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La ciencia ha descubierto por qué gustan tanto las películas de terror

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CHUCKY
UNIVERSAL
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Palomitas, una manta, una buena pantalla y, cómo no, una peli de terror. Estos días son los que toca pasar miedo frente al televisor. Ojalá ninguna niña salga de la pantalla, que ningún espíritu se apodere de vuestra casa y que ningún psicópata nos haga una llamadita.

Pero, ¿por qué nos empeñamos en pasarlo mal? Sea o no Halloween, los adeptos de este tipo de películas abundan y no se achantan ante el miedo con tal de sentir escalofríos y sobresaltos durante 90 minutos.

Efectivamente, las películas de terror nos dan miedo y eso nos encanta. Puede parecer evidente, pero hubo que esperar hasta 2007 para que la ciencia lo reconociera. ¿Cómo explicar el placer que algunos encuentran al ver cintas de ese género? A priori, estamos hechos para acercarnos a las cosas que nos hacen felices y nos evitan el dolor. Entonces, ¿por qué sumergirse voluntariamente durante casi dos horas en un círculo de miedo, asco y terror?

Como recuerda la web Science Daily, hasta 2007 se habían desarrollado dos teorías: la primera explica el hecho de que los espectadores no experimentan miedo sino excitación ante este tipo de películas. La segunda apunta que la gente está dispuesta a sufrir este terror para después apreciar un sentimiento pleno de euforia y de alivio al final de la película.

No obstante, ese año varios investigadores de la Universidad de Berkeley en California formularon una tercera teoría en el Journal of Consumer Research que contradice las dos hipótesis precedentes. "La teoría según la cual la gente es incapaz de sentir emociones positivas y negativas al mismo tiempo es incorrecta", aseguran los autores del estudio. "A la gente le gusta tener miedo, no sólo la excitación ni el alivio que experimentan después de la película", señalan.

"Parece que los momentos más placenteros para los espectadores son también los más terroríficos", afirman los autores.

CUANTO MÁS GORE, MÁS ATENTOS ESTAMOS

El asesino ya la ha apuñalado dos veces y la víctima se desangra lentamente. La sangre está por todas partes, pero para el asesino nunca es suficiente. ¿Y nosotros? Nos pegamos al asiento y observamos bien antes de taparnos los ojos.

En un estudio publicado en 2014 en el Journal of Communication, los investigadores mostraron que cuanto más se sometían a imágenes sanguinolentas, más atención prestaban los telespectadores a esas imágenes, pese a su desagrado.

"Nuestro estudio demuestra que cuando vemos imágenes que nos provocan asco, nuestro cuerpo reacciona y podemos afirmar que nos repugna el contenido. Sin embargo, esos contenidos captan más nuestra atención y marcan nuestra memoria más que los otros".

VER MONSTRUOS TAMBIÉN SUPONE REFLEXIONAR

Gary Vaughn, profesor de la Universidad de Cincinnati, estudió la receta del éxito de American Horror Story, una serie de terror producida por la cadena americana FX. La serie funciona sobre la presentación de personajes monstruosos con tintes del siglo XIX.

Aunque la serie ha sido criticada por sus escenas de sexo cruentas y violentas, el especialista opina que este show es una forma de obligar al público a mirar y a considerar lo extraordinario frente a nuestro deseo de etiquetar y clasificar a las personas, sobre todo cuando son distintas de nosotros.

"Eso nos obliga a confrontar nuestros propios miedos a lo diferente, la diversidad y el cambio. Al principio de la temporada, es la atracción al voyerismo lo que nos retiene y eso nos lleva a preguntarnos quién son los monstruos en realidad y por qué la anormalidad nos molesta tanto", apunta Vaughn.

LOS NIÑOS PUEDEN SUFRIR CONSECUENCIAS REALES

Ansiedad, problemas de sueño y comportamientos agresivos y peligrosos son algunos de los efectos nefastos que pueden tener las películas de terror cuando las ven niños demasiado jóvenes. Es la conclusión a la que se llegó mediante un estudio de 2006 realizado por el hospital infantil de Nueva York y la Universidad de Columbia tras haber estudiado un centenar de casos.

Concretamente, los investigadores se interesaron en niños cuyas madres sufrían estrés postraumático debido a contextos familiares violentos. Estas, queriendo proteger a sus hijos de la violencia real, veían más películas de miedo con el fin de "poner en guardia a sus hijos frente a los peligros del mundo exterior". Sin embargo, los expertos concluyeron que los niños de menos de cinco años son "incapaces de distinguir la realidad y la ficción".

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Este post fue publicado originalmente en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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