POLÍTICA
26/01/2017 14:07 CET | Actualizado 26/01/2017 14:07 CET

El ensayo de George Orwell que es aún más oportuno que '1984' en la era de Trump

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Han pasado cuatro días desde que la consejera de Donald Trump, Kellyanne Conway, describiera las mentiras del secretario de prensa, Sean Spicer, como “hechos alternativos” en el programa Meet the Press de NBC. Y en esos cuatro días, los estadounidenses se han puesto a buscar como locos la forma con la que sobrellevar la continua voluntad de la Administración Trump de engañar al público.

Esa búsqueda les ha llevado a 1984, la novela distópica de George Orwell cuya demanda ha crecido de forma descomunal desde que Conway debutara con su orwelliana frase. Este martes, el libro alcanzó el primer puesto de ventas en Amazon y, según contó un portavoz de Penguin a la CNN, la editorial ha pedido 75.000 copias más del libro.

La novela, de donde surgieron expresiones como “Gran Hermano” o “doblepensar”, es probablemente la descripción más famosa de un estado de vigilancia autoritario. Y gran parte del libro, en particular el lenguaje ficticio contra el pensamiento —la neolengua—, puede sonar familiar a cualquiera que escuchara la forma en que Conway intentó revestir una mentira como algo procedente de la realidad. Algunas frases —como “el partido os decía que negaseis la evidencia de vuestros ojos y oídos. Ésta era su orden esencial”— parecen especialmente relevantes teniendo en cuenta los intentos de engaño por parte de Conway y Spicer con algo tan indiscutible como la cantidad de gente que asistió a la investidura de Trump.

Más de ‘1984’, de Orwell, ahora lo más vendido en Amazon. Sobre por qué el Ministerio de la Verdad altera los hechos:

"Pero la razón más importante para «reformar» el pasado es la necesidad de salvaguardar la infalibilidad del Partido. No solamente es preciso poner al día los discursos, estadísticas y datos de toda clase para demostrar que las predicciones del Partido nunca fallan, sino que no puede admitirse en ningún caso que la doctrina política del Partido haya cambiado lo más mínimo porque cualquier variación de táctica política es una confesión de debilidad. Si, por ejemplo, Eurasia o Asia Oriental es la enemiga de hoy, es necesario que ese país (el que sea de los dos, según las circunstancias) figure como el enemigo de siempre. Y si los hechos demuestran otra cosa, habrá que cambiar los hechos. Así, la Historia ha de ser escrita continuamente".

No obstante, aunque 1984 se considere la obra de arte de Orwell, puede que no sea su trabajo más relevante en la actualidad. Echen un vistazo a La política y el idioma inglés.

A diferencia de 1984 y su otra famosa novela, Rebelión en la granja, La política y el idioma inglés no incurre en comentarios sociales cargados de simbolismo. Orwell utilizó el ensayo de 5000 palabras para ofrecer un análisis directo de lo que vio como un mal uso inexcusable del idioma inglés por parte de escritores y políticos allá por el año 1946.

“En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible”, escribe Orwell.

En la primera mitad del ensayo, Orwell identifica las muchas formas imprecisas o innecesarias en las que las palabras pueden limitar la efectividad de un texto redactado. Pero es en la segunda mitad cuando los comentarios se vuelven particularmente proféticos para nuestra época. Orwell lucha contra las consecuencias políticas del lenguaje impreciso que esgrimen personas como Conway, y contra la forma en que los que tienen el poder en el mundo real ―no en uno ficticio― pueden retorcer el lenguaje para beneficio político.

“En nuestra época, el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible”, escribe Orwell, argumentando que cuando “la atmósfera general es perjudicial, el lenguaje debe padecer” porque los que están en el poder se muestran reticentes a reconocer verdades incómodas, ya sean grandes o pequeñas. En su lugar, empiezan a recurrir a “eufemismos, peticiones de principio y vaguedades oscuras”.

Orwell utiliza varios ejemplos para explicarse, como el hecho de que los gobiernos se refieran a los bombardeos de pueblos como una forma de “pacificación” o a los asesinatos como “eliminación de elementos indignos de confianza”. Las historias actuales suenan igual.

Por ejemplo, cuando el presidente Donald Trump se refiere a su deseo de restaurar “la ley y el orden” en los “centros urbanos” de Estados Unidos, su vago lenguaje oculta la evidencia de que la Policía trata peor a la gente de color que a la gente blanca. Cuando pide que se ponga fin a la corrección política, oculta el detalle de que lo que está pidiendo en realidad es la vuelta a un mundo dominado por hombres blancos. Y cuando Sean Spicer dice: “Ha sido la vez que más público ha asistido a una inauguración, y punto”, hace que todos pongamos en duda nuestro propio sentido de la realidad.

Es muy probable que continúe este tipo de manipulación del lenguaje por parte de la Administración Trump, y también es muy probable que empeore. Por eso el último párrafo de La política y el idioma inglés quizás sea el más importante ahora. Al final, Orwell sostiene que debemos luchar para mantener un idioma transparente. Sobre todo, siendo claros y directos cuando hablamos y sacando los colores a aquellos que no lo son:

"El lenguaje político — y, con variaciones, esto es verdad para todos los partidos políticos, desde los conservadores hasta los anarquistas— está diseñado para lograr que las mentiras parezcan verdades y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de solidez al mero viento. Uno no puede cambiar esto en un instante, pero puede cambiar los hábitos personales y de vez en cuando puede incluso, si se burla en voz bastante alta, lanzar alguna frase trillada e inútil —alguna bota militar, talón de Aquiles, crisol, prueba ácida, verdadero infierno, o algún otro desecho o residuo verbal— a la basura, que es donde pertenece".

1984 es una novela clásica que plantea una importante cuestión: ¿Hasta dónde podría llegar un estado autoritario? Pero La política y el idioma inglés nos dice dónde estamos ahora. Y, por desgracia, asusta tanto o más como lo anterior.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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