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Eduardo Mendoza, tras ganar el Premio Cervantes: "Es un final de trayecto feliz"

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EDUARDO MENDOZA
El escritor Eduardo Mendoza, en una imagen de octubre de 2015. | AFP
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El escritor español Eduardo Mendoza ha declarado este miércoles, tras ganar el Premio Cervantes 2016, que considera el galardón como "un final de trayecto feliz", aunque matizó que "eso no quiere decir que no vaya a hacer nada más".

Lo hizo durante la rueda de prensa celebrada en el Instituto Cervantes de Londres, ciudad en la que reside y donde le ha sorprendido la noticia del premio "andando por la calle".

A sus 73 años y con 15 novelas, dos libros de relatos, dos obras de teatro y cuatro ensayos en su haber, Mendoza se ha hecho con el premio más importante de las letras en castellano, lo que valoró, por "su importancia" y por "el momento en el que llega", como un "fin de ciclo".

"LAS COSAS HAN SALIDO MÁS O MENOS BIEN"

El escritor explicó que la buena acogida que tuvo su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta—que se hizo con el Premio de la Crítica en 1976—, le "cargó de responsabilidades". "He vivido cincuenta años pensando que todas las esperanzas que se depositaron en mí iban a quedar frustradas, pero, ahora, al recibir este premio, veo que las cosas han salido más o menos bien", apuntó.

El barcelonés quiso aclarar que no reside en la capital británica por la situación política de Cataluña, donde aseguró que nunca ha tenido "ningún problema ni personal ni oficial", sino porque considera Londres su "refugio". También subrayó que no cree que sea "una rareza" el hecho de ser catalán y escribir en castellano: "Si tuvieran que darle un premio a todos los catalanes que escriben en español se agotaría el presupuesto del Ministerio de Cultura", opinó en clave de humor.

Preguntado sobre qué momentos de su trayectoria le vinieron a la cabeza tras conocer —por una llamada del ministro español de Educación Cultura y Deporte, Iñigo Méndez de Vigo— que había recibido el Cervantes, Mendoza recordó cuando escribió la novela Sin noticias de Gurb (1991). "No sé ni cómo ni por qué la escribí", sostuvo, antes de añadir que fue quizá "el momento cumbre y más inesperado" de su carrera literaria. "Es difícil encontrar a alguien en España que, por gusto o por disgusto, no haya leído la novela", afirmó.

También destacó como una de sus libros más importantes El misterio de la cripta embrujada (1979) porque "abrió la puerta a un tipo de literatura más callejera".

HUMOR EN EL ADN

El jurado del premio, dotado de 125.000 euros (132.500 dólares) —cantidad que sorprendió a Mendoza, que admitió que desconocía la cuantía—, expresó en el fallo que el escritor "sigue la escena de la tradición cervantina". El literato reconoció estar de acuerdo, pese a considerar la frase "un tanto pedante". Pero reconoció que el creador de El Quijote tuvo una "gran influencia" en él.

Sobre el estilo humorístico que impera en toda su obra, el catalán mencionó que el humor es algo que está en su ADN y es "una forma de estar en el mundo", aunque defendió que no cree "que emplear el humor suponga dejar de lado la búsqueda de la excelencia".

El Premio Cervantes le ha llegado a Eduardo Mendoza después de vivir una etapa amarga, la de la muerte de su mujer (la actriz Rosa Novell), que falleció el pasado año a los 61 años tras una larga lucha contra el cáncer.

El escritor acompañó en este último combate a su pareja, una actriz conocida por su fuerza escénica y que en los últimos años de su vida demostró tener también una extraordinaria fuerza vital.

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