INTERNACIONAL
29/01/2017 19:14 CET | Actualizado 31/01/2017 11:44 CET

El crudo invierno se ceba con los miles de refugiados atrapados en el este de Europa

YANNIS BEHRAKIS / REUTERS

¿Dónde hace más frío: en los campos de refugiados de Grecia o los Balcanes o en los corazones de los burócratas europeos que se mueven taaan lentamente para darles acogida? La temperatura de los segundos no la conocemos, aunque se intuye gélida; la de los primeros, sí: hasta menos 25 grados se han registrado bajo las lonas precarias de aquellos que, tras llegar desde Siria, Irak o Afganistán, se han quedado atrancados a las puertas de Europa, dentro de la cancela, pero sin posibilidad de avanzar por el cerrojazo de Bruselas. Atrancados, sin medios, sin cobijo suficiente frente a las heladas y la nieve y la lluvia, que están multiplicando las enfermedades y están llevando a algunos de ellos a morir de frío: Naciones Unidas confirma cinco casos -dos iraquíes, un paquistaní, un afgano y un somalí, todos varones- y hay otros cuatro que se investigan por la misma razón.

El viento, la lluvia y las heladas fueron noticia con la ola que afectó, entre otros países, a España, pero más al este las inclemencias del tiempo son permanentes durante el invierno. En Grecia, Serbia, Bosnia, Albania, Macedonia y Bulgaria la situación es "escandalosa", denuncia el Comité Internacional de la Cruz Roja. Están los refugiados atrapados en islas del Mediterráneo griego donde las dotaciones de asistencia son escasas, los que malviven atrapados en estaciones de tren o almacenes abandonados en Belgrado, los que caminaban a través de montañas y bosques cerca de la frontera de Turquía.

"Los niños son particularmente propensos a enfermedades respiratorias en un momento como este. Se trata de salvar vidas, no de aferrarnos a los papeles y a los arreglos burocráticos", denuncia Sarah Crowe, de UNICEF. Según sus datos, hay 23.700 menores en la zona sufriendo el mal tiempo.

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La situación más grave se vive en este momento en Grecia y en Serbia. En el país heleno, más de 60.000 refugiados y migrantes se han quedado atrancados después de que los países de los Balcanes cerraran sus fronteras la pasada primavera. Unos 15.000 de ellos están en islas del Egeo, donde las condiciones de asistencia son notablemente más precarias que en ciudades como Atenas. En Lesbos, Chios y Samos lo que hay son contenedores en los que los exiliados esperan desde hace casi un año, tras el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Turquía para su devolución desde suelo comunitario.

Sólo en Samos, cerca de mil personas, incluyendo niños, están viviendo en dormitorios sin calefacción y en tiendas de campaña. Son datos de la ONU. La marina griega envió un buque de guerra a Lesbos la pasada semana para ofrecer un alojamiento de emergencia a los refugiados. Desde entonces, no se ha dado con una solución menos temporal, mientras las condiciones climatológicas siguen sin mejorar.

En Serbia, otros mil refugiados largos, incluidos los niños, están durmiendo a la intemperie en un almacén abandonado en la capital, Belgrado. ACNUR confirma que de las 7.300 personas llegadas al país, el 82% de ellas están recibiendo atención oportuna por parte de las autoridades locales, pero el problema es ese resto, personas que no quieren aceptar la ayuda oficial porque temen quedar así fichadas en Serbia y verse obligadas a quedarse en el país, cuando su interés es seguir caminando hasta lugares más prósperos, como Alemania.

Distintas ONG insisten en que, más allá de la burocracia del asilo, hay lagunas importantes en la atención de estos refugiados. Algunos denuncian que han sido golpeados por la policía en los Balcanes, que no les ha dejado ni acercarse a lugares neutrales como iglesias para recoger algo de ropa o alimentos. "Estas prácticas son simplemente inaceptables", ha denunciado ACNUR.

UN FOCO DE ENFERMEDAD

El Comisionado de la ONU para los Refugiados, principal organismo que proporciona ayuda en la zona, reconoce que el frío hace mella sobre cuerpos que ya están muy cansados y afectados por la marcha desde países como Siria o Irak, en guerra abierta. Así que la hipotermia, la congelación o los problemas respiratorios, sumados a la sarna o los piojos, se ceban con los refugiados. Las infecciones respiratorias agudas, precisan, se han disparado entre los menores de cinco años, lo que puede dejarse secuelas de por vida.

Algunos no llegan ni a ver la luz del sol, como fue el caso del bebé de Rania Askar, de 31 años, una refugiada siria, que dio a luz en un campo en Grecia, pero cuyo hijo murió pocas horas después. "Yo no sabía que había algo mal con mi embarazo hasta el día que me desperté sangrando. Mi corazón está roto", relataba estos días a la agencia Associated Press, entre la nieve, con su hija Maya, de cuatro años, de la mano, ambas en mitad de la nieve. "Esto no sucedería si hubiera un control regular de los que estamos en el campo ni si hubiera estado rodeada de mis hermanas en Alemania. Aquí estamos solos, apenas tenemos a Dios", se lamentaba.

ASIGNATURA PENDIENTE

"Las autoridades griegas habían fracasado a la hora de proporcionar un alojamiento adecuado para los solicitantes de asilo en invierno", según el Comité Internacional de Rescate. Reconocen que se han hecho esfuerzos, pero apenas en las últimas semanas, incluyendo una nave para albergar hasta 300 refugiados en Lesbos, pero "esto sólo se puede considerar como un parche a corto plazo" y "lo que hacen falta son medidas a largo plazo", remarca en un comunicado.

Panos Navrozidis, su director de campo en Grecia, insiste en que "cerca de 10 meses desde que el acuerdo UE-Turquía se implementase, no hay excusa para que el hacinamiento que estamos viendo en las islas griegas. Los refugiados son muy vulnerables y quienes tengan reivindicaciones legítimas de asilo y los que necesiten una reagrupación familiar deberían ser trasladados cuanto antes al continente".

Los refugios administrados por el Gobierno de Serbia, por su parte, no están mejor; se encuentran llenos, superada su capacidad, mientras que la desesperación se adueña de los que tienen que buscarse la vida en polígonos industriales abandonados, estaciones de tren y autobús o cunetas hondas en las carreteras. "No hay servicios y están en un riesgo extraordinario de muerte por hipotermia", explica el CIR.

A España han venido 898, de 7.337 prometidos. La defensora del Pueblo Español, Soledad Becerril, ha pedido a la defensora europea, Emily O´Reilly, que actúe de forma urgente para aplicar el mecanismo de protección civil de la UE ante esta emergencia. Christos Stylianides, comisario de Ayuda Humanitaria y Gestión de Crisis de la UE, ha reconocido que los fondos no se han empleado exactamente como debería haberse hecho. "No estamos orgullosos de esta situación tan dolorosa. Hemos dado dotación suficiente, pero por problemas sobre el terreno estos fondos no se han usado de la mejor manera posible para gestionar esta situación sin precedentes", explicó en el Parlamento Europeo.

Según datos de la oficina de la Comisión Europea en España, la cifra de fondos para Grecia es de "más de 1.000 millones de euros en total, de los cuales hay comprometidos unos 500 millones de euros (entre ayuda de emergencia y ayuda para gestión de fronteras), con unos 198 millones de emergencia comprometidos en los últimos meses de 2016", entre otras cosas, para las inclemencias del invierno.

Si alguien espera que el frío quite las ganas de venir a los refugiados se equivoca, porque mucho peor es lo que dejan en sus hogares. Joseph Muscat, el primer ministro de Malta, que será el anfitrión de una cumbre de la UE en materia de migración del próximo 3 de febrero, predijo el pasado martes un aumento dramático en los cruces en barca a través del Mediterráneo en cuanto comience el buen tiempo. "Veremos la próxima primavera, vamos a tener una crisis", denuncia, y puede ser "sin precedentes". De los 160.000 refugiados que iban a acoger los países comunitarios, han llegado apenas un 3,5%.

FE DE ERRORES: En el texto original, se afirmaba por error: "El comisario de Ayuda Humanitaria y Gestión de Crisis de la UE, ha reconocido que hasta ahora se han destinado pocos fondos -90 millones de euros entre Bruselas y la UE- y que “no han sido usados de la mejor manera”. Christos Stylianides no ha calificado de insuficiente la cifra, aunque sí ha reconocido que los fondos "no se han usado de la mejor manera posible". La cifra entre paréntesis no fue aportada por la CE, sino por técnicos sobre el terreno en Grecia.

Los refugiados, ante la nieve y el frío

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