INTERNACIONAL

"Todos los problemas médicos en Siria son ahora a vida o muerte"

Entrevista con Aitor Zabalgogeazkoa, representante de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Turquía

10/03/2017 12:24 CET | Actualizado 14/03/2017 10:32 CET
MÉDICOS SIN FRONTERAS
Aitor Zabalgogeazkoa, representante de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Turquía.

Aitor Zabalgogeazkoa fue jefe de misión de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) en Siria durante dos años y actualmente es su representante en Turquía, el estado que más refugiados del país vecino acoge en este momento, unos tres millones. Conoce de primera mano la tierra siria que no ha vuelto a pisar por seguridad -Alepo, Alepo, Alepo, repite insistente en la conversación-, toca cada día a los que traen historias frescas del otro lado, y está en contacto con los colegas locales, sanitarios, cooperantes, que aún pelean donde los internacionales no pueden. Por eso, pocos saben tanto como él de lo que ha pasado en estos seis años de guerra, y lo que queda. Su visión no es, "no puede ser", especialmente optimista.

Seis años van ya de guerra interminable. ¿Cómo describiría la situación actual del país?

A nivel humanitario, que es el que me compete, la situación está evidentemente estancada. Sigue habiendo bombardeos contra la población civil, ataques indiscriminados y constantes de la aviación... Hay asedios interminables en Idlib, Daraa, en Raqqa [el gran bastión del autoproclamado Estado Islámico, el grupo terrorista que está siendo cercado por las tropas del régimen sirio y sus apoyos rusos]. De allí nos llegan noticias terribles cada día. Aparentemente, hay conversaciones diplomáticas y distintos anuncios de altos el fuego, pero la parte más importante del conflicto no se ve afectada por ello, sigue igual de dura. Hay combates y ataques, sigue habiendo seis millones de sirios fuera de su país y otros cuatro desplazados internamente, según los datos que nos da Naciones Unidas. Y nadie sabe si podrán volver ni cuándo.

Dada la peligrosidad de Siria, ¿cómo está trabajando ahora MSF sobre el terreno?

La situación de seguridad es realmente peligrosa, sí, el riesgo de ataques y secuestros al personal hizo que los internacionales tuviéramos que salir, así que ahora hay seis hospitales en el país que cuentan con nuestro apoyo pero que trabajan con personal local. La mayoría de nuestro esfuerzo consiste en darles apoyo.

¿Y cuál es el principal problema que le trasladan sus colegas de allá adentro?

Pues que el sistema de salud se ha destruido por completo en este tiempo. No queda nada. Ya no es que sea complicado atender a los heridos de un bombardeo o llevar a cabo operaciones muy complejas o delicadas, sino que la guerra ha afectado a todos los supuestos diarios a que se enfrentan los pacientes. No se puede atender bien un parto, no se pueden atender enfermedades crónicas, un cáncer, una cardiopatía, una diabetes... La rutina ya no se puede tratar, ya no hablamos de prevención o información o prácticas saludables. La guerra se lo ha llevado todo. Todos los problemas médicos, hasta los que antes se podían abordar, son ahora a vida o muerte.

¿Qué queda de infraestructuras, de personal?

Apenas hay nada en pie. Ningún centro puede trabajar a un rendimiento adecuado. Las pocas infraestructuras médicas que se salvan se esconden además en sótanos, en naves. Eso contradice por completo la máxima de que la atención sanitaria tiene que se pública y accesible, un derecho esencial. Insisto: no hay nada. No hay personal. No hay especialistas. Se trabaja con lo que se tiene a mano. No hay tiempo para actuar ante las grandes heridas, que se tratan de forma rudimentaria, ni se puede esperar más tiempo para atender a quien ya estaba enfermo.

Abd Doumany / AFP
Unas niñas sirias son atendidas en un hospital tras un ataque en la zona rebelde de Douma, este de Damasco. Esta imagen se ha llevado el segundo premio de la edición 2017 del World Press Photo.

¿Y lo más básico, como medicinas o vendajes, tampoco llega a estas alturas?

No, no hay nada. No hay acceso a tratamiento ni para una hipertensión, porque no se puede importar nada y, aunque las farmacéuticas sirias tenían un buen nivel antes de la guerra, tampoco están ya en pie. Y, luego, habría que suministrar todo eso a cada rincón del país y eso no es nada fácil, no, sino más bien un problemón. Hay problemas para introducir material y luego para moverlo dentro, problemas burocráticos, de aduanas, los asedios, los bloqueos...

¿Cómo están los sirios que se encuentran ahí en Turquía?

Llegan en mucha menos cantidad ahora, es algo que ya se experimentó en Líbano no Jordania, donde el flujo cayó con el paso del tiempo. Aquí hay tres millones de refugiados ya y su situación es mucho mejor que la de los 60.000 que están por ejemplo en Grecia. Claramente, los mayores problemas están a un lado y al otro del territorio turco: en Siria, porque la gente está atrapada y casi no puede salir del país; y en Grecia, porque no pueden seguir hacia otros países de la UE. Aquí las condiciones de los sirios no son malas, sólo hay un 10% de ellos en campos de refugiados. Los demás residen como pueden en las ciudades. No tienen mala vida pero llevan la vida que hacen las poblaciones vulnerables y pobres en otros lugares sin conflicto.

¿Qué es lo que mejor recuerda de su experiencia dentro del país?

Estuve allí por última vez en 2014 y lo que tengo más presente es que ya entonces vi la devastación brutal de todo un país y, especialmente en mi caso, de Alepo. Siria ha echado el reloj atrás muchos, muchísimos años, y lo peor es que esto no tiene pinta de acabar mañana mismo. Lo que nos transmite la gente es mucha incredulidad al ver a qué punto hemos llegado. No esperaban encontrarse en una situación tan grave cuando comenzó todo en 2011. Cuando lo hablamos con ellos siempre dicen igual: "¿A mí qué me dices? Eso no puede ser. ¿Una guerra? Ni se me pasa por la cabeza". Pero así estamos. Y toda esta gente que está fuera va a tardar mucho en recuperarse también, en encontrarse. No sabemos qué va a pasar con esta generación.

¿Lo más incomprensible de este conflicto enquistado?

La brutalidad continua, día a día, los ataques indiscriminados, por parte de todos los actores, eh. Es un sálvese quien pueda. Así es dificilísimo ofrecer ayuda. El problema es que no se respetan los derechos de los civiles ni de quienes tratan de proveerles.

¿Se parece Siria a alguna otra crisis que haya visto antes?

Se parece mucho a la Chechenia de los primeros años 90. Alepo se asemeja a Grozni, por el abordaje sistemático y la gente atrapada.

¿Y a los que pueden acabar con esta guerra qué les dice?

Yo no entro en cuestiones políticas ni en esos altos el fuego de los que se habla pero luego no existen realmente. Sí pido que se creen huecos para poder ayudar más a la gente; aunque esa no sea la solución al conflicto, es lo más urgente, que cese la violencia y pueda entrar la ayuda.

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