Cómo uno de los países más pequeños del mundo se convirtió en líder ecológico

28/02/2017 10:17 CET | Actualizado 10/03/2017 13:44 CET

Por sus antiguas tradiciones que poco a poco se van adentrando en el mundo moderno, por sus mágicas montañas y monasterios... Bután es un lugar encantador. Con una población de alrededor de 750.000 personas, el país está logrando hitos en lo que se refiere a la lucha contra el cambio climático. Ubicado entre India y China, puede que a veces pase desapercibido pero en los últimos años, mientras el mundo estaba observando Bután conseguía triunfar en sostenibilidad y muchos ya lo han coronado como el país más ecológico del mundo.

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Con una tradición muy arraigada, Bután —cuyo nombre nativo de Druk yul se traduce como 'La tierra del dragón trueno'— ha sido muy cuidadoso a la hora de frenar el cambio climático para no exponer a sus ciudadanos a tecnología moderna no deseada. En 2014, el gobierno introdujo el coche eléctrico a sus ciudadanos, todo un avance teniendo en cuenta que la prohibición de la televisión terminó en 1999. En un esfuerzo para incentivar a la gente a comprarlo, suspendieron temporalmente las tasas de importación (y aumentaron las subvenciones para luces LED). Gracias a un éxito gradual, ahora existen diez estaciones de carga alrededor del país y son optimistas a la hora de convertirse en uno de los líderes del vehículo eléctrico.

Este será además uno de los componentes más destacados a la hora de conseguir el objetivo de reducir las importaciones de combustibles fósiles en un 70%. Pero eso no es todo. Thimphu, la capital, está transformándose en un lugar propicio para el uso de la bicicleta, con carriles que se están construyendo e introduciendo poco a poco.

Para ser un país tan pequeño, Bután se ha fijado y conseguido grandes metas. Allá por 2009 se comprometió a ser el primer país en liberarse de emisiones de carbono; a día de hoy es el único país calificado como de carbono negativo en el mundo, también conocido como "sumidero de carbono". Gracias a la gran masa de bosques, absorbe tres veces más dióxido de carbono del que el país emite; de hecho, un 72% de la superficie es forestal —existe una ley que señala que no puede bajar del 60% bajo ningún concepto, llegando a prohibir la exportación maderera—.

Gracias a su éxito, a día de hoy, los parques naturales, los espacios de flora salvaje protegidos y las reservas naturales cubren más de la mitad del país. Para continuar de esta forma se inicio Green Bhutan, un programa que facilita la plantación de árboles, plantas y flores en las ciudades, pueblos y en la campiña.

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El año pasado dieron la bienvenida a las dos primeras turbinas eólicas del país. Situadas en la villa de Rubesa, se espera que generen alrededor de 600 kilovatios entre las dos, proporcionando energía a 300 casas. Si el proyecto tiene éxito se construirán 24 parques eólicos adicionales en otras ciudades por todo el país. A medida que la demanda de electricidad se incrementa en todo Bután, se espera que se desarrollen nuevas fuentes de energía renovables.

Una gran parte de la actividad agraria tiene lugar en suelo público, así que proporcionan a los granjeros de las zonas rurales electricidad gratuita (los granjeros son alrededor del 70% de la población) como medida para evitar que utilicen leña para cocinar. El año pasado existía un plan para paneles solares que fuesen capaces de generar alrededor de un megavatio de electricidad, así como proporcionar 13.500 hornillos de cocción solar y 2.800 digestores de biogas en veinte distritos. También consideraron construir pequeñas plantas de energía hidráulica con capacidad para generar 33.000 megavatios de electricidad.

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La energía hidráulica es un componente crucial en el estilo de vida de Bután, proporcionando el 100% de electricidad a las áreas urbanas y el 94% en zonas rurales. Cada año, el país vende a India el 70% de la energía que genera, así que si consiguen sus objetivos en el marco del sector hidroeléctrico es posible que comiencen a exportar más energía limpia a algunos gigantes económicos que se exceden en sus emisiones, como China o India.

El primer ministro de Bután, Tshering Tobgay, habló del tema el año pasado durante una charla TED: "Cada país es diferente. Pero también es verdad que muchos países están sedientos de modelos que les permitan superar los límites de los modelos tradicionales de conservación. No hay otro país como Bután en la Tierra, pero cada vez que alguien trabaja en una escala en la que empieza a importar, la gente desea aprender de ello".

El gobierno butanés pretende llegar a cero emisiones de gases de efecto invernadero y cero residuos en 2030; y también pretenden conseguir producir un 100% de comida orgánica en 2020.

Para ser un país que se abrió al resto del mundo en los años setenta, es meritorio cómo han conseguido frenar el cambio climático sin mucha ayuda de otros países. Con su abundante aire fresco, sus potentes paisajes y sus ríos, Bután está considerado uno de los lugares más ecológicos y felices de la Tierra. Y no nos sorprende.

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