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La mayoría de la gente no puede ver la Vía Láctea y eso tiene un precio

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EDWIN REMSBERG VIA GETTY IMAGES
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Desde tiempos inmemoriales, la imagen de esa cinta plateada de estrellas impresiona a cualquiera que se pare a mirar el cielo de noche. No obstante, éste no es el caso para los millones de personas que viven bajo la nube de contaminación lumínica de las ciudades.

Mediante un nuevo estudio que utiliza datos de satélite y medidas de la luminosidad en el cielo se ha descubierto que la Vía Láctea resulta invisible para una tercera parte de la humanidad, entre la que se incluyen el 60% de los europeos y casi el 80% de los norteamericanos. La investigación fue publicada el pasado viernes en la revista Science Advances.

Los investigadores calcularon varios niveles de contaminación lumínica: desde el punto en que la luz artificial dificulta la observación astronómica hasta el momento en que el cielo de medianoche es tan luminoso como durante el crepúsculo. Sus cálculos muestran que más del 80% de la población mundial y más del 99% de los occidentales viven bajo un cielo contaminado.

Este nivel de polución puede tener diversas consecuencias negativas, que van desde efectos perjudiciales en el ciclo de vida de los animales hasta daños en la salud humana —también psicológicos— al suprimir una de las experiencias más positivas a la que se puede acceder de forma natural, según describen los expertos.

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HAY PERSONAS QUE NUNCA HAN VISTO LA VÍA LÁCTEA

La proliferación de la contaminación lumínica empezó en los 50 y los 60 y ha ido aumentando cada año, apunta Chris Elvidge, científico de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y coautor del estudio.

"Durante generaciones, los habitantes de los grandes núcleos urbanos han tenido bloqueada su visión de la Vía Láctea", explica Elvidge a la edición estadounidense de The Huffington Post. "Es una pérdida estética, y quizás espiritual, en lo que al sentimiento de conexión con el cosmos se refiere".

Perder esa conexión podría tener graves consecuencias para la salud psicológica. El cielo nocturno presenta una de las pocas situaciones universales en las que todos los humanos pueden experimentar una profunda sensación de sobrecogimiento. Y los psicólogos han descubierto que ésta es una emoción especial que puede afectar a nuestro conocimiento y comportamiento de forma única e inesperada.

"Las experiencias breves y excepcionales de sobrecogimiento pueden cambiar el curso de una vida de manera profunda y permanente", escribieron Dacher Keltner y Jonathan Haidt en 2003 en uno de los primeros estudios psicológicos sobre esta emoción hasta hace poco olvidada. Tras analizar ejemplos históricos de personas cuya vida se vio transformada gracias a esta sensación, Keltner y Haidt señalan que "el asombro puede ser uno de los métodos más rápidos y poderosos para el cambio y el crecimiento personal".

Éste es el motivo por el que perder la oportunidad de admirar un amplio cielo no se trata de una cuestión menor.

"Un cielo estrellado en una noche clara siempre ha sido una fuente profunda de admiración e inspiración, lo que estimula la creatividad, la generosidad, la buena voluntad y la innovación", cuenta Keltner al HuffPost. "Perderse una vista así puede dañar nuestra capacidad de asombro y mermar nuestro espíritu de causa común".

Un cielo estrellado en una noche clara siempre ha sido una fuente profunda de admiración e inspiración, lo que estimula la creatividad, la generosidad, la buena voluntad y la innovación".

En análisis más recientes, los investigadores recrearon esta emoción en el laboratorio y observaron que la percepción del tiempo de los participantes se expandía en esta situación. En comparación con las personas que sintieron otras emociones, los que experimentaron sobrecogimiento percibieron que tenían más tiempo, explica Melanie Rudd, de la Universidad de Houston (Estados Unidos). "Como consecuencia, empezaron a hacer cosas buenas para el bienestar subjetivo, como ayudar a los demás y escoger experiencias en lugar de bienes materiales". Tener una mayor percepción del tiempo y estar presentes resulta especialmente importante en la sociedad actual, ya que la gente siempre tiene prisa, argumenta Rudd.

Rudd y sus colegas también descubrieron que lo mejor para sentir sobrecogimiento es rodearse de naturaleza. No obstante, para personas que viven en ciudades grandes y abarrotadas y que no tienen una cordillera en su terraza, mirar el cielo nocturno es una de las pocas formas de evocar esta sensación.

"El cielo está justo ahí. Es muy accesible", cuenta Rudd. "Pero si la contaminación lumínica se cruza en su camino, se lleva por delante a una buena fuente de admiración para la gente".

DÓNDE SE SIGUE VIENDO LA VÍA LÁCTEA

Las ciudades lanzan una gran cortina de luminosidad a sus áreas adyacentes. "La contaminación lumínica es uno de los tipos de alteración medioambiental más generalizados", explican los investigadores en su análisis sobre la contaminación lumínica global. "Afecta incluso a las zonas impolutas, porque se observa fácilmente durante la noche a cientos de kilómetros de su foco en escenarios aparentemente intactos".

Incluso algunas áreas protegidas, como los parques nacionales, no están completamente a salvo de las brillantes y lejanas ciudades.


En el vídeo de arriba se muestra el atlas de contaminación lumínica global que crearon los investigadores. El mapa utiliza un color gris oscuro para marcar zonas con menos polución que deberían protegerse de un aumento lumínico futuro. Si los lugares están marcados en azul, significa que el cielo tiene demasiada luz como para que se puedan hacer observaciones astronómicas. Las zonas marcadas en amarillo son lugares donde la gente no puede ver la Vía Láctea en invierno, y el naranja significa que incluso en verano, cuando la Vía Láctea es más luminosa, la luz artificial oculta su visión.

En zonas marcadas en rojo, el cielo nocturno es tan luminoso como durante el crepúsculo. "En lugares con este nivel de contaminación, la gente nunca experimenta condiciones nocturnas de verdad, porque la noche —la oscuridad— está enmascarada por un crepúsculo artificial", aclaran los investigadores.

El país más afectado por la contaminación lumínica es Singapur, donde la gente vive bajo un cielo tan iluminado que el ojo ni siquiera puede adaptarse del todo a la visión nocturna, según los científicos. Otros de los países con mayor contaminación lumínica son Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Corea del Sur, Israel, Argentina, Libia y Trinidad y Tobago. Los países menos afectados son Chad, República Centroafricana y Madagascar.

El Europa Occidental, sólo algunas áreas —principalmente en Escocia, Suecia y Noruega— siguen disfrutando de noches oscuras. Entre los países del G-20, Arabia Saudí y Corea del Sur tienen la mayor tasa de contaminación lumínica, mientras que India y Alemania, la menor.

Para dar una idea de la situación, los autores del estudio señalan: "La gente que vive cerca de París tendría que viajar 900 kilómetros a Córcega, Escocia Central o la provincia de Cuenca, en España, para encontrar un amplio territorio donde el cénit no se vea esencialmente afectado por la contaminación lumínica".

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Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano