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¿Pueden las carreteras del futuro estar hechas de botellas de plástico?

Se construirán a partir de residuos recogidos de los océanos

03/03/2017 10:12 CET | Actualizado 10/03/2017 13:43 CET
David Gray / Reuters

Cada año se tiran alrededor de ocho millones de toneladas de plástico en los océanos y, según datos de la ONU, estos residuos representan el 90% del total de basura. Unos datos alarmantes que han puesto de manifiesto la necesidad de un cambio en nuestro estilo de vida y en nuestros hábitos de consumo.

En Rotterdam, la compañía VolkerWessels está trabajando un proyecto que dará una segunda vida a estos residuos plásticos: los utilizará para construir carreteras. Después de un proceso de tratamiento, este material permitirá crear paneles modulares que se acoplarán entre si y que se podrán trasladar a otros lugares si fuese necesario. Una funcionalidad que recuerda a las piezas de Lego.

Según la constructora, estas nuevas carreteras tendrían una vida tres veces mayor a las tradicionales, requieren menos mantenimiento y están preparadas para aguantar temperaturas más extremas. El proyecto contribuiría además a combatir las emisiones de dióxido de carbono ya que la producción de asfalto genera alrededor de 1,6 millones de toneladas de CO2, un 2% del total de las derivadas del transporte por carretera.

Rotterdam, un lugar perfecto para la innovación

Esta ciudad del sur de Holanda se ha convertido en el lugar perfecto para desarrollar proyectos y es a día de hoy un hervidero de ideas e innovaciones. Tanto es así que la alcaldía de la ciudad destina ayudas y recursos a emprendedores para que puedan desarrollar sus ideas y estar conectados con otros que tengan los mismos intereses o que tengan en mente proyectos similares.

A día de hoy en Rotterdam no se concibe construir un nuevo edificio sin hacerlo de forma sostenible, incorporando paneles solares o luces de LED que son ya productos habituales y comunes en el mercado holandés. También se está dando una segunda vida a espacios abandonados como invernaderos que han sido reconvertidos en espacio para juegos o edificios que en la actualidad sirven para cultivar champiñones.

Siendo el segundo puerto más importante de Europa, es inevitable que muchos de estos proyectos sostenibles se construyan alrededor del mar. Buena muestra de ello es la explotación lechera flotante que se está construyendo en Rotterdam y que será la primera de su tipo en el mundo. Otro ejemplo es Dutch Windwheel, un rascacielos que, entre otras cosas, aprovechará los residuos que generen los apartamentos para producir biogás, lo que proporcionará energía a las viviendas del edificio.

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