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Cómo se puso de moda odiar a Hillary Clinton

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HILLARY CLINTON
AFP
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La campaña presidencial de EEUU ha entrado ya en el último tramo. A falta de aproximadamente mes y medio para saber quién es el sucesor de Barack Obama, el foco ya cercano sobre Hillary Clinton se ha estrechado aún más. El incidente que tuvo lugar durante el acto conmemorativo de los atentados del 11 de septiembre, cuando la aspirante a presidenta sufrió un desmayó, sembró dudas sobre su estado de salud. Y, como viene haciendo durante toda la campaña, su oponente Donald Trump recuperó todos los rumores sobre cómo se encuentra realmente la ex secretaria de Estado.

Por las redes circulan varias teorías conspirativas alrededor del estado de salud de Clinton, de las que se sirve la "campaña sucia" del magnate. Así, según esos rumores, la candidata -de 68 años- padece una enfermedad degenerativa que afecta su sistema nervioso. Sin embargo, los doctores de la demócrata no paran de aclarar que no es cierto y que se encuentra perfectamente.

No es el único ataque personal que Clinton ha recibido durante su carrera política. Sus oponentes políticos han llegado a decir que ha matado con pistola, la han acusado de aprovecharse de información confidencial del mercado de materias primas, de soportar las infidelidades de Bill Clinton y, en 2012, de gestionar incorrectamente el ataque terrorista en Bengasi (Libia).

A pesar del drama de los últimos 25 años en el que Clinton ha estado involucrada y de que una gran parte de la población norteamericana la ve como una villana, se encuentra a las puertas de llegar a ser la primera presidente mujer de Estados Unidos.

“Existe una narrativa, y es una narrativa real, pero ella no ha tratado de enfrentarse a ella”, comenta David Winston, un experto republicano en sondeos políticos. “Lo difícil para ella va a ser controlar las cosas que han pasado recientemente y que alimentan la trama en su contra”.

Hasta la gente demasiado joven para acordarse de los escándalos de Whitewater o Troopergate saben que está de moda tenerle antipatía sin saber exactamente por qué.

El sentimiento anti-Hillary está tan arraigado que transciende grupos demográficos y afiliaciones partidistas. Hasta la gente demasiado joven para acordarse de los escándalos de Whitewater o Troopergate saben que está de moda tenerle antipatía sin saber exactamente por qué.

Los seguidores de Clinton dicen que, como persona que quiere proteger su esfera privada, responde poniendo más barreras. Esa es la razón por la cual decidió usar un servidor privado para las comunicaciones oficiales como secretaria de Estado. Un correo electrónico a su mayor confidente lo describe perfectamente: “No quiero arriesgar que lo personal sea accesible”.

Winston afirma que la controversia de los correos electrónicos ha hecho más daño a Clinton porque da a sus críticos la oportunidad de usar titulares de los años 90. Así los titulares se hacen relevantes hasta para los votantes jóvenes. “¿Toda la gente que puede votar recuerda los años 90? No. Pero el discurso que están dando en los medios de comunicación los recuerda”.

Eso, a su vez, ha provocado en que la desconfianza hacia Clinton se haya difundido por todo el país y el espectro político. Una estudiante de la Universidad de Virginia opina que no puede confiar en Clinton pero no puede explicar realmente por qué. A otra mujer de 34 años que estaba en la convención republicana no le convence Trump, pero para ella Clinton no es ni siquiera una opción.

“Obviamente creo que no se puede confiar en ella. Vimos lo que hizo en Bengasi”, apunta Kendra Seeley de la Universidad de Utah.

En Florida, una encuesta de la Universidad de Quinnipiac reveló que Trump es percibido como más fiable y honesto que Clinton.

Uno de los votantes de Florida que no confía en Clinton es el hijo de Barbara Cady, que tiene 19 años y estudia segundo de carrera. “A nadie le gusta, mamá’, me ha dicho”, comenta Barbara Cady mientras camina por Filadelfia con otros delegados de Clinton. Cady añade que su hijo no es capaz de articular su razonamiento: “Él no tiene ni idea, y eso que estudia ciencias políticas en la universidad”.

La debilidad de Clinton en las encuestas ha provocado que muchos republicanos se quejen de que su partido haya nominado a alguien con una imagen pública peor que la de Clinton. Un trabajador de la Casa Blanca incluso comenta con ironía que los candidatos se parecen a los personajes de Todo en Familia , una popular serie cómica de los 70.

Disgusto desde el principio

Ser impopular no es nada nuevo para Clinton. Cuando entró en la vida pública, como la mujer del Procurador General de Arkansas Bill Clinton, pronto recibió muchas críticas por quedarse con su apellido de soltera, Hillary Rodham.

Cuando su marido se presentó como candidato a la presidencia, sus problemas de imagen pública continuaron. Su justificación de por qué decidió perseguir una carrera política irritó a muchos: “Supongo que habrá podido quedarme en casa haciendo galletas y tomando té”. Esto trajo una respuesta negativa rápida, seguida de una competencia de galletas con la entonces primera dama Barbara Bush.

“Era muy fácil odiar a los Clinton porque fueron muy exitosos”.

En las elecciones presidenciales de 1992 los republicanos no se preocuparon de los Clinton, porque pensaban que no había posibilidad alguna de que un mujeriego que eludió el servicio militar ganara contra un piloto de la Segunda Guerra Mundial que había dirigido con éxito la Guerra del Golfo contra Iraq y disfrutaba de un grado de aprobación popular altísimo.

Pero cuando Clinton ganó, los conservadores en particular estaban furiosos, y enseguida empezaron a trabajar para que varias controversias que habían surgido se mantuvieran en la mente del público durante la campaña de Clinton.

Al final Hillary Clinton llegó a calificarlo de “conspiración vasta de la derecha”, pero no tenía mucho de conspiratorio. Todo estuvo en el dominio público. El bien financiado Arkansas Project difundió varias fechorías y los republicanos en el Congreso lo usaron como un alimento para audiencias e investigaciones cuando volvieron a ganar el control de las dos cámaras en las elecciones a mitad de legislatura de 1994.

clinton

Clinton tras el mareo que sufrió en los actos del 11-S

“En los años 90 surgió una industria artesanal. Algo así como un Anti-Clinton Inc.”, explica Mo Eillethe, un antiguo asistente de la campaña de Hillary Clinton que ahora es el director del Instituto de Política y Servicio Público en la Universidad de Georgetown. “Eso puede afectar a cualquiera”.

Los Clinton frecuentemente se perjudicaron a sí mismos con sus propias acciones. Por ejemplo, Hillary Clinton afirmó que perdió las facturas sobre Whitewater en su bufete de abogados en la ciudad de Little Rock. Aparecieron mucho después en la Casa Blanca.

“Había suficiente humo como para llamar la atención, buena o mala, y era un reflejo del hecho de que ella no puede apagarlo”, afirma Winston.

Los defensores de Clinton argumentan que reaccionó a los ataques implacables como cualquiera habría reaccionado. “Creo que es echar la culpa a la víctima”, opina David Brock.

De hecho, Brock tiene una perspectiva única sobre los Clinton. Durante la mayoría de los años 90, él fue un operador en las conspiraciones de la derecha como investigador y reportero de varias organizaciones conservadoras. Pero en 2001 publicó un libro en el que abjuró de su anterior trabajo y ahora dirige el comité financiero (Super PAC) pro-Clinton Correct the Record.

La acusación de que los Clinton mataron a Vince Foster para esconder una presunta fechoría es probablemente el mejor ejemplo de abuso sobre Clinton, señala Brock. Foster no sólo era un empleado de la Casa Blanca. Durante años en Little Rock fue colega de Hillary Clinton y uno de sus mejores amigos. Algunas investigaciones dicen que él sufría de depresión y se suicidó, pero las acusaciones siguen hasta la actualidad, ahora lanzadas por seguidores de Donald Trump.

El hecho de que Hillary Clinton haya decidido defender celosamente su privacidad después de esa experiencia no debe ser una sorpresa, explica Brock. “Eso es una respuesta normal después de 25 años de ataques a su carácter”.

La desconfianza hacia Clinton es ahora parte de la cultura

Esos 25 años son claramente una introducción a la trayectoria de Clinton hacia las elecciones generales de 2016.

El Comité Nacional Republicano ha hecho una gran pancarta de su tour de escándalos, colgada a dos millas del estadio donde Hillary Clinton se convirtió oficialmente en la candidata demócrata. “Nuestra misión es exponer la larga y escandalosa historia de Hillary y Bill Clinton, aquí mismo en el vecindario de los demócratas”, comenta el presidente del Comité, Reince Priebus.

Para los republicanos que quieren retomar el control de la Casa Blanca después de ocho años, la impopularidad de Clinton es una bendición. “Era muy fácil odiar a los Clinton porque fueron muy exitosos”, apunta el miembro del Comité Nacional Republicano por California Shawn Steel. Ahora el nuevo escándalo de los correos electrónicos ayuda a reanimar los viejos escándalos y, aún mejor, Hillary dista de ser una política tan buena como su marido, explica Stell. Además añade el problema de su voz: “Ella chilla. No puede evitarlo”.

Con solo cien días más de campaña presidencial, hasta los defensores de Clinton admiten que su impopularidad no tiene muchas posibilidades de desaparecer.

“El sentimiento de que no se puede confiar en ella es completamente difuso. Y la gente no sabe realmente expresar por qué no tienen confianza”, opina Brock. “Por desgracias es un mito que ahora forma parte de la cultura”.

Mo Elleithee, que fue secretario de prensa de Hillary durante la campaña presidencial de 2008, piensa que Clinton debe de evitar la mentalidad de búnker que suele adoptar cuando le critican. Esto a su vez alimenta un círculo vicioso.

“Crea desconfianza mutua. Cuando sale del búnker, deja que la gente vea quién es en realidad, y le va bien. Porque es una persona cariñosa y encantadora”, explica Elleithee. “Yo estaba planeando una boda mientras trabajaba para su campaña y ella me preguntaba todos los días: ‘¿Bueno, qué pasa con los planes de la boda?”.

Elleithee y otros reconocen que Clinton no siempre fue tan poco querida. De hecho, cuando era la secretaria de Estado, tuvo los niveles de aprobación más altos. Viajó por el mundo, reuniéndose líderes políticos y con gente corriente. En 2012, surgió un meme en las redes que se llamaba texts from Hillary, con el que se convirtió por momentos en icono popular, moderna y graciosa al mismo tiempo.

Para Brock, este patrón ofrece una esperanza: si ella gana las elecciones, podría tener una presidencia exitosa. “Cuando Hillary parece que quiere un ascenso o más poder político, sus números de confianza y aprobación bajan. Cuando ya tiene el trabajo, las cifras vuelven a subir”.

Entre esa posibilidad y hoy, se encuentran las elecciones de noviembre. Quizás Clinton tiene suerte de que los republicanos hayan nominado a alguien que sufre de la misma impopularidad que ella (o incluso más).

Barbara Cady admite que sólo tras algo de persuasión, su hijo, que apoya a Bernie Sanders, está preparado para respaldar a Clinton. “Ay, votará por ella”, concluye. “Odia a Trump”.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Daniela Guillén