POLÍTICA

Cospedal se agarra al 'cospedalismo'

10/02/2017 22:11 CET | Actualizado 10/02/2017 23:31 CET
EFE

María Dolores de Cospedal, aquella mujer de rojo que cogió las riendas del PP en el cainita verano popular de 2008, ha subido al escenario vestida de verde este congelado viernes madrileño para reivindicarse. Cospedal sentía necesidad de contar alto y fuerte lo que es el ‘cospedalismo’.

Amada por unos y criticada por otros, Cospedal llega al 18 congreso del partido sin que su jefe, Mariano Rajoy, haya despejado la duda en público de si la mantendrá como ‘número dos’ del partido. Había un runrún interno en el PP sobre el excesivo poder de ella, su afán para acumular cargos. Hoy presume de ser ministra de Defensa, secretaria general del PP y líder del Partido Popular en Castilla-La Mancha. Y se ha comprobado numéricamente que esto no gusta mucho: ha salvado por tan solo 25 votos una enmienda que censuraba que tuviera tanto despacho oficial. Se han escuchado hasta abucheos a puerta cerrada.

Dos largas sombras han vuelto a perseguirle en esta jornada inaugural. Por un lado, el caso Gürtel ha decidido reaparecer en mitad de una fiesta del PP -esta vez sin confetis-. Desde Valencia llegaba la noticia de la primera sentencia sobre este episodio: 13 años de cárcel para Francisco Correa, Pablo Crespo y Álvaro Pérez, el Bigotes. Y, por otro lado, está el fantasma de su enfrentamiento con Javier Arenas, que ahora se revive con el posible ascenso de Fernando Martínez-Maillo, llamado a ser el nuevo ‘campeón’ de Génova.

Cospedal aparecía sola, un poco antes de las 15.30. Pasaba casi desapercibida para los periodistas, que atacaban en ese momento a Cristina Cifuentes, que ejerce como anfitriona entre las cuatro paredes de la madrileña Caja Mágica. Las dos se fundían en un abrazo en la zona de acreditaciones. Y miraban por la carpa transparente cómo se acercaba más tarde el jefe.

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RAJOY Y EL "MAÑANA"

Mariano Rajoy, ese dueño y señor del Partido Popular. No le hace falta demostrar su fuerza accediendo a los recintos arropado por dirigentes y cargos públicos. Tranquilo, no tiene rivales para la votación de mañana para ser presidente del partido. Otros estarán más nerviosos. Solo se ha limitado a decir “mañana” cuando le han preguntado en un reducido corrillo de periodistas si iba a anunciar qué pasa con Cospedal. Hoy tocaban selfies, abrazos con los delegados. Muy cerca le seguían una Frozen Cifuentes y la presidenta del Congreso, Ana Pastor. ¿Dónde está Cospedal? ¿Significa algo?. La ministra se incorporaba más tarde al grupo. Mucho más discreta, detrás, estaba Soraya Sáenz de Santamaría, que aquí no tiene el poder de la sala de prensa de La Moncloa. Muchas cosas han pasado desde aquel congreso de Valencia donde Rajoy depositó el futuro del partido en ellas dos.

Era la tarde de Cospedal, el punto fuerte de la inauguración era su discurso de gestión. El examen de los casi cinco años desde el último congreso, que se celebró en febrero de 2012 en Sevilla. Y ha reconocido que han sido años duros: “Hemos vivido horas difíciles, de las peores. Momentos en los que tuvimos que apretar los dientes, mirar al frente, sacar fuerzas de flaqueza y poner por delante nuestro orgullo como partido y recordar nuestras convicciones”. A todos les viene a la cabeza la indemnización en diferido, el abrigo de Bárcenas, Francisco Granados y la Púnica, los recortes, la austeridad, las manifestaciones en la calle…

Durante años se extendió una crítica en la calle Génova de que les había tocado jugar el papel de malos, mientras que Moncloa se limitaba a decir que no podía pronunciarse desde la sala del Consejo de Ministros. Cospedal ha dejado claro que el PP ha sido el “pararrayos” del Gobierno, que ha apoyado en todo al presidente, que ha tenido que soportar la pérdida masiva de puestos en ayuntamientos y comunidades por los casos de corrupción.

“Y en alguno tardamos en reaccionar. Nos parecía sencillamente imposible que eso nos estuviera ocurriendo a nosotros. Por eso, en alguna ocasión no fuimos todo lo ágiles que la sociedad demandaba. Otros, quiero recordarlo, nunca han sido ágiles”, ha explicado al auditorio, que la ha recibido y despedido en pie.

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NADAL Y PIMPINELA SE CUELAN EN LA CAJA MÁGICA

Rajoy escuchaba atento. Él sí sabe que seguirá. Y algún piropo se ha llevado de su número dos, que le ha comparado con Rafael Nadal. ¿Por? En la Caja Mágica el tenista ha ganado cuatro campeonatos… y el gallego volverá a ser elegido en este sitio por cuarta vez líder de la familia conservadora española.

Esa familia no vivía una ceremonia de tal magnitud desde hace cinco años. Zapatos brillantes, americanas de cuadros, gomina, buenos abrigos, aunque todo muy sport. Lo más rojo: la cazadora de Andrea Levy. Lo que está claro es el ‘buen rollo’ de la cúpula actual del PP: risas, abrazos, palmadas, confianzas al oído entre Javier Maroto, Fernando Martínez-Maillo, Javier Arenas, Pablo Casado y la propia Levy. Los ministros han olvidado sus carteras oscuras y se paseaban divertidos entre compromisarios. Entre los más solicitados, Íñigo de la Serna y Rafael Catalá.

Una consigna popular este fin de semana es la unidad, en mayúsculas. Y atizar a Podemos, que a partir de este sábado, vivirá una asamblea muy caliente. “Aquí estáis mejor que en el congreso de las peleítas”, bromeaba ante los periodistas un alto cargo del PP. Cospedal ha bautizado a Pablo Iglesias y a Íñigo Errejón como los “Pimpinela de Vistalegre”. González Pons los ha comparado hasta con Marien Le Pen. Los populares quieren sacar rédito de la coincidencia temporal de los dos cónclaves, y eso que fue Podemos el que copió la fecha.

Pero tampoco hay que pasarse. Los dirigentes del PP quieren desterrar la imagen de congreso a la búlgara y venden la “viveza” a puerta cerrada en las ponencias. Todo eran sonrisas hasta que a puerta cerrada se han levantado los brazos para votar al enmienda antiCospedal. Más de un gesto se ha torcido. Algunos apuntaban hasta la teoría, para rebajar la cuestión, de que había muchos delegados en la cafetería en ese momento.

Al final ha logrado salvarse. Mañana su jefe dirá la última palabra. Cospedal se agarra al ‘cospedalismo’.

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