INTERNACIONAL

Mujeres trabajadoras a lo largo del mundo (FOTOS)

Un repaso visual que habla de desigualdad, valentía y superación

06/03/2017 18:47 CET | Actualizado 08/03/2017 16:35 CET
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Ekaterine Kvlividze, de 30 años, capitana, piloto de helicópteros de de la Fuerza Aérea de Georgia desde 2007, retratada en Tbilisi

El Día Internacional de la Mujer es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de mujeres de a pie que ha jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades.

El tema de 2017 para esta jornada es "Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030".

El mundo laboral está en transformación, con implicaciones significativas para las mujeres. Por un lado, la globalización y la revolución digital y tecnológica crean nuevas oportunidades, al tiempo que la creciente informalidad en el trabajo, la inestabilidad en las fuentes de ingreso, las nuevas políticas fiscales y comerciales y el impacto ambiental ejercen un papel decisivo en el empoderamiento económico de las mujeres.

Por eso, la Agencia Reuters ha difundido una galería especial de mujeres trabajando a lo largo y ancho del planeta, un repaso visual que habla de desigualdad, valentía y superación en todos los idiomas. Aquí las puedes localizar.

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    Phung Thi Hai, de 54 años, porta ladrillos de una fábrica a las afueras de Hanoi, Vietnam. Pertenece al grupo de 25 mujeres que trabajan en la factoría y cada día leva unos 3.000 ladrillos hasta el horno. "Es injusto que una mujer de 54 años como yo tenga que trabajar y cuidar a toda la familia cuando por el mismo trabajo los hombres tienen un mejor salario. No sólo yo, todas las mujeres de la zona trabajamos sin educación, sin seguro y sin futuro".
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    Ana María García, de 58 años, cocinera, posa mientras sus compañeros de trabajo preparan el almuerzo diario para los estudiantes en el comedor de una escuela de primaria de Ronda, cerca de Málaga. "Por ejemplo, en mi lugar de trabajo los hombres ayudan a las mujeres a mover las ollas grandes y pesadas con alimentos", explica. "Creo que la desigualdad de género es más en los hombres que en las mujeres en mi lugar de trabajo. Creo que estamos creando gente perezosa".
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    Samah Abdelaty, de 38 años, periodista y jefa del departamento de investigación del diario Al Watan, en la sede del periódico en El Cairo, Egipto. "No recuerdo que haya tenido ninguna discriminación de género en el desempeño de mi labor como periodista". 
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    Mehwish Ekhlaque, de 26 años, motera y entrenadora, en Karachi, Pakistán. "Cuando planeé la Paquistán Bike Tour, muchos de mis colegas masculinos me dijeron como consejo que no lo hiciera, que no iba a ser ni seguro ni fácil para una mujer, pero lo hice igualmente". 
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    Ana María del Verdún Suárez, de 27 años, policía, en las afueras de la ciudad de Montevideo, Uruguay. "Más mujeres deberían poder tener trabajos que tradicionalmente han sido considerados como de hombres. La discriminación viene a veces de todos nosotros, viene de adentro, Ya hay muchas profesiones que eran exclusivamente masculinas y ahora son realizadas por mujeres". 
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    Chrifa Nimri, de 69 años, pescadora, arregla una red después de regresar de la faena en el puerto de Sidi Bou Said, en Túnez. "Al comienzo de mi carrera pesquera todo el mundo me decía que el comercio era para hombres, pero ahora todos mis colegas me respetan y me llaman capitán".
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    Elizabeth Mamani, de 36 años, periodista de Radio Unión, en el edificio del Congreso Nacional de Bolivia, en La Paz. "Cuando empecé en este trabajo, sentí discriminación por parte de los funcionarios que controlaban el acceso de los miembros de La prensa a los acontecimientos. Para contrarrestar la discriminación en esta profesión, nosotras como mujeres, debemos sobresalir, debemos prepararnos en todos los campos". 
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    Rocío Larranaga, de 53 años, surfista e instructora de surf, en la playa de Redondo en Lima, Perú. "Soy la primera mujer en representar a mi país en competiciones nacionales e internacionales desde 1977", señala. "En 1995 me convertí en maestra de surf, muchas mujeres surfean y son muy buenas y espero que en el futuro las mujeres tengan la misma cuota que los hombres en las competiciones profesionales".
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    Mado, de 34 años, artista brasileña, frente a una de sus obras en el barrio de Vila Madalena en Sao Paulo. "Una vez una empresa no me quería contratar para pintar un mural porque decía que las mujeres no podían llevar el material de trabajo, las cajas de pintura, las escaleras...", relata. "Creo que las cosas sólo mejorarán para todos nosotros si los hombres tratan a las mujeres por igual".
     
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    Deng Qiyan, de 47 años, madre de tres hijos y trabajadora de decoración una empresa de reformas, posa en un edificio de apartamentos en construcción en Pekín, China. "A veces la desigualdad de género se da, pero no podemos hacer nada. Después de todo, tienes que digerir todas esas cosas infelices y seguir adelante". 
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    Serpil Cigdem, de 44 años, conductora de metro, en la estación de Yenikapi de Estambul, Turquía. "Cuando solicité un empleo hace 23 años como conductora me dijeron que era una profesión de hombres. Supe que si en el examen escrito lograba incluso los mismos resultados que un hombre, él sería el elegido, por eso trabajé duro para aprobar el examen con un muy buen resultado, por delante de los candidatos masculinos", cuenta. "La desigualdad de género comienza en nuestras mentes, diciendo que es una profesión masculina o es un trabajo de hombres". 
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    Ivonne Quintero, cocinera, en su restaurante de Ciudad de México. "Hay muchas limitaciones en la cocina por ser mujer. Yo tenía dos hombres a mi cargo y no hacían lo que yo les pedía sólo porque yo era una mujer", denuncia.
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    Januka Shrestha, de 25 años, conductora de tuk tuk, el tradicional motocarro de Katmandú, Nepal. "No hay diferencia en un vehículo conducido por una mujer y el que lleva un hombre. A veces hay quien trata de dominarte en la carretera cuando ven que conduce una mujer. La gente incluso ha usado un lenguaje asqueroso hacia mí. Cuando eso sucede me quedo callada y trabajo aún con más ahínco para demostrar que somos tan capaces como los hombres", señala. 
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    Jauna Díaz, de 43 años, barrendera en Ciudad de México. "En mi trabajo anterior mi jefe le dio preferencia a los colegas masculinos y las mujeres siempre cobraban su salario más tarde. Por eso cambié de oficio ", explica. "Para abordar la desigualdad de género, creo que es necesario que haya más comunicación e información sobre los derechos de las mujeres en el lugar de trabajo", pide. 
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    Yolaina Chávez Talavera, de 31 años, bombera, ante un camión en su estación de Managua, Nicaragua. "En mis primeros días como bombera, los hombres, mis compañeros de equipo, pensaban que no duraría mucho tiempo debido al duro entrenamiento, pero en la práctica les he demostrado que soy capaz de asumir tareas al mismo nivel que los hombres. Creo que las mujeres deben luchar para abrirse paso en todas las áreas, aún en medio del machismo que impera en Nicaragua y en otros países hispanos". 
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    Rosalina Dallago, de 52 años, en su tienda de zapatos, Sciuscia Chic, en Roma, Italia. Esta exmodelo posee tres zapaterías, una de ellas diminuta, un pequeño espacio en un callejón estrecho pero frecuentado por legisladores de la Cámara del Parlamento, a la vuelta de la esquina. Sus clientes más leales son los diputados que se detienen temprano en la mañana en su camino, buscando lustre en sus zapatos. "Mis clientes me ven como un profesional antes que como una mujer", sostiene Dallago. "Las madres deben inculcar un sentido de igualdad de género en sus hijos", añade. 
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    Valerie Perron, de 53 años, posee una granja de ostras. En la imagen aparece en su barco en Andernos, suroeste de Francia. "No hay que olvidar que son las mujeres, las mamás, las que crían a los niños. Cambiar de mentalidad al educar a los chicos en su edad más joven, en un espíritu de paridad e igualdad con la mujer, es esencial. Debemos cambiar las mentalidades con educación desde la primera infancia, un niño puede jugar con muñecas y una niña, con coches", indica. 
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    Aimee Pompa Bolívar, de 43 años, bibliotecaria, en la Biblioteca Municipal Enrique José Varona de La Habana, Cuba. "No veo brechas de género en el trabajo, aquí todas las bibliotecarias son mujeres", relata. 
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    Raquel Gómez Delgado, de 43 años, inspector de pesca marítima, se embarca en un barco pesquero en el puerto de Punta del Moral de Huelva, España. "En mi opinión la única manera de acabar con la desigualdad de género es a través de la educación en las escuelas y de que los medios nos muestren ejemplos de igualdad". 
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    Jeung Un, 27 años, fotógrafa independiente, posa en un lugar del centro de Seúl ocupado por manifestantes. "La mayoría de los medios de comunicación prefieren contratar a fotógrafos masculinos. Cuando cubro hechos violentos, a veces me acosan y oigo comentarios sexuales".
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    Ivana, de 32 años, community manager, en su casa de Belgrado, Serbia, donde también trabaja. "En general, se pueden ver las brechas (de género) en las empresas estatales, en las reliquias del socialismo, donde las mujeres son las mejores en ser secretarias...", explica.

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    Lejla Selimovic, de 34 años, restauradora de muebles, en su taller de Zenica, Bosnia y Herzegovina. "En mi país esta es una profesión inusual para una mujer, pero hasta ahora no he conocido a nadie que lo vea de un modo negativo.La gente se sorprende a menudo, pero esencialmente sólo se interesan en si el mío es un trabajo bien hecho".
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    Sarah Hunter, 31 años, capitana del equipo de rugby de Inglaterra y entrenadora universitaria. "Creo que si somos la persona adecuada para el trabajo correcto en el lugar correcto nos deben dar una oportunidad, al igual que a los hombres". "Siendo el rugby lo que se considera un deporte masculino, veo que tal vez eso es ya cosa del pasado, he sido acogida en ese ambiente sin problemas y personalmente no he experimentado la desigualdad de género en mi lugar de trabajo. Creo que he sido muy afortunada en mis empleos, donde se me ha visto como persona, no por mi género".

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    La doctora Catherine Reynolds, 37 años, investigadora científica del Imperial College, en su laboratorio de Londres. "Las mujeres están muy bien representadas en la investigación en ciencias biológicas. Es cierto que hay menos profesoras en Ciencias, pero la brecha se está cerrando lentamente ", sostiene. "Hacen falta más políticas que promuevan el trabajo flexible y que ayuden al personal a tomar pausas profesionales (tanto hombres como mujeres), sobre todo en el caso de parejas jóvenes". 
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    Merylee, de 26 años, soldado, posando en Niza, Francia. "La paridad en el ejército ya existe, el uniforme tiene prevalencia sobre el género".
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    Lina Maria da Silva, de 62 años, niñera, con los críos que cuida en Cantagalo, Río de Janeiro, Brasil. "Nunca me han tratado mal en mi trabajo. Siempre he sentido mucho afecto por parte de las familias con las que he estado empleada", sostiene. 
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    Julia Argunova, 36 años, instructora de montañismo, a 3.200 metros sobre el nivel del mar en las montañas de Tien Shan, cerca de Almaty, Kazajstán. "La fuerza física beneficia a los colegas masculinos en algunas situaciones, pero las mujeres somos más concentradas y meticulosas... En general, las mujeres son mejores en la enseñanza y ese es mi principal reto, enseñar a practicar el alpinismo de forma segura". 
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    Directora artístico y bailarina, Sandra Mifsud es de Mosta, Malta, y tiene 43 años. "En el mundo de la danza profesional, he leído y sé de muchos más coreógrafos hombres que mujeres, también conozco a muchas más bailarinas que bailarines... Es el resultado de opciones de vida, pero también de tabúes asociados con los hombres y la danza", defiende.
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    Grace Ocol, de 40 años, operadora de retroexcavadora, madre de tres hijos, posa en Tubay, Agusan del Sur, Filipinas. "Hay apenas unas cuantas mujeres llevando camiones o excavadoras. Si los hombres pueden hacerlo, ¿por qué las mujeres no? Aquí incluso soy mejor que un hombre, porque los que hay sólo pueden conducir camiones y yo puedo llevar los dos tipos de vehículos". 
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    Liz Azoulay, 26 años, estibadora del puerto de Ashdod, en Israel. "En la mayor parte de mi vida profesional no me enfrenté a ninguna desigualdad. En Ashdod somos iguales, en todos los muelles, y eso que soy la primera mujer que empezó a trabajar como estibadora".

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    Maria Uvarovskaya, piloto, en un simulador de vuelo de la firma Aeroflot en el aeropuerto de Sheremetyevo, cerca de Moscú, Rusia. "Se tiene que hacer mucho más para superar las diferencias de género". 
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    Ekaterine Kvlividze, de 30 años, capitana, piloto de helicópteros de de la Fuerza Aérea de Georgia desde 2007, retratada en Tbilisi. "Al principio sentí que me abordaban con ironía, de forma cínica, sentí que no me apreciaban, pero gracias a Dios, en los últimos 10 años la sociedad ha cambiado y hoy en día una mujer piloto es algo normal". 
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    Claudia Concha Parraguez, de 45 años, instructora de pole dancing, en un gimnasio en Santiago de Chile. "Algunas estudiantes con baja autoestima sonríen más y se sienten estupendas después del entrenamiento. Sus esposos, que no ven esta actividad como un deporte y la asocian con algo sexual, dejan de asistir a las clases, en cambio". 
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    La presidenta suiza y ministra de Medio Ambiente, Transporte, Energía y Comunicaciones, Doris Leuthard, de 54 años, posa en la azotea del Parlamento en Berna. Leuthard dice que sigue viendo la desigualdad de género en su lugar de trabajo. "Los salarios son diferentes entre hombres y mujeres, hasta en un 20%. La transparencia ayuda, las discusiones sobre los salarios son importantes. En la alta dirección y en posiciones de liderazgo, como en la política, todavía somos una minoría. Animo a todas las mujeres a que peleen por sus carreras".
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    Alice Temperley, de 41 años, diseñadora de moda, en la London Fashion Week en Londres. "No creo que la industria de la moda sufra de desigualdad de género como en otros campos. Pero sí tengo que decir que no hay que muchas mujeres diseñadoras, porque la intensidad de ser el diseñador y atender cada temporada, tener hijos y ser mujer... Creo que es por eso que gran parte de los diseñadores más reconocidos son hombres. No creo que eso sea sexista, pero hay que ser muy fuerte para estar en esta industria". 
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    Cilene Connolly, de 32 años, cartera en su ronda postal en una calle residencial en Coventry, Gran Bretaña. "Afortunadamente, no he tenido que enfrentar las desigualdades de género en mi trabajo. He tenido una gran acogida de mis vecinos por ser una mujer. Sobre todo otras mujeres se quedan gratamente sorprendidas cuando me ven". 
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    Maxine Mallett, de 52 años, directora de una escuela en el sur de Londres, Gran Bretaña. "El momento más estresante de mi carrera fue cuando tuve hijos. Después de tener un niño a veces somos tratadas con sospecha, como si desde ese momento fuésemos a carecer de compromiso con la escuela, cuando es todo lo contrario. Tenemos que eliminar las barreras y apoyar a todas las personas por igual. Tener una carrera satisfactoria no debe suponer que tengas que estar batallando constantemente". 
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    Tara McCannel, 44 años, profesora asociada de Oftalmología en la Escuela de Medicina David Geffen de la Universidad de California, Los Angeles, EEUU. "Las mujeres se mantienen a un nivel más alto de conocimiento, en habilidades, en cómo van las prácticas clínicas, en su apariencia. Las mujeres no pueden ser ellas mismas o pensar sólo: 'Oh, sólo voy a hacer mi trabajo', y centrarse en ello. Hay otras cosas que deben tener en cuenta porque no es completamente igual el trato, a pesar de que las cosas están mejorando".
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    La sacerdotisa sintoísta Tomoe Ichino, de 40 años, posa en el Santuario de Imado en Tokio. "En general, la gente piensa que ser una sacerdotisa es una profesión de hombre. La gente no sabe que existimos, por lo que piensan que no podemos realizar los rituales. Una vez, después de terminar de realizar un jiichinsai (una ceremonia shinto), me preguntaron: 'Entonces, ¿cuándo vendrá el sacerdote?'. Cuando empecé a trabajar, porque era joven y mujer, algunas personas sentían que la bendición era diferente y pensaban: 'Yo hubiera preferido a tu abuelo'. Al principio, llevaba la casaca verde clara de mi abuelo porque pensé que era mejor parecer un hombre, pero después de un tiempo decidí sentirme orgullosa de ser una mujer sacerdotisa y me puse una túnica rosa, como la de hoy. Pensé que podía sentirme más segura si dejaba de pensar según el género". 
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    Ram, de 46 años, posa en su puesto en el mercado de las flores de Bangkok, Tailandia. "En este mercado los hombres hacen los trabajos duros, llevan cosas pesadas, cargan los camiones".
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    Yuniko Chung, de 24 años, locutora en un programa de videojuegos, en su oficina en Taipei, Taiwán. "Siempre oigo a la gente decir que no siguen programas o producciones de videojuegos que lleven mujeres porque las buscan por su apariencia, para atraer. Yo no soy ese tipo de comunicador, puedo jugar con los hombres, no estoy usando mi cara y mi género como ventaja". 
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    Gabriela Santos, de 26 años, conductora de carruajes para turistas, junto al monasterio de los Jerónimos en Lisboa, Portugal. "En mi trabajo es mejor ser mujer que hombre, porque nosotras somos más cuidadosas con los caballos. Los turistas prefieren un carro conducido por una mujer". 
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    Emilie Jeannin, 37 años, criadora de vacas, con sus charolesas en Beurizot, Francia. "Una vez no pude evitar reírme cuando un consejero agrícola me preguntó dónde estaba el jefe. "¡Estás justo delante de él!", le dije. "¡Puedo asegurarles que la reunión se cortó muy rápido!", relata. "Ser vaquera se veía como algo de hombres en el pasado, las mujeres solían hacer el trabajo administrativo o tareas de bajo nivel en las explotaciones. Las personas aún necesitan ser más abiertas, este cambio debe suceder en todas partes y no sólo en los campos".