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Las razones del desplome del BNG: "No supieron ver la importancia de la cuestión social"

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El sorpasso ya se produjo en Galicia hace 19 años. Mucho antes de que En Marea amenazase con superar al PSOE como ocurre esta semana, los socialistas ya vieron cómo otro partido les adelantaba por la izquierda. El Bloque Nacionalista Galego (BNG) se convirtió en segunda fuerza en las elecciones autonómicas de 1997 y 2001, con 18 y 17 escaños, respectivamente, solo superada por el PP. Pero, a partir de ahí, la formación entró en una lenta pero implacable caída. Sus resultados en prácticamente todos los comicios han sido peor que en los anteriores hasta llegar a las urnas este domingo en una situación crítica. Las encuestas les dan entre dos y cuatro diputados, pero también podrían quedar fuera del Parlamento gallego.

El BNG conoció su mejor época a finales de los noventa bajo el liderazgo del carismático Xosé Manuel Beiras, al que algunos señalan como la figura más relevante y popular del galleguismo desde Alfonso Daniel Rodríguez Castelao. El entonces capitán del Bloque logró en 1997 tres escaños más que el PSOE y superó en votos a los socialistas cuatro años después.

Carlos M. Abella, socio de la consultoría estratégica y de comunicación Abella y Valencia, define a Beiras, de 80 años, como “una figura intelectualmente muy potente”, con una “formación muy sólida”, que conecta con mucha facilidad con la gente. “No voy a decir que la gente se quede hipnotizada, pero sí atrapada por el magnetismo que desprende cuando da un discurso por cómo habla, cómo transmite sus ideas… Puede estar 45 minutos sin mirar ni una sola vez a los papeles, no perderse en ningún momento y mantener la atención del público”, explica a la vez que señala que es muy difícil que vuelva a surgir alguien con ese liderazgo en la izquierda nacionalista.

"PECARON DE CONSERVADORES"

El BNG tocó su techo en 2001 y ahí empezó su declive, que coincidió con el cambio de liderazgo. Beiras dio paso a Anxo Quintana, que a pesar de empeorar los resultados de su predecesor en 2005 -pasó de 17 a 13 escaños- consiguió llegar a vicepresidente de la Xunta gracias al bipartito con el PSOE. Los expertos advierten, sin embargo, de que aquella etapa provocó “frustración y desencanto” en buena parte del electorado del BNG.

“Esperaban que hubiera una transformación mucho más radical, que las políticas fueran mucho más atrevidas de lo que fueron. Pecaron de conservadores a la hora de implantar políticas”, asegura Carlos M. Abella. Pablo Vázquez Sande, profesor de Comunicación Organizacional e Institucional de la Universidad de Santiago de Compostela, apunta a que la gestión comunicativa del PP consiguió que, aún ahora, una de las imágenes de aquella época sea la fotografía de Anxo Quintana a bordo del yate de un empresario. “Se produjo un desplazamiento de la atención del proyecto político (con sus errores y sus aciertos) en beneficio de dicha imagen, casi anecdótica, pero que eclipsó la tarea de dos partidos políticos en cuatro años”, señala Vázquez.

Pero el gran desplome del Bloque llegó en 2012, cuando el partido se rompió en mil pedazos. Beiras abandonó el partido durante la Asamblea de Amio que se celebró en enero de ese año y dejó una frase que aún retumba en los oídos del nacionalismo gallego: “El BNG se encuentra muy enfermo”.

Tras la victoria de Feijóo en 2009, el dirigente nacionalista trató de emprender un proyecto de “regeneración demócrata y refundación” que nunca pudo llevar a cabo. A su marcha, aseguró que “los procesos en el BNG no son limpios desde hace muchos años” y que mucha gente estaba desanimada por las “prácticas espurias y manipulación” de la corriente mayoritaria, la Unión do Povo Galego (UPG).

"No supieron ver la importancia que la cuestión social estaba adquiriendo"

“A mí, después de cada proceso electoral, me llamaba la atención que en el BNG no se produjera una autocrítica, al menos de cara al exterior. Siempre intentaban justificar los resultados, decir que no pasaba nada, que todo estaba bien… Y estaban sufriendo caídas severas año tras año”, indica Carlos M. Abella, quien asegura que el problema del Bloque es que no supo cambiar de discurso cuando era necesario y se “encerró” en una postura en clave “nacionalista e identitaria” sin saber ver “la importancia que la cuestión social estaba adquiriendo”.

"Aunque eran críticos con cuestiones como los recortes, la desigualdad, la pobreza y la emigración que estaba surgiendo a raíz de la crisis, no han sabido centrar su discurso, sus propuestas y sus políticas en dar respuesta a eso", señala. El Huffington Post ha intentado recabar la opinión al respecto de algún miembro de la formación nacionalista sin obtener, de momento, respuesta.

ANOVA, "UN DISCURSO SOCIAL MÁS POTENTE"

Los expertos subrayan que, en cambio, Beiras sí supo leer las exigencias de movimientos como el 15-M. A su marcha, el dirigente nacionalista creó Anova, “que vino con un discurso social mucho más potente”, según Abella, y se unió a Esquerda Unida y otros grupos ecologistas como Equo para presentarse a las elecciones de 2012. Aquellos comicios fueron un tsunami para el BNG, que vio cómo la nueva formación de Beiras conseguía nueve escaños, dos más que ellos.

“El Bloque se quedó muchísimo más estático y más anclado en un discurso de antes, sin saber adaptarse a los cambios. Ese ha sido uno de los principales lastres, porque antes el Bloque conectaba con la gente joven, y eso hoy en día ya no ocurre. También ha dejado de tener peso en las zonas urbanas”, explica Abella, quien cree que En Marea, de la que ahora forma parte Anova, puede dar la puntilla al Bloque en estas elecciones.

NACIONALISMO CON "UNA NUEVA FORMA ORGANIZATIVA"

El experto asegura que las nuevas formaciones como En Marea han “relegado” el aspecto nacionalista a un segundo plano, sin hacer de ello su elemento vehicular, pero sin desprenderse de él del todo. “Probablemente eso explique parte del éxito que está teniendo En Marea, porque más allá del nacionalismo están recibiendo votos de descontentos que pueden provenir también del PSOE. O de sectores del centro izquierda, que pueden tener un sentimiento galleguista, de defensa de la tierra sin ser nacionalista, que está extendido en Galicia”, asegura Abella.

El BNG, en cambio, critica a En Marea por la poco relevancia que da al nacionalismo. "Yo le niego la condición de nacionalista a ese conglomerado (...) No se puede ser nacionalista sin practicarlo y En Marea, a lo mejor no en el sentimiento, pero como organización política abdicó de eso", aseguró en La Voz de Galicia la exdiputada del BNG Pilar García Negro.

"En el supuesto de que el BNG no entrase en el Parlamento gallego, eso no querría decir que el nacionalismo gallego desaparezca"

El panorama gallego es, por tanto, diferente al que se ha dibujado en otros territorios como el País Vasco o Cataluña, donde la irrupción de Podemos no se ha llevado por delante a los partidos nacionalistas. Pablo Vázquez, de la Universidad de Santiago, subraya que el arraigo del nacionalismo en esas comunidades ha sido siempre mucho mayor, por lo que la perspectiva es incomparable. “Este arraigo se ha traducido en votos y estos en visibilidad institucional y, por tanto, mediática. Además, las claves demográficas y socioeconómicas (muy distintas y distantes entre Galicia y cualquiera de esas dos comunidades) también arrojan luz a la hora de explicar esta evolución dispar”, apunta.

El politólogo Millán Fernández, militante de Anova, advierte de que, en el supuesto de que el BNG no entrase en el Parlamento gallego, eso no querría decir que el nacionalismo gallego desaparezca. “Simplemente adopta una nueva fórmula organizativa y electoral”, asegura mientras explica que el nacionalismo gallego “no es en sí mismo una ideología”, sino “una filosofía amplia, un movimiento social plural que adopta en determinados momentos nuevas fórmulas organizativas”.

Asegura que ahora gran parte del nacionalismo se ha vehiculado a través de las Mareas y advierte de que, al menos electoralmente, el nacionalismo social ha ido apoyando a estas formaciones. “Ha entendido el mensaje de la unidad entre las izquierdas, sean nacionalistas o no, en este momento histórico y en esta coyuntura”, apunta. Por eso, avisa de que, en ese contexto, el futuro del BNG está en el aire. Las incógnitas se empezarán a resolver el domingo.

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