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Mujeres palestinas, empresarias de sus vidas

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PALESTINA
Aitana Daniel
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Fasayel (Cisjordania).- En la carnicería del pueblo palestino de Fasayel hay cola, pero los clientes esperan con paciencia. “Desde que la abrieron no tenemos que ir a Jericó (a 14 kilómetros)”, comenta una señora mientras aguarda su turno. “Siempre iba mi marido, ahora compro yo aquí. El negocio lo llevan vecinas y eso nos merece confianza, la carne es buena”, afirma satisfecha.

Esta carnicería es la primera de Fasayel, de 1.500 habitantes y situado en el fértil valle del Jordán, en Cisjordania, territorio palestino ocupado por Israel. Un grupo de mujeres desafió la costumbre local de que sean hombres los que regenten las carnicerías y se atrevió a inaugurarla en abril.

“Escogimos este negocio porque lo necesitaba el pueblo, aunque nos decían: '¿Pero cómo van a vender carne mujeres?' Vais a fracasar, aseguraban algunos hombres. Pensamos que nos querían robar la idea”, cuenta Fatma, de 46 años y principal responsable de la carnicería.

Nos decían: ¿pero cómo van a vender carne mujeres? Vais a fracasar

Ella y otras seis madres de familia trabajan diez horas al día para sacar adelante su negocio. Antes de abrirlo, solo Fatma tenía empleo. Sus compañeras se ocupaban de las tareas domésticas mientras los maridos trabajaban en colonias israelíes.

Abrieron la carnicería gracias a una iniciativa de la ONG española Alianza por la Solidaridad y la palestina TAM (Women and Media Development) financiada por la UE.

“Son 14 negocios que implican a 84 mujeres de Área C de la Gobernación de Jericó”, explica Rawand Ibrahim, responsable del proyecto por parte de Alianza. Cisjordania está dividida en tres zonas, A, B y C, según los acuerdos de Oslo (1993) firmados por palestinos e israelíes. El área C está controlada por Israel a nivel administrativo y de seguridad.

LA VIDA EN CISJORDANIA

En Cisjordania, donde viven unos 2,5 millones de palestinos y medio millón de colonos israelíes, el Gobierno de Israel levantó un muro de separación que no sigue la línea de la frontera sino que arrebata tierra palestina y aísla poblaciones.

Para los palestinos de Cisjordania rige la ley militar impuesta por Israel, no tienen libertad de movimientos dentro de su propio territorio y necesitan permiso israelí para entrar y salir del mismo.

Tampoco disponen libremente de sus recursos naturales -principalmente el agua-, que están en manos de Israel y los distribuye de forma discriminatoria, en beneficio de los colonos y en detrimento de la población palestina. Y sufren el acoso constante del Ejército israelí, la confiscación de sus tierras, detenciones arbitrarias y ataques de colonos.

En la zona C, los palestinos no pueden construir nada sin permiso de Israel, que casi nunca suele concederlo. Si edifican sin licencia, las autoridades israelíes demuelen sus construcciones, mientras permiten que los colonos edifiquen en tierra palestina.

Las ocho localidades donde se implementa el proyecto de Alianza sufren las consecuencias de la ocupación israelí. En ellas, el 40% de la población -de la que 6.330 son mujeres y niñas- está desempleada. La mayoría de las mujeres allí se dedica a la agricultura sin remuneración y la deserción escolar femenina es de casi el 50%. Muchas adolescentes se casan con 15, 16 ó 17 años y abandonan los estudios.

La presencia de mujeres en el mercado laboral palestino es del 20,1%, el paro femenino es del 32,9% (frente al 20,5% en hombres) y solo el 5% de las empresas privadas son de mujeres. Las de Área C sufren mayor pobreza y restricción de movimientos por la ocupación israelí. Esto, más las actitudes patriarcales, dificulta que trabajen y emprendan negocios.

En el marco del proyecto de Alianza se realizaron 42 actividades de sensibilización con miembros de las comunidades, autoridades locales y la gobernación de Jericó sobre derechos socioeconómicos de la mujer y talleres de empoderamiento personal, profesional y liderazgo dirigidos a 500 mujeres y 336 hombres.

El empoderamiento económico da mucha más independencia y autoestima a las mujeres, más poder para enfrentarse a situaciones poco comunes

Se implicó a organizaciones femeninas del área de Jericó y a las autoridades para garantizar la sostenibilidad de los negocios y lograr que las instituciones apoyen propuestas de mujeres con el fin de transformar las relaciones de género, en las que las mujeres están en una posición de desventaja. Para identificar los negocios más demandados, se realizó un estudio de mercado que incluyó cuestiones de género ligadas a la viabilidad económica y social. Se informó a las comunidades del proyecto y se seleccionó a las candidatas, la mayoría de entre 22 y 45 años. Las mujeres trabajaron con Alianza, TAM y expertos para elegir su negocio y diseñar un plan de empresa y recibieron formación específica.

“El empoderamiento económico da mucha más independencia y autoestima a las mujeres, más poder para enfrentarse a situaciones poco comunes. Además, previene la violencia de género, no solo física o psicológica, sino la que deniega recursos y no les permite controlar su vida reproductiva ni decidir”, señala Marta Gil, coordinadora de Alianza en Palestina.

“Tener ingresos hace que tomen decisiones más importantes en su vida con mayor libertad, sobre todo en la esfera del hogar. Esto mejora las relaciones de poder entre hombres y mujeres, el poder de discutir desde la igualdad. Las mujeres se sienten mejor consigo mismas, mejoran su aspecto físico y la relación con sus hijos”, apunta Gil.

Entre las nuevas empresas hay una de cocina palestina, dos librerías, dos gimnasios y un supermercado. Cada una ha recibido unos 14.000 euros en equipamiento, material y metálico.

Para algunas, el negocio ha sido la salvación económica de la familia. Para otras ha significado el fin de su trabajo en colonias israelíes, donde sufren explotación laboral y humillaciones.

“Nunca había tenido ingresos propios y menos aún, mi negocio. Soy feliz”, dice Raida, responsable del local de cocina en Jericó. La carnicera Farida, se siente “útil” con su tienda. Separada y madre de seis hijos, cuenta con entusiasmo que puede “mantener a la familia y ser libre”.

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