, matiza.

Ella tiene su propia visión de lo que está pasando. “La situación de España es jodida, aunque no lo quiere decir muy alto porque está feo. Todos quieren ser presidentes. Miro con mucho respeto a Podemos, pero ya se veía de presidente Iglesias, y eso es imposible”, analiza Carmen.

Lo que más le irrita es que “nadie se pone de acuerdo”. “Los socialistas se tendrían que poner de acuerdo con el PP porque Podemos ha tenido alianzas con ciertas personas y no creo que queramos eso. Queremos lo que tenemos en España, no lo de fuera”, apunta. Aunque tiene cierto sabor a pueblo incluso la zona, apunta que hay sobre todo “gente mayor” porque los jóvenes no pueden pagar “los pisos caros”. “Tengo cinco nietos, están en casa de mis hijos. Les pagan muy poco, y eso que han estudiado una carrera. No les vale”, dice con resignación.

Es verano en Madrid. Se busca Gobierno entre tormentas. Y Chamartín ya ha dicho lo que quiere.

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Las fotografías de este reportaje han sido realizadas por Carlos Pina

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