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"Si la socialdemocracia quiere gobernar con la derecha, se lo desaconsejo"

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ANNE HIDALGO
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Por Carlos Carnicero Urabayen.

Renovarse o morir. La socialdemocracia – cuya suerte parece atada a la de la propia Unión Europea, con múltiples crisis a la vista - ha tratado de buscar respuestas a sus problemas en una conferencia en Bruselas al estilo town hall americano, con speeches en pie y preguntas del público, un formato inusual en el a menudo burocrático Parlamento Europeo, el lugar elegido para el encuentro. No faltó un concierto con trompetas y ritmos balcánicos, vídeos de jóvenes repitiendo la palabra “juntos” en todos los idiomas europeos y un novedoso marco: una simulación, con tarjetas de embarque incluidas, que situaba a los allí presentes en un mismo vuelo, lleno de turbulencias - advertía una voz aeroportuaria - y en el que, dotados de “máscaras de oxígeno progresistas” debían estar dispuestos a “permanecer de pie, sin doblegarse, para defender los valores socialistas”.

A la cita bruselense ha asistido Anne Hidalgo (San Fernando, Cádiz, 1959), alcaldesa de París desde 2014 y emergente figura en el Partido Socialista Francés. Es la primera regidora de París en la historia. Hidalgo conserva sus raíces españolas pero su español fluido no oculta algunos giros franceses después de haber crecido y vivido en Francia.

Sentados en una pequeña mesa alta con taburetes a las puertas de la conferencia, conversamos sobre la crisis de la socialdemocracia. Sigue con interés la crisis del PSOE, pero prefiere no comentarla. Al presentarse lo hace con una declaración de intenciones: “he venido a imaginar Europa”.

En el vídeo que se ha proyectado los jóvenes que repasaban los éxitos de la historia de la Unión Europea, que trajo la paz y el progreso a un continente tan aguerrido, terminaban preguntándose: ¿Qué salió mal? ¿Qué le pasa a la socialdemocracia en Europa? Parece tan amenazada como la Unión Europea.

No lo hemos hecho bien. Algo no ha funcionado en esta Europa. Yo soy europea convencida, con mi historia personal como inmigrante. Mi identidad europea es casi tan importante como mis identidades nacionales, española y francesa. Europa trajo la paz con hombres y mujeres políticas que tenían una visión, que veían el futuro y tenían la fuerza incluso para superar los conservadurismos y hacer avanzar la construcción 2 europea. Pero desde estos años de crisis tan duras la socialdemocracia ha tenido su endeblez.

En nuestros países, España y Francia – aunque no sólo - se ha mitificado la gran coalición con la derecha, como si ir con la derecha y tomar sus ideas fuera algo moderno. En esto nos hemos perdido bastante. Yo no soy izquierdista, soy socialdemócrata. Pero tenemos que defender un modelo donde la economía y los mercados necesitan regulación. Estos últimos años nos han señalado a los socialdemócratas verdaderos - los que no hemos renunciado a plantear políticas sociales, de educación, de inversión públicas… - como si fuéramos gente de otro mundo, de otro tiempo, como si estas ideas no fuesen hoy modernas. La

socialdemocracia hoy tiene las respuestas más modernas. Tenemos que incorporar a nuestro mensaje la ecología, por ejemplo, un tema que no estaba planteado inicialmente. Tenemos que volver a la base de todo porque la confianza se ha roto con los ciudadanos. Y tenemos que aprovechar a los alcaldes: hoy en Europa los alcaldes de las capitales o las grandes ciudades son casi todos socialdemócratas o progresistas.

¿Por qué conseguimos políticas innovadoras - sin salir de nuestro ideal socialdemócrata - a nivel local y no lo logramos ni a nivel nacional ni europeo?

No hay socialdemocracia posible a nivel nacional si no logran los progresistas unidad de acción a nivel europeo. Supongo lo saben y por eso la palabra “juntos” es la protagonista en la conferencia de hoy. Pero los intereses nacionales se cruzan a menudo en el camino. ¿Cómo pueden lograr la unidad?

Creo que la cuestión de la igualdad es fundamental para nuestra unidad. Igualdad de los países del norte, que tienen un desarrollo industrial más antiguo y los del sur, que han llegado más tarde y también se han incorporado después a la UE en algunos casos. Todos los países son iguales. Los países del norte que ahora dicen cosas como “no pagaremos a los países del sur”, no pueden pensar que la única cuestión es el equilibrio del presupuesto…Hay que romper con esta idea de la austeridad y eliminar cualquier pretensión de que los países del norte tengan que dictar las normas a los del sur. O funcionamos juntos como un continente o nos dividimos y ya no funciona nada.

Juntos somos muy fuertes, somos el principal mercado…. Hoy debemos ser capaces de lograr la unidad, de toda esta Europa, y lograr la unidad también entre los europeos del este y del oeste, un reto más difícil que la separación entre los del norte y los del sur, porque nosotros tenemos una historia común, aunque algunos piensen que estando en el norte saben más que los del sur.

¿Teme que París pueda convertirse en una isla de progreso, como lo es Londres ahora, con un alcalde musulmán al frente, en medio de una ola de repliegue nacional y xenofobia en Reino Unido? Lo digo porque tienen elecciones presidenciales el año que viene y Marine Le Pen aparece a la cabeza en algunas encuestas…

En las últimas elecciones municipales en 2014, antes de las europeas, ya hemos visto ese fenómeno [ascenso de Le Pen]. Es un hecho: la ciudadanía que todavía tiene confianza en la socialdemocracia está en las grandes ciudades. Esto nos lo tenemos que plantear. ¿Quiénes son los habitantes de las grandes ciudades, o de una ciudad como París, por ejemplo? Más jóvenes, más mujeres, más activos, con una composición social multicultural, una mayor apertura al mundo, con menos miedo a lo que pueda ocurrir, con más ganas de actuar y con mucha exigencia democrática… Me gustaría que esta forma de pensar se reprodujese también en otras ciudades no tan grandes. Tenemos que preguntarnos cuál es el modelo inclusivo de las grandes ciudades porque en las grandes urbes como París, por ejemplo, yo tengo a gente muy rica, gente muy pobre y también una clase media muy importante y todos ellos viven juntos y saben que tienen que convivir.

En España las grandes ciudades han girado a la izquierda también pero son gobernadas por nuevos partidos que no son socialdemócratas, que parecen situarse a su izquierda.

Yo no sé si no son socialdemócratas. Cuando yo trabajo con la alcaldesa de Barcelona o la de Madrid están planteando políticas que para mí son más socialdemócratas que izquierdistas y se parecen mucho a las políticas que yo estoy llevando a cabo en París.

Pero ya sabe que en España hay tensión entre la emergencia de Podemos y el PSOE, su familia política. ¿Usted ve a Podemos y estas nuevas fuerzas como aliadas o como amenaza para la socialdemocracia?

Claro que sí, son aliadas para el cambio. No estamos ya en modelos bipolares con dos únicos partidos que gobiernan solos, esto ya no existe en casi ninguna parte de Europa. Necesitamos alianzas para gobernar. Si la socialdemocracia quiere gobernar con la derecha yo se lo desaconsejo porque ya lo hemos visto: la gran coalición alemana, que todo el mundo miró como un ideal…. Para mí no es un ideal porque en democracia hay que plantear proyectos que sean distintos, aunque sin sectarismos, porque se puede hablar con todo el mundo… Yo creo que los socialdemócratas tienen que ser realmente socialdemócratas. No tienen que estar en un centro derecha o un liberalismo un poco social.

¿Ser de izquierdas sin complejos?

Sin complejos, claro, pero en una izquierda moderna, como la que yo practico. Yo tengo en mi equipo gente que viene del partido comunista, del partido ecologista y también a gente que viene del centro. Pero, ¿por qué puedo gobernar con todos? Porque estoy en un equilibrio, un centro de gravedad, que se llama la socialdemocracia y no el social-liberalismo. Un consejo para todos los que están buscando hoy [rumbo]: hay que tratar, hablar y para lograrlo con quienes están más a la izquierda y más al centro debemos tener este punto de equilibrio que es la socialdemocracia. Claro que es difícil, yo también he tenido enfrentamientos con quienes están más a la izquierda, y al gobernar una ciudad como París algunos temas no los compartimos pero eso no nos impide gobernar juntos. Sabemos lo que nos une: las políticas de vivienda, las medidas ecológicas, las medidas contra la contaminación, la política sobre los refugiados….

Usted está construyendo dos centros de acogida de refugiados en París. ¿Teme resistencias en este proceso, habida cuenta de los retos que supone su integración y la forma en que los populistas del Frente Nacional de Marine Le Pen utilizan este tema para atacarle?

Los parisinos están a favor de esta política que estoy llevando a cabo. Este es un tema en que los socialistas europeos también podemos perder nuestra alma si le tenemos miedo a la opinión pública. Cuando hay crisis, agravada por esta austeridad. las cosas son más difíciles y claro que la población que está ahora en situación más precaria ve la llegada de refugiados como una amenaza. Hay que aceptar que tenemos una batalla cultural. Si los que gobiernan te dicen que tienen miedo de la opinión pública y me quedo por atrás y ya veremos como las cosas se organizan solas…. entonces surge el caos. Nosotros tenemos que tener voluntad. Europa debe aportar una respuesta más digna. Yo he tenido este debate con el presidente François Hollande.

¿Qué le dijo al presidente Hollande?

Pues hace más de un año le dije: “tengo a los refugiados durmiendo en la calle. ¿Qué hacemos? ¿los dejamos así en la calle?” En ese momento, me respondió: “sí, te comprendo, pero es que la opinión pública…” Y le dije que si a la opinión pública no se le dice otra cosa distinta de lo que están diciendo Marine Le Pen y la derecha, ¿qué va a ocurrir? ¿Tú crees que los ciudadanos nos van a seguir si nos quedamos mudos? Le dije: si el Estado no me ayuda, yo lo haré. Y al cabo del tiempo me ayudó el Estado.Hay que tener voluntad.

Da la sensación de que en esta Europa quienes hablan sin miedos, de forma más clara – aunque lo hagan con objetivos lamentables - son los populistas…

No podemos actuar parando golpes todo el tiempo, con miedo….Yo creo que a la gente si se le habla de manera inteligente y con la verdad por delante lo entienden. Creo que a muchos políticos se les ha olvidado un poco cómo se vive en este mundo, que viven un poco lejos porque el poder te pone distancia y seguramente ellos también la han cultivado. Cuando tú no sabes cómo vive la gente te da miedo incluso hablarle y entonces tu única percepción sobre los ciudadanos es lo que te cuentan los periodistas, los líderes de opinión con los que tú te relacionas en el trabajo cuando eres una persona de poder. Yo les digo [a los políticos]: bajad un poco a la calle.

¿Usted cómo baja a la calle? ¿Cuáles son sus costumbres para no aislarse de la realidad?

Vivo como vive mucha gente. Es verdad que lo hago bajo protección, porque hoy en día, desgraciadamente, tiene que ser así, pero yo hago mis compras, hago mi vida, voy a la calle, porque estoy en un nivel de gobierno con una dimensión humana y eso es lo que nos salva a los alcaldes. Por eso tendrían que escucharnos un poquito más. Por eso estoy muy contenta de que me hayan invitado a Bruselas a este foro porque voy a poder hablar de todas estas cosas.

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