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Lo que ha supuesto el paso de Malia y Sasha Obama por la Casa Blanca

18/01/2017 16:22 CET | Actualizado 18/01/2017 16:22 CET
POOL VIA GETTY IMAGES

“Mostrad un poco de clase”.

Ese fue el mensaje que Elizabeth Lauten, directora de comunicación de un congresista, dedicó a Sasha y Malia Obama en 2014. Las chicas, por entonces de 13 y 16 años respectivamente, acababan de aparecer con su padre durante el indulto anual del pavo de la Casa Blanca con motivo del día de Acción de Gracias.

Las hermanas arrastraron los pies y se cruzaron de brazos mientras su padre llevaba a cabo la ceremonia. Suspiraron y pusieron los ojos en blanco con las bromas de su padre. Básicamente, actuaron como cualquier adolescente.

A Lauten todo le pareció inaceptable: desde lo que llevaban puesto hasta el más mínimo detalle de su conducta, y así lo escribió en una carta abierta:

“Queridas Sasha y Malia: ya sé que estáis en esa terrible etapa de adolescentes, pero sois parte de la familia presidencial, así que intentad demostrar un poco de clase. Al menos, respetad el papel que representáis”.

"El tiempo vuela, aunque los pavos no".

Lauten las reprendió por “poner caras durante los eventos públicos televisados” y criticó las faldas por encima de las rodillas que llevaban (con leotardos), aconsejándolas “vestir de modo que merezcáis respeto, no como si estuvierais en un bar”.

Dos años más tarde, en septiembre de 2016, unas imágenes de Malia Obama fumando una sustancia desconocida en un concierto, bebiendo y bailando de forma sugerente dieron lugar a críticas instantáneas. Malia, una joven que acababa de graduarse en el instituto como primera de su clase y que se preparaba para entrar en Harvard este año, se convirtió de repente en el enemigo número 1, una desviada, un mal modelo. Se le exigió una disculpa.

Días después, llegó su irónica respuesta en forma de camiseta mordaz que decía: “Smoking kills” (fumar mata). Y, por esto, también le llovieron críticas.

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Malia con su famosa camiseta.

¡Bienvenida a ser tratada como una joven negra! Las chicas negras, cuyo cuerpo se sexualiza incluso antes de que ellas descubran su sexualidad. Chicas negras, a las que se encasilla como enfadadas y agresivas, fuertes e independientes. Chicas negras, que crecen con los incesantes comentarios que les dicen que no son guapas ni valen la pena.

Durante ocho años, hemos visto a Malia y a Sasha crecer, y han pasado de ser dos niñas negras, tímidas, con el pelo rizado y la sonrisa llena de dientes, a convertirse en dos jóvenes guapas y capaces. De algún modo, se las han arreglado para desenvolverse y progresar a pesar de criarse en un escaparate absoluto. Se las han arreglado para convertirse, como sus padres suelen decir, en dos mujeres buenas, atentas y apasionadas. Por ello, se merecen todas las felicitaciones posibles.

No, no dirigieron el país ni organizaron de forma personal iniciativas en favor de la educación de las niñas. Pero puede que lo hagan algún día. Y la enorme hazaña que ambas han logrado ha sido, simplemente, crecer. Crecer es duro. Crecer en la Casa Blanca es, presumiblemente, aún más duro. ¿Y qué decís de crecer en la Casa Blanca siendo una chica negra?

obama

Las hermanas Obama.

¿Qué pasa cuando sólo por ser tú misma te dicen que “tengas algo de clase”? ¿Qué pasa cuando queman una figura de tu padre en público? ¿Y cuando escuchas que comparan a tu madre con un “simio”? Es una experiencia increíblemente única. Una experiencia que probablemente les haya costado y las haya agotado, una prueba de fuego continua para ser una persona decente frente a la indecencia. Es una experiencia única que, hasta entonces, sólo Sasha y Malia han vivido.

La imagen de Malia Obama levantándose y uniéndose a todo un estadio lleno de personas para dar a su madre una inmensa ovación en el discurso de despedida de su padre es uno de los momentos más conmovedores de toda la presidencia Obama. Es en ese momento cuando se ve por lo que han pasado esas dos mujeres (aunque Sasha estuviera ausente, estudiando para un examen, según la Casa Blanca).

Tiene que haber algo increíblemente profundo y motivador en ver que tu padre, un hombre negro, el presidente de los Estados Unidos, alaba a tu madre con ese respeto y admiración cada día.

La belleza de ese momento no fue sólo porque las hijas de Obama estaban experimentando eso, sino porque había además millones de chicas negras haciéndolo. ¿Cuándo había ocurrido antes esto en América? ¿Cuándo volverá a ocurrir?

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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