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Cinco pasos para superar tus pequeños miedos

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Siempre has querido tirarte desde el trampolín más alto… pero cuando estás sobre la plataforma, miras hacia abajo y el temblor de piernas te hace cambiar de idea. Te encanta la moda de llevar el pelo de color rosa pero eres una mujer seria y temes que dejen de verte así. Sueñas con subirte al escenario del karaoke y dar rienda suelta a tus dotes musicales, pero un nudo en el estómago y la sensación de no poder respirar no te dejan cumplir tu deseo.

Creemos que el mundo es de los valientes, de los que no temen a nada ni a nadie. Pero la mayoría sentimos miedo en alguna ocasión porque ésta es una emoción inherente al ser humano. "Muchos de esos miedos están asociados a nuestro instinto de supervivencia. Genéticamente estamos predispuestos instintivamente a identificar posibles amenazas, ya sean los bichos (las serpientes, las arañas o los leones...), la oscuridad (cuevas, fondo marino o la noche...) o las alturas (acantilados, volar en avión...). Tener la capacidad para sentir miedo es esencial para poder sobrevivir", explica Laura Rojas Marcos, psicoterapeuta clínica y de la salud, a El Huffington Post.

Muchos miedos están asociados a nuestro instinto de supervivencia. Genéticamente estamos predispuestos instintivamente a identificar posibles amenazas, ya sean los bichos, la oscuridad o las alturas

Pero, ¿y cuando lo que nos paraliza es la vergüenza o el pudor? ¿También son sensaciones universales? En este sentido, la experta asegura que "la vergüenza implica ser consciente de la percepción y el juicio que los demás pueden tener de uno. La mayoría de las personas han sentido vergüenza en algún momento de su vida. Pero para algunas puede llegar a ser un problema muy serio e incluso prejudicial, al impedirles actuar con naturalidad, expresar sus sentimientos o pensamientos e incluso defenderse".

CÓMO AFRONTAR NUESTROS TEMORES

La diferencia entre los valientes y los temerosos reside en la forma de afrontar los retos, especialmente aquellos que les resultan atractivos y estimulantes. "Las personas valientes son aquellas que, a pesar de sentir miedo al identificar una situación o elemento amenazante, deciden de forma consciente tener una actitud proactiva y afrontar su temor", afirma Rojas Marcos.

La buena noticia es que la mayor parte de nuestros miedos e inseguridades se pueden superar (y en algunos casos tratar) para permitirnos disfrutar plenamente de la vida. La psicóloga aconseja que lo primero que debemos hacer es "ante todo, diferenciar los miedos reales de los imaginarios, así como aquellos que están asociados a la falta de confianza y a la autoestima. Algunos miedos son buenos, nos ayudan a protegernos de amenazas reales, pero otros no lo son tanto ya que pueden volvernos apáticos, amargos y vivir en un estado temeroso. Los miedos asociados a la inseguridad, la falta de confianza, la baja autoestima o la timidez se pueden trabajar y superar. Pero para ello hace falta compromiso, dedicación, disciplina, estar abierto a pedir ayuda y a aprender, siempre desde la amabilidad hacia uno mismo".

Si quieres demostrarte a ti mismo que puedes vencerlos, aquí te ofrecemos cinco pautas a seguir para ingresar en el grupo de los valientes:

1. Reconoce tu miedo y analízalo

¿Es un miedo real o es producto de tu imaginación? Aplicando un poco de lógica, descubrirás que muchos de tus temores no tienen sentido y serás capaz de enfrentarte a ellos de forma racional.

2. No anticipes…

La ansiedad, el miedo incontrolable se desencadena porque adelantas la situación, la vives con tu imaginación antes de estar verdaderamente ante ella. Vive el momento: no lo pienses hasta que no vayas a enfrentarlo.

3. Reflexiona sobre las consecuencias

Siéntate, respira y reflexiona sobre las consecuencias, positivas y negativas, de hacer algo que temes. Si tienes que enfrentarte al público, si te vas a montar en un helicóptero… ¿Qué puede pasar? ¿Se van a reír de mí? ¿Se va a estrellar? Pero, ¿y si me aplauden? ¿Y si es un tranquilo y maravilloso paseo por las nubes?

4. Ponte pequeñas metas

Empieza por pequeñas conquistas para ganarle terreno a tus temores. No comiences saltando desde un puente a 300 metros de altura. ¿Qué tal experimentar primero descendiendo en tirolina?

5. ¡Prémiate!

Y cuando lo consigas, reconoce tu hazaña y quiérete por lo que has logrado. Tienes que admitir tu gran mérito y recompensarte por ello.

¿Cuál va a ser el siguiente reto?

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