INTERNACIONAL

Grecia se desliza hacia el abismo de la pobreza

23/02/2017 20:31 CET | Actualizado 23/02/2017 20:32 CET

Dimitra, pensionista griega, dice que nunca se imaginó una vida reducida a un puñado de alimentos donados: un poco de arroz, dos bolsas de pasta, un paquete de garbanzos, algunos dátiles y una lata de leche para el mes.

A sus 73 años, Dimitra -que un día estuvo al otro lado, sirviendo comida como voluntaria de Cruz Roja- se encuentra entre el número cada vez mayor de griegos que apenas puede salir adelante. Después de siete años de rescates que dejaron miles de millones de euros en su país, la pobreza no ha mejorando; de hecho, está peor que en cualquier otro país de la Unión Europea.

"Ni siquiera se me había pasado por la cabeza", señala la anciana, negándose a dar siquiera su apellido por el estigma que todavía va unido a la aceptación de ayuda en Grecia. "Yo vivía frugalmente. Nunca he estado de vacaciones. Nada, nada, nada", relata.

Ahora, más de la mitad de sus 332 euros de ingresos mensuales van destinados a alquilar un pequeño apartamento en Atenas. El resto, a pagar las facturas.

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Los alimentos recogidos por la jubilada Dimitra.

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Sopa de pollo servida en la mesa para necesitados en una iglesia ortodoxa de Atenas.

La crisis financiera global y sus consecuencias llevaron a cuatro países de la zona euro a recurrir a los prestamistas internacionales. Irlanda, Portugal y Chipre fueron rescatados, pero su economía parece estar volviendo a ser lo que era. Pero Grecia, la primera en ser rescatada en 2010, ha necesitado hasta tres de estos préstamos.

Los fondos de rescate de la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) salvaron a Grecia de la quiebra, pero las políticas de austeridad y las reformas forzadas por los prestamistas y sus severas condiciones han contribuido a convertir la recesión en una depresión.

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Un anciano vende castañas ante el Parlamento griego, en Atenas.

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Vendedores sin licencia en el mayor mercado de pescado de la capital helena.

El primer ministro Alexis Tsipras, cuyo gobierno de izquierdas pierde fuelle en los sondeos de opinión, ha tratado de hacer de esta difícil situación de sus ciudadanos un grito de guerra en la última ronda de largas negociaciones con los prestamistas, que bloquean nuevas ayudas.

"Todos debemos cuidar un país que ha sido saqueado y atender a las personas que han hecho, y continúan haciendo, tantos sacrificios en nombre de Europa", dijo este mes el mandatario griego.

Gran parte del dinero de la ayuda ha ido destinado simplemente a pagar una nueva deuda se utiliza para devolver los adelantos pasados. Pero independientemente de dónde está la culpa de la caída de los niveles de vida de los griegos, las cifras de pobreza de la agencia de estadísticas de la UE son alarmantes.

Grecia no es el miembro más pobre de la UE; las tasas de pobreza son más altas en Bulgaria y Rumanía. Pero Grecia no les va a la zaga en el tercer lugar, con los datos de Eurostat que muestran que un 22,2% de la población sufrió "una severa privación material" en el año 2015.

Y mientras que estas cifras se han reducido drásticamente en los estados balcánicos poscomunistas -en casi un tercio en el caso de Rumanía, por ejemplo- la tasa griega casi se ha duplicado desde 2008, el año en el que la crisis mundial estalló. En general, el nivel de la UE se redujo de 8,5% al 8,1% durante el período.

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Mantas de una persona sin hogar en el centro de Atenas.

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Carros con comida para personas necesitadas en un centro cívico del consistorio ateniense.

La realidad que esconden estas estadísticas se hace evidente en lugares como el banco de alimentos a cargo de la municipalidad de Atenas, donde Dimitra recoge sus bienes mensuales.

Aquí, decenas de griegos esperan solemnemente con un billete en la mano para obtener su parte. Todos están registrados como personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, fijado en unos 370 euros al mes.

"Las necesidades son enormes", dice Eleni Katsouli, una funcionaria municipal encargada del centro.

Las cifras de el banco de alimentos, en pleno centro de Atenas, muestran una tendencia similar a los datos del Eurostat. Unas 11.000 familias -o 26.000 personas- se han registrado ya allí, frente a sólo 2.500 en 2012 y 6.000 en 2014, señala Katsouli. Cerca de 5.000 de los actuales inscritos son niños.

Muchos de los estantes y refrigeradores de las habitaciones del centro están vacías. Lo que regalan depende de lo que los patrocinadores pueden aportar, cuando muchos, además, están también pagando las consecuencias de la crisis.

"Estamos preocupados porque no sabemos si vamos a ser capaces de satisfacer las necesidades de estas personas", reconoce Katsouli. "Hay familias con niños pequeños y algunos días ni siquiera hemos conseguido la leche que les haría falta", concluye.

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Eva Agkisalaki, una voluntaria, pone la mesa en una iglesia ortodoxa de Atenas.

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Ropa para niños, esperando a ser repartida en una oficina de la municipalidad ateniense.

Organizaciones internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), han instado al gobierno heleno a dar prioridad a la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

El desempleo ha caído desde un máximo del 28% al 23%, pero esa tasa sigue siendo la más alta de la UE. Desde que comenzó la crisis, la economía se ha reducido en un cuarto y miles de empresas han cerrado para siempre.

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Un carnicero sin clientes, en el principal mercado de carne de Atenas.

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Varios usuarios del comedor social de una iglesia ortodoxa de Atenas.

Hay muchas esperanzas de que la economía pueda mejorar este año, pero los datos de la semana pasada mostraron que ha vuelto a contraerse entre octubre y diciembre de 2016, después de dos trimestres consecutivos de crecimiento.

Unas mejores condiciones de vida parecen, por tanto, tan lejos como siempre. Más del 75% de los hogares sufrió una reducción significativa de sus ingresos el año pasado, según una encuesta realizada por la confederación empresarial GSEVEE y la empresa de sondeos Marc. Un tercio tiene al menos a uno de sus miembros en paro y el 40% de los sondeados dijeron que tuvieron que recortar el gasto en alimentación.

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Un hombre espera para lavar su ropa en el servicio para sintecho de la organización Ítaca, en el centro de Atenas.

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Personas necesitadas, en el comedor de una parroquia ortodoxa ateniense.

El defensor del pueblo griego dice que un número cada vez mayor de personas sufren para pagar sus facturas de servicios públicos esenciales. En un barrio sin lujos de Atenas, un comedor de beneficencia a cargo de la iglesia ortodoxa sirve 400 comidas al día durante cuatro sesiones en menos de dos horas.

"Todo el mundo está pasando por tiempos difíciles, ocurre en toda Grecia", señala Eva Agkisalaki, de 61 años, una exprofesora que acude allá como voluntaria.

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Sopa de pollo para los usuarios del comedor de una parroquia ortodoxa de Atenas.

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Cola para entrar en un comedor social de la capital helena.

Agkisalaki no reunía los requisitos para una pensión porque su contrato terminó cuando la edad de jubilación se elevó a 67 años en el marco del programa de rescate, pero a su edad no podía encontrar trabajo. La pensión de su marido fue rebajada a 600 euros desde los 980 iniciales, también a causa de las reformas exigidas por los prestamistas internacionales, y aún así una parte va destinada a las familias de su hijo y su hija.

A cambio de su trabajo voluntario, Agkisalaki recibe la comida del día para ella y sus hijos, en el paro.

"Estamos vegetando", sostiene mientras pone la mesa para la próxima comida, consistente en sopa de alubias, pan, un huevo, una rebanada de pizza y una manzana. "Sólo sobrevivimos. La mayoría de los griegos sólo sobrevivimos".

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La pobreza afecta a la zona portuaria de Perama (Atenas).

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Una anciana selecciona ropa usada en una parroquia.

Evangelia Konsta, que supervisa el centro y cuyo negocio suministra la carne, afirma que el número de personas que comen en el comedor se ha más que duplicado en dos años y la iglesia a menudo también ayuda a pagar la electricidad o el agua a los más necesitados.

"Las cosas se están poniendo peor, no vamos a mejor y eso se refleja en las necesidades de las personas", señala Konsta. "Hay personas que ni siquiera tienen un euro", lamenta.

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Un hombre cuenta el cambio de su compra a la salida de un mercado ateniense.

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Colas para pedir una ayuda social en las oficinas del ayuntamiento de Atenas.

Al otro lado de Atenas, el número de griegos que duermen a la intemperie da claro testimonio de la situación. Los voluntarios conducen una camioneta con dos lavadoras y dos secadoras a los barrios donde las personas sin hogar se reúnen y les ayudan a limpiar sus pertenencias.

"Uno no sólo ve las mismas caras de siempre, sino también a otras nuevas", explica Fanis Tsonas, cofundador de Ítaca, la organización que ayuda a limpiar la ropa sucia a estos hombres y mujeres.

Pocos tienen la esperanza de que llegarán mejores días.

"Creo que no hay una sola persona que no tenga miedo del futuro", reconoce Dimitra, la pensionista, agarrando su bolsa de plástico de productos racionados.

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