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Cómo el Nobel de Medicina puede revolucionar el tratamiento del cáncer y de las enfermedades neurodegenerativas

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YOSHINORI OHSUMI
DAVID MAREUIL/ANADOLU AGENCY VIA GETTY IMAGES
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El científico japonés Yoshinori Ohsumi, de 71 años, ha sido galardonado este lunes con el Premio Nobel por su estudio de la autofagia, un proceso de reciclaje metabólico en el que las células se comen partes de sí mismas para sobrevivir y mantenerse sanas.

Empezó a investigar en 1992, y se centró en los genes que influían en el proceso de autofagia de las células de levadura. Sin embargo, la autofagia está relacionada con varias enfermedades humanas, como el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas y la diabetes. Ahora, se están probando fármacos que puedan dirigirse a la autofagia (los ensayos clínicos están en las primeras fases) y que podrían cambiarlo todo de raíz: desde la manera en la que se trata la demencia hasta cómo se erradican los tumores cancerosos.

La autofagia es habitual en el ciclo de vida de una célula. Las células individuales pueden comerse partes (especialmente las envejecidas o dañadas) de sí mismas y reciclar el material para mantenerse sanas. Es como el reciclaje: la célula, al mudar las partes dañadas, tiene nuevos recursos para repararse y para seguir funcionando.

La autofagia ayuda a afrontar los daños más comunes y el desgaste de las células, pero también interpreta un papel muy importante en muchos aspectos: desde el combate de infecciones víricas o bacterianas hasta la diferenciación celular en el desarrollo del embrión. El mal funcionamiento del proceso de autofagia se asocia con la diabetes de tipo 2 y con otras enfermedades genéticas, como se indica en la página web nobelprize.org. En concreto, puede interpretar un papel muy importante en dos tipos de enfermedades que son difíciles de tratar y cuyo origen es misterioso: el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas.

Cómo afecta la autofagia a las enfermedades neurológicas

Cuando la autofagia empieza a disminuir el ritmo o a dejar de funcionar de manera adecuada, la célula deja de ser capaz de destruir las proteínas sobrantes, las estructuras celulares envejecidas y los gérmenes invasivos. Actualmente, no está claro si es el mal funcionamiento del proceso de autofagia el que lleva a que se produzca la enfermedad o si la enfermedad provoca la interrupción de la autofagia. La enfermedad neurodegenerativa de Parkinson es un buen ejemplo: se caracteriza por la presencia de cuerpos de Lewy ―acumulaciones anormales de proteínas empaquetadas― esparcidos por el cerebro.

Los científicos asocian los procesos de autofagia disfuncional a la acumulación de cuerpos de Lewy. Jay Debnath, profesor de patología de la Universidad de California, San Francisco (Estados Unidos), que está utilizando los descubrimientos de Ohsumi para desarrollar tratamientos para el cáncer de mama, explica que esto puede deberse a que las células del cerebro hayan dejado de comerse los excesos de proteínas.

De la misma forma, las placas amiloides ―otro tipo de proteína perjudicial― también pueden acumularse si el proceso de autofagia no funciona bien. Los investigadores sospechan que las placas amiloides son las causantes del alzhéimer.

Si se reanuda el proceso de autofagia en individuos con enfermedades neurodegenerativas, se podría ralentizar o detener la acumulación de estas proteínas perjudiciales en el cerebro.

Según Debnath, centrarse en la autofagia para mejorar su funcionamiento puede ser una buena forma de tratar ciertas enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer.

Cómo ayuda la autofagia al crecimiento de las células cancerosas

El mal funcionamiento del proceso de autofagia puede estar relacionado con algunas enfermedades, pero ahora se está investigando si es verdad que una autofagia demasiado eficiente hace que las células cancerosas crezcan y se extiendan. La autofagia acelerada permite que las células tumorales crezcan y se regeneren a un ritmo más rápido del normal. Encontrar una terapia que pudiera ralentizar o detener este proceso podría ser clave y servir como apoyo de tratamientos tradicionales contra el cáncer, como la terapia, para matar células cancerosas de una forma más eficaz.

"Con respecto a las células cancerosas, una de las ideas es que se quiere detener el proceso para hacer que esas células cancerosas sean más propensas a morir durante la quimioterapia o con terapias de otros tipos", explica Debnath.

Lleva estudiando el proceso de autofagia en las células cancerosas desde el año 2005. Está intentando ver si se puede ralentizar o detener este proceso para hacer que las terapias contra el cáncer sean más eficaces. Además, también está estudiando los efectos potencialmente perjudiciales de detener la autofagia por completo en células sanas.

En concreto, Debnath investiga si interrumpir el proceso de autofagia puede detener el progreso del cáncer de mama.

Con los ensayos clínicos se está intentando descubrir si las terapias para ralentizar o detener el proceso de autofagia pueden hacer que la quimioterapia y la radiación sean más eficaces a la hora de localizar y matar células cancerosas. Según esta idea, si se impide que las células cancerosas se renueven y se regeneren, las terapias tradicionales para tratar el cáncer tienen más posibilidades de acabar con ellas.

Por otro lado, las terapias para reanudar el proceso de autofagia pueden ayudar a las células a deshacerse de las proteínas tóxicas que están inhibiendo su función. Por ejemplo, en la primera fase de un ensayo clínico, los individuos con párkinson y demencia de cuerpos de Lewy que recibieron una pequeña dosis diaria de un fármaco para la leucemia (aprobado por la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) que fomentaba la autofagia experimentaron mejoras en las habilidades motrices y cognitivas durante seis meses.

Los hallazgos de Ohsumi sobre la autofagia arrojaron luz sobre un proceso celular que los científicos llevaban décadas conociendo, pero cuya importancia para la salud fisiológica y cuyo potencial para el tratamiento de determinadas enfermedades ignoraban. Tras comunicársele que había ganado el Premio Nobel, Ohsumi, desde Tokio, invitó a científicos más jóvenes a que se unieran a su investigación y continuaran aprendiendo sobre la autofagia, según Associtated Press.

"La ciencia no tiene línea de meta. Cuando encuentro la respuesta a una pregunta, surge otra pregunta. Nunca he pensado que haya resuelto todas las preguntas", dice Ohsumi. "Así que tengo que seguir haciéndole preguntas a la levadura".

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Este artículo fue publicado originalmente en 'The World Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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