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¿Qué le pasa a la izquierda en Europa?

18/12/2016 21:29 CET | Actualizado 18/12/2016 21:29 CET
JENNIFER TAPIAS

¿Dónde está la izquierda en Europa? Quién hubiera dicho que la peor crisis desde la II Guerra Mundial, con tasas de desigualdad disparadas y altos niveles de pobreza, se iba a llevar por delante a los partidos socialdemócratas. La izquierda clásica parece incapaz de aglutinar el descontento social desde la oposición y cuando llega al gobierno – en raras ocasiones – parece condenada a producir frustración entre sus electores.

La caída de Renzi en Italia es sólo el último fracaso de muchos otros en esta Europa-páramo para la izquierda. Todo apunta a que las elecciones en primavera en Francia sacarán al Partido Socialista del Palacio del Elíseo. De los 28 países de la Unión, la socialdemocracia sólo gobierna en solitario en Malta, y lo hace en coalición en Portugal, Austria, Suecia, República Checa, Eslovaquia y pronto en Rumanía.

La salida del alemán Schulz de la presidencia del Parlamento Europeo en enero amenaza con dejar las tres grandes instituciones europeas en manos conservadoras (Jean Claude Juncker y Donald Tusk, ambos conservadores, presiden La Comisión Europea y El Consejo de la UE, respectivamente).

¿Qué le pasa a la izquierda? Si hoy acudiera al médico, este sería su diagnóstico.

1. Guerra contra el establishment

Diagnóstico: incapacidad para conectar con muchos de sus votantes tradicionales. La victoria de Trump en Estados Unidos - precedido del portazo de los británicos a la Unión Europea - ha hecho sonar todas las alarmas sobre la gran ira global contra el establishment. Ciudadanos decepcionados con unas élites que no gestionan sus problemas de forma satisfactoria.

La socialdemocracia es parte medular de las élites políticas europeas: en muchos casos, son partidos centenarios y han pasado mayor o menor tiempo gobernando. La socialdemocracia tiene además un bonus de decepción frente a otros partidos del sistema al llevar en su ADN la idea de la transformación social que ahora se le escapa.

2. “Es la frontera, ¡estúpido!”

Diagnóstico: No sabe cómo afrontar el dilema entre mayor o menor apertura frente a la globalización. Abrazar la globalización y sus oportunidades – tratando de pulir sus destrozos sociales – o construir un caparazón para proteger la sociedad de las migraciones y el libre comercio. Ante este dilema, muchos votantes de las clases trabajadoras han pasado de votar socialista o comunista a partidos populistas de extrema derecha que proponen una macro agenda proteccionista como Le Pen en Francia.

Un ejemplo: el laborismo frente a Brexit. La mayoría de las circunscripciones laboristas votaron a favor de la salida de la UE en el referéndum (a pesar de que el Partido Laborista era partidario de la permanencia). De cara a las negociaciones de salida de la UE, los laboristas deben posicionarse en un asunto muy sensible: ¿apoyan la idea de controlar la frontera, de forma que se termine con la libertad de circulación de los europeos? No lo tienen nada claro-

3. “Es Europa, ¡estúpido!”

Diagnóstico: desunión de las izquierdas europeas. O la socialdemocracia actúa unida en Europa, o no podrá cambiar las reglas del juego y cumplir sus promesas cuando gobierna. Su agenda redistributiva, su esencia, es cada vez más inviable a nivel nacional pero sí podría llevarse a cabo a nivel europeo. El problema es que los intereses de unos y otros socialdemócratas no siempre son los mismos. El interés nacional se cruza de por medio en cuestiones clave (pensemos en la división de la crisis del euro entre países acreedores en el norte y deudores en el sur).

4. Nuevos competidores

Diagnóstico: hay nuevos jugadores en el ala izquierda que han agravado todavía más los otros problemas. El populismo de izquierdas – cuyos ejemplos más relevantes son Syriza en Grecia y Podemos en España – amenaza con ocupar el espacio de los partidos socialdemócratas. En Grecia ha desplazado al PASOK a la marginalidad – en las últimas elecciones de 2015 se quedó en el 6,3% de los votos – y en España el partido de Pablo Iglesias ha rozado el sorpasso al PSOE.

El progreso de estas nuevas fuerzas – en España se añade además el fenómeno Ciudadanos, que quita votos al PSOE por el centro izquierda - no resulta tampoco demasiado esperanzador: Syriza gobierna en coalición con la extrema derecha y no ha cumplido la mayoría de sus promesas. En España, si Podemos llegara a hacerlo, carece de una alternativa mientras siga aislado en el equilibrio de poderes europeo.

5. Viejas recetas para un nuevo mundo

Diagnóstico: el mundo laboral tiende hacia la flexibilización y la socialdemocracia ofrece resistencia con poco éxito. Vivimos una suerte de hiper-globalización con cambios vertiginosos: digitalización de las comunicaciones, robotización, nueva economía compartida con enormes implicaciones para el mercado laboral. Uno de cada siete británicos trabaja por cuenta propia. La revista FORBES estima que en 2020, el 50% de los norteamericanos trabajará al menos parcialmente como freelance. El año pasado se firmaron en España 16 millones de contratos temporales.

El mundo camina hacia unas relaciones laborales que poco tienen que ver con un pasado en el que lo normal era un mismo trabajo fijo para toda la vida. Se buscan nuevos instrumentos para acompañar de justicia social estos cambios.

6. ¿Dónde están los Obamas europeos?

Diagnóstico: no se vislumbran líderes progresistas capaces de emocionar. Puede parecer un mito la idea de que los líderes del pasado fueron mejores que los actuales, pero lo cierto es que no se conocen en este lado del Atlántico figuras con la capacidad de generar empatía al modo en el que lo hacen Barack Obama o Justin Trudeau.

Una de las principales causas podría ser la incapacidad de los partidos tradicionales y sus oxidadas maquinarias de poder internas de nutrirse de nuevo talento entre la sociedad. Prima la larga vida en las filas del partido y con frecuencia quien llega a la cima es más un burócrata resabiado que un tejedor de sueños.

7. La larga luna de miel neoliberal

Puede que fuera inevitable ante el avance de la globalización, pero la gran luna de miel de los partidos socialdemócratas con las ideas económicas liberales en los años 90 está causando estragos para su recuperación. La política económica que han planteado se ha parecido demasiado a la de la derecha.

La Tercera Vía, con Tony Blair en Reino Unido, Bill Clinton en Estados Unidos y Gerhard Schröder en Alemania, por citar algunos casos, iniciaron un periodo “pragmático” caracterizado por las privatizaciones, la desregulación financiera y las bajadas de impuestos.

8. ¿Trabajo terminado?

Durante las décadas posteriores a la II Guerra Mundial, los socialdemócratas lideraron la construcción de los sistemas de bienestar en Europa, universalizando el acceso a la sanidad, la educación, la protección laboral… Los principales arquitectos de aquellos logros no saben cómo fortalecer los cimientos de un sistema que está cambiando y tampoco parecen tener los planos para construir uno nuevo.

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