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Una amplia mayoría del Senado opta por destituir a Rousseff en el último debate

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DILMA
AFP
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Una amplia mayoría de los senadores de Brasil se ha inclinado de forma decididamente favorable a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, que será sometida a votación en la mañana de este miércoles.

De los 63 senadores que han participado en el maratoniano debate del martes, que se ha prolongado hasta la madrugada del miércoles, 42 han anunciado que votarán a favor de que la mandataria pierda el cargo, 18 se pronunciaron en contra y tan sólo tres no aclararon sus intenciones, pero dieron indicios de que se inclinarán por la marcha de Rousseff.

Para que se apruebe la destitución, será necesaria una mayoría calificada de dos tercios, equivalente a 54 votos entre los 81 senadores, una cifra que se presume accesible para los favorables a la salida de la mandataria por la proporción de discursos que se oyeron en este sentido.

Los discursos de ambos bandos repitieron los argumentos que se han esgrimido en las sucesivas etapas que han tenido lugar desde que comenzó el trámite del juicio político el pasado diciembre.

LA VOTACIÓN

Los opositores a Rousseff han reiterado su convicción de que la jefa de Estado incurrió en un "delito de responsabilidad", cargo por el que se sienta en el banquillo, y que se refiere a unas maniobras con las que se maquilló el resultado de las cuentas fiscales de 2015.

La presidenta, suspendida de sus funciones desde que se instauró formalmente el proceso el pasado 12 de mayo, responde por la emisión de tres decretos que alteraron los presupuestos sin la venia del Congreso y por atrasos en depósitos a la banca pública, lo que, según la acusación, sirvió para ocultar créditos al Gobierno, que son prohibidos por ley.

Además de por estas acusaciones, muchos senadores también recriminaron a Rousseff por la honda crisis económica en la que está sumida el país y por el escándalo de corrupción en la petrolera estatal Petrobras, que ha salpicado a decenas de diputados, senadores y ministros de todos los colores políticos.

Los seguidores y correligionarios de Rousseff reiteraron que el proceso no tiene fundamento legal y se trata de un "golpe de Estado".

El senador Lindbergh Farias, del Partido de los Trabajadores (PT), dijo que la destitución tiene el doble objetivo de "salvar" a los sospechosos de beneficiarse de la corrupción en Petrobras, porque la salida de Rousseff les permitiría torpedear las investigaciones, y de dar un "golpe de clase contra los trabajadores, las mujeres y los negros".

"Quieren reducir los salarios, aumentar los beneficios del empresariado y entregar (los ricos yacimientos del) presal a las multinacionales del petróleo", afirmó Farias.

Los únicos senadores que no aclararon sus intenciones fueron el expresidente Fernando Collor de Mello, quien renunció a la Presidencia en 1992 durante un proceso similar al que afronta Rousseff, el laborista Acir Gurgacz y Rose de Freitas, correligionaria del presidente interino, Michel Temer.

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