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'Pasarela Detox': Inditex a la cabeza del compromiso de la industria

31/01/2017 12:29 CET | Actualizado 10/03/2017 15:56 CET
GREENPEACE

Fue en julio de 2011 cuando Greenpeace puso en marcha la campaña Detox My Fashion. Varios estudios realizados por la ONG dejaron en evidencia el vínculo entre la toxicidad de las sustancias químicas utilizadas en la industria textil y la contaminación del agua. Era el momento de tomar cartas en el asunto y abordar el problema pidiendo a las empresas del sector hacerse cargo de su responsabilidad en la contribución a la contaminación tóxica. Hasta entonces utilizaban a su libre albedrío, como si de vertederos se tratasen, las aguas del mar y los ríos.

Un año más tarde, esta misma ONG hacía públicos los resultados del análisis de 141 prendas —vaqueros, camisetas, vestidos, ropa interior...—, fabricadas en países del "sur global". En 89 de ellas se encontraron sustancias químicas potencialmente peligrosas para la salud, como componentes o como residuo tras finalizar el proceso de fabricación. Las mayores concentraciones se hallaron en prendas de C&A, Mango, Leví's, Calvin Klein, Zara, Metersbonwe, Jack & Jones y Mark Spencer. "Estas sustancias son cancerígenas, metagénicas, disruptores endocrinos.... que forman parte de distintas partes del proceso. Por ejemplo, en el tintado, las que se utilizan a la hora de darle determinadas características al tejido o las que intervienen en darle el aspecto final al producto", explica Sara del Río, experta en tóxicos de Greenpeace y responsable de la campaña en España.

zara detox

Con la publicación de estos datos, Greenpeace consiguió el compromiso social y medioambiental de 76 marcas —minoristas y proveedores internacionales—, entre ellas una buena parte de las empresas que lideran el sector de la moda rápida en el mundo. El año 2020 quedó marcado como fecha en la que la industria quedará libre de la utilización de cualquier residuo tóxico y hará realidad el pacto de transparencia en cada etapa del proceso.

"La respuesta de las empresas nos sorprendió a nosotros. Primero, porque no eran conscientes, desconocían el impacto social y ambiental de estas sustancias", asegura la experta de Greenpeace. "Hasta ese momento había despreocupación y desconocimiento por el tema, pero accedieron a estos retos y muchos siguen trabajando para eliminar las sustancias químicas del proceso. Y no tienen obligación, no hay sanciones ni amenazas ante su uso. Las empresas han adquirido este necesario compromiso libremente, con el planeta y la sociedad".

Eliminar, sustituir y ser transparente

En 2016 se puso en marcha la tercera edición de la Pasarela Detox. Era el momento de evaluar las medidas adoptadas por las empresas respecto a tres criterios: poseer un sistema activo y preventivo para eliminar sustancias químicas; eliminar y sustituir compuestos peligrosos; y la transparencia en la divulgación de información sobre proveedores y productos químicos.

Las conclusiones arrojaron excelentes noticias para la industria en España, especialmente para la marca española que es referencia en el mundo: Inditex. "A la cabeza de las marcas comprometidas están Inditex, HyM y Benetton. Estas empresas han hecho un gran esfuerzo porque, además de eliminar las sustancias peligrosas y controlar los residuos que generan, han elaborado un protocolo de actuación para eliminar posibles nuevos elementos nocivos", asegura del Río. Estas compañías lideran la marcha de la industria hacia un futuro libre de tóxicos con plazos creíbles, acciones concretas y la implementación sobre el terreno.

fabrica levis

Tras ellas, hay otras doce marcas que aún están en modo evolución y necesitan mejorar algunos de esos criterios de evaluación, pero el esfuerzo por cambiar el panorama también lo están realizando. Entre ellas, C&A, Burberry's, Primark, Adidas, Puma, Leví's y otra de las grandes españolas, Mango.

Por supuesto, esta iniciativa de Greenpeace también tuvo sus consecuencias sobre gobiernos e instituciones, "aunque aún queda mucho por hacer", reclama del Río desde la organización. "En lo que a leyes se refiere, Europa es la más avanzada y se ha ido puliendo un poco más la legislación en estos últimos años. En China, el gran motor de la fabricación textil en el mundo, no había legislación y ahora se han puesto en marcha algunas normativas para regular los vertidos de sustancias químicas en sus aguas".

Demasiada moda rápida y barata

Aunque el futuro prometa una industria responsable con los residuos y con los clientes, hay otro grave problema al que el sector tiene que hacer frente de forma urgente. "Con las gigantescas dimensiones que ha tomado la fabricación, el ritmo al que se consume ropa en el mundo y la velocidad con la que se deshecha, esta industria es insostenible para el medioambiente", afirma rotunda Sara del Río.

ropa analizada

Según datos de Greenpeace la producción de ropa se ha duplicado entre 2000 y 2014. Las ventas aumentaron de 1 billón de dólares en 2002 a 1,8 billones en 2015 y se estima que en 2025 lleguen a los 2,1 billones de dólares. De media, una persona en el mundo desarrollado compra un 60% más de prendas de ropa cada año y las conserva la mitad de tiempo que hace 15 años, lo que produce inmensos volúmenes de residuos textiles. Y aunque el reciclado puede ser la solución, tecnológicamente estamos aún muy lejos de poder reciclar toda la ropa que se deshecha.

Los impactos ambientales detallados en el informe que la ONG publicó en el mes de noviembre del pasado año, coincidiendo con el Black Friday, incluyen las sustancias químicas que se vierten desde las fábricas textiles y que contaminan ríos y océanos; los elevados niveles de energía que se utilizan; y los pesticidas del cultivo del algodón que contaminan los terrenos agrícolas. Además, según Greenpeace, uno de los mayores costes para el planeta de la moda rápida deriva del aumento de fibras sintéticas, en particular del poliéster, que emite cerca de tres veces más CO2 en su ciclo de vida que el algodón. El poliéster, que se encuentra presente en el 60% de la ropa, puede tardar décadas en degradarse y contamina el medio marino con microfibras plásticas que entran en la cadena alimentaria.

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