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La última jugada de Donald Trump

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TRUMP
REUTERS
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Gettysburgh, Pensilvania, es la tierra de lo que deberían de ser los Estados Unidos de Donald Trump.

Se trata de una ciudad en donde el norte antiesclavista y liderado por los republicanos ganó la Guerra Civil; donde Abraham Lincoln homenajeó a los muertos y donde Dwight Eisenhower vivió. A los fieles republicanos de largo cuño, quienes dominan la política local, les cuesta trabajo seguir a Trump.

Y no es algo fácil. Además, la aparición de una nueva grabación en la que el candidato republicano se jacta de sus travesuras sexuales a pesar de estar casado, no permite que las cosas sean más fáciles.

Mientras una nueva ola de republicanos en todo el país abandona a Trump, o rechazan aparecer con él en eventos, aquí, líderes locales del condado de Adams quedaron atrapados en la tormenta.

"Bueno, mi primera reacción es pensar que sólo se trata de un macho alfa presumiendo con otro macho alfa", dijo Elizabeth Hower, la líder republicana del condado y la histórica ciudad de Gettysburg. "Es lo que los tíos dicen todo el tiempo cuando están a solas, ¿no?".

Pero Hower, una combativa septuagenaria, maestra de escuela, y una conservadora a conciencia, rechazó la decisión de Trump de atacar a sus críticos el viernes y arremeter contra el expresidente Bill Clinton y su historial de infidelidades.

"Eso no es inteligente", dijo Hower. "No quiero que él haga eso y espero que ya no siga. Bill Clinton no es su contrincante y la actitud de Hillary frente a lo que hizo o dejó de hacer no tienen nada que ver". Mientras Hower y yo almorzamos en el Blue Parrot Bistro, ella agrega "ojalá que el señor Trump se concentre en dar respuestas certeras y directas y en fijar su posición. No debe dejarse distraer por las emociones y los ataques".

También lamenta los insultos que Trump dirigió a la ex Miss Universo Alicia Machado antes del último escándalo mediático. "Fue terrible. Tengo 70 años, como Trump. La gente puede cambiar a esa edad. Sé que yo puedo. Y él también puede".

Sin embargo, a Trump se le está acabando el tiempo, incluso para la paciencia de una ciudad como ésta.

Durante más de 150 años, la tradición republicana de este lugar desde Lincoln a "Ike", ha sido de tolerancia y apertura. Nada que ver con la xenofobia de Trump. Ni con sus provocaciones raciales, religiosas, étnicas y sus actitudes sexuales.

A un mes de las elecciones y con el voto adelantado ya en marcha en algunos estados, es difícil determinar si simpatizantes de Trump como Hower realmente creen que vaya a ser el próximo presidente, o si lo ven como un símbolo de que se está gestando un movimiento separatista.

Con su desastroso primer debate, su siguiente andanada de tuits autodestructivos y sus discursos apegados a sí mismo, el candidato republicano ha caído en las encuestas y en las proyecciones.

Incluso antes de las últimas revelaciones sobre su trato a las mujeres, los cálculos de big-data del Huffington Post indicaban que la demócrata Hillary Clinton contaba con el 80% de probabilidades de ganar.

Hower dice que Trump ha tocado algunos temas legítimos. Por ejemplo, acuerdos comerciales, inmigración, ataques terroristas en suelo estadounidense, la añeja y fallida intromisión militar de EEUU en el Medio Oriente, y la noción fundamental de que Washington debe cambiar.

Pero a menudo parece que su propósito verdadero es azuzar el temor y la alienación de sus simpatizantes, la mayoría blancos, rurales y mayores, jugando con las preocupaciones raciales, étnicas y religiosas a nivel local y proponiendo, en esencia, que Estados Unidos deje de hacer diplomacia en el exterior.

Durante un mitin en un motel de Gettysburg el jueves pasado, el gobernador de Indiana, Mike Pence, candidato a la Vicepresidencia de Trump, contó con orgullo su visita a los campos de batalla en las colinas de los alrededores. Les recordó que soldados de su Estado natal habían peleado y muerto para poner fin a la esclavitud, preservar a los Estados Unidos, y salvar la "libertad".

Pero luego se arrancó en alabanzas hacia Trump, cuya lista de resentimientos cuasi violentos contra los musulmanes, los mexicanos, las mujeres con sobrepeso es casi interminable.

La multitud, en su mayoría blanca, aplaudió cuando Pence prometió que él y Trump conseguirán que "Estados Unidos vuelva a ser grande".

No hubo historias de la grandiosa vida y logros de Trump. Más bien, ha hecho todo lo posible para ocultar la verdadera historia (en cifras) de su único éxito: su carrera como empresario. Tampoco hubo muchos detalles de las propuestas para construir esa "gran América". El resentimiento era profundo, pero la estrategia de juego, vacía.

Con todo, a juzgar por su historia, el condado de Adams terminará votando a Trump. Pero a menos que Trump pueda mostrar un lado más profundo y serio en el segundo debate presidencial del domingo, es difícil que Pensilvania, o el país en general, hagan lo mismo.

Este artículo originalmente se publicó en The Huffington Post.