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Los motivos de la estrepitosa derrota de Nicolas Sarkozy en las primarias

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Cuando presentó su candidatura a finales de agosto, prometió una "explosión" que destrozaría todo a su paso. Tres meses más tarde, esa dinamita le ha estallado en las manos. La noche de su humillante derrota este domingo 20 de noviembre, Nicolas Sarkozy parecía KO, noqueado por la amplitud de la sanción infligida por su propio electorado que le ha eliminado en la primera vuelta de las primarias de la derecha francesa.

"Respeto y entiendo la voluntad de los electores de elegir para el futuro a otros responsables políticos y no a mí", reconoció cuando los últimos resultados sólo le daban el 20% de los votos frente al 28% de Alain Juppé —alcalde de Burdeos— y frente a más del 44% que obtuvo su antiguo colaborador François Fillon.

La vuelta de Sarkozy a la vida política sólo ha sido una sucesión de apuestas perdidas.

Ante unos simpatizantes llorosos y su entorno desplomado, el ex presidente de la República pudo constatar el fracaso de su estrategia de bulldozer fundada sobre la omnipresencia mediática y una línea ultraderechista marcada por provocaciones identitarias. Esa estrategia ha transformado estas primarias de la derecha y el centro en un plebiscito anti-Sarkozy.

LA 'BURBUJA JUPPÉ' NO SE HA DESINFLADO DEL TODO

La vuelta de Sarkozy a la vida política sólo ha sido una sucesión de apuestas perdidas. ¿Es que el expresidente pensaba encontrar su sitio como jefe de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) sin levantar un meñique? En 2014, Bruno Le Maire demostró que el resultado del plebiscito tan esperado no era para nada evidente. ¿Su vuelta iba a devolver a la derecha a la cima de la jerarquía electoral? No se ha producido el aluvión de las elecciones regionales. En estas condiciones, fue difícil impedir la organización de las primarias que exigían sus rivales. A Nicolas Sarkozy sólo le hacía falta una victoria para tomarse la revancha con François Hollande; algo que siempre ha soñado, pero que no sucederá.

Con sus comentarios anti-Islam, el expresidente no ha hecho más que destrozar su imagen de presidenciable.


Si hay otra apuesta que el expresidente ha perdido fue la de creer en una participación electoral débil para pinchar la burbuja Juppé. A principios de septiembre, Nicolas Sarkozy esperaba que su campaña con carros de combate acabaría con la pequeña empresa del alcalde de Burdeos, acusado de "pusilanimidad" e "ingenuidad". Contra todo pronóstico, una vez pasó el cañonazo mediático, Alain Juppé resistió, obligando a su rival a encerrarse en una caricatura de sí mismo.

Entre sus comentarios anti-Islam que sugieren que podría prohibir el velo en todos los espacios públicos, sus promesas de referéndum sobre cualquier cosa (desde la prohibición del burkini hasta el encarcelamiento de las personas con ficha S), su apología de la Francia de los pueblos galos y su promesa de imponer una ración doble de patatas fritas a los niños que no coman cerdo, el expresidente no ha hecho más que destrozar su imagen de presidenciable, recordando a su electorado —ya decepcionado por su mandato— que no había cambiado.

Por su obsesión identitaria, Nicolas Sarkozy ha incitado a una parte del electorado que se declara de izquierdas (entre un 14 y un 15% de los votantes de estas primarias, según los sondeos) a movilizarse para obstaculizarle la carrera. En cambio, el electorado del Frente Nacional se ha desplazado mucho menos, visiblemente poco convencido por la conversión trumpista del antiguo portavoz de la "laicidad abierta". Veredicto: la participación masiva es mayoritariamente hostil al expresidente.

LA OBSESIÓN ANTI-BAYROU HA DADO A CONOCER A FILLON

Como no pudo derribar la estatua Juppé, Nicolas Sarkozy cometió un segundo error fatídico. Pensando que había encontrado su artimaña, el expresidente optó en la segunda mitad de la campaña por una táctica con la que machacar la alianza contranatura entre el alcalde de Burdeos y el traidor François Bayrou —presidente del Movimiento Demócrata—, que votó por Hollande en 2012.

Sarkozy nunca ha considerado a Fillon como un rival a su altura, pero su aspecto pijo, su vida familiar irreprochable y su programa —a la vez ultraliberal y ultraconservador— han causado estragos.

¿Es Alain Juppé el Hollande de derechas? La artillería ha funcionado tan bien que el ex primer ministro ha perdido apoyos… en beneficio de François Fillon. De cara a un Juppé demasiado a la izquierda, el núcleo del electorado de derechas también ha participado en el referéndum anti-Sarkozy y ha optado por un candidato a su imagen y semejanza. Sarkozy nunca ha considerado a Fillon como un rival a su altura, pero su aspecto pijo, su vida familiar irreprochable y su programa —a la vez ultraliberal y ultraconservador— han causado estragos tanto en los barrios ricos de París como en la Provenza, tan mimada por el expresidente.

"El choque contra Bayrou ha sido fatídico y ha aupado a Fillon", reconoce, amargo, uno de los simpatizantes de Sarkozy. A sus 62 años, Nicolas Sarkozy se dispone a comenzar una segunda jubilación. Bien merecida.

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Este post fue publicado originalmente en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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