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Las elecciones en Holanda, primera prueba de fuego para la Unión Europea

15/03/2017 07:35 CET | Actualizado 15/03/2017 07:36 CET
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Imagen de archivo del líder de extrema derecha Geert Wilders

Puede que estés cansado de escuchar que está en juego el futuro de la Unión Europea. Pues no lo estés. Es verdad. Y ahora más que nunca. El recién estrenado club de los 27 todavía no se ha recuperado del duro golpe que supuso la salida de Reino Unido de la UE aún ni han comenzado las negociaciones sobre el Brexit y ahora tiene que hacer frente a unas más que delicadas citas con las urnas que pueden cambiar, por completo, la Unión Europea y sus valores tal y como los conocemos hoy en día. No es una exageración, el riesgo el real. De lo que decidan los holandeses, los franceses y los alemanes con su voto, saldrá el diseño del nuevo continente europeo. Y no habrá vuelta atrás.

Holanda será la primera en acudir a las urnas. Lo hace este miércoles 15 de marzo y llega a la cita con la ultraderecha antieuropeísta como favorita en los sondeos. Su líder, Geert Wilders, del xenófobo Partido de la Libertad, no escatima en desprecios en su discurso agresivo, racista y radical. Tampoco en dejar clara su repulsión absoluta hacia la UE y hacia el mundo musulmán. Precisamente la crisis de los últimos días entre Holanda y Turquía ha hecho que justo eso, la cuestión musulmana, haya estado en el centro del debate en el país, cosa que Wilders ha querido aprovechar.

La tensión diplomática estalló entre ambos países después de que el pasado sábado el Gobierno de La Haya retirase los derechos de aterrizaje del avión del ministro de Exteriores de Turquía, Mevlüt Çavusoglu. El mismo día, la ministra turca de Asuntos Familiares, Fatma Betül Sayan, fue deportada a Alemania después de llegar por tierra a territorio hasta Rotterdam, donde ella y Çavusoglu iban a celebrar un mintin sobre el referéndum convocado por Erdogan para el próximo 16 de abril.

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Y así, con la crisis entre ambos países en carne viva, lo único en lo que Mark Rutte —primer ministro holandés y cabeza de lista de los liberales de derecha para las elecciones— y Wilders coinciden es en que Ankara tiene que pedirles disculpas "por las presiones". El extremista Wilders ha aprovechado para reclamar "cerrar las fronteras" como única solución "a gente como el presidente turco". ¿El resultado? Las encuestas indican un repunte de su formación.

Formar gobierno: una cuestión difícil

Encabeza las encuestas de intención de voto, sí, pero Holanda es un país en el que las coaliciones de Gobierno suelen ser necesarias tras las elecciones, y si esta vez vuelve a requerirse, parece que Wilders tendrá muy complicado forjar una coalición gubernamental.

Aunque el apoyo al PVV ha descendido en las últimas semanas según algunas encuestas, Wilders lidera aún los sondeos en intención de voto de los holandeses y podría obtener en torno al 25% de los votos, o entre 27 y 30 escaños de un total de un Parlamento de 150. Eso le obligaría a negociar una coalición, pero sus oponentes no parecen estar por la labor. Sus afirmaciones xenófobas y antiislamistas le han granjeado el rechazo de sus rivales políticos que se niegan a gobernar con él por considerar que esas posiciones son "incompatibles" con sus programas electorales.

Pero a Wilders esto parece no preocuparle. De hecho, son cada vez más las voces que dudan de que lo que quiera sea, realmente, convertirse en primer ministro de Holanda. Más bien apuntan a que lo que pretende dar un apoyo táctico al futuro Ejecutivo, como ya hizo entre 2010 y 2012, bloqueando múltiples proyectos de ley.

Wilders, desde luego, no va a terminar en una coalición de Gobierno

El liberal Mark Rutte, que es el primer ministro de un Gobierno de coalición con los laboristas del PvdA, ha anunciado que sus preferencias son una coalición con los Demócratas 66 y Llamada Democristiana (CDA). "Wilders, desde luego, no va a terminar allí", ha sentenciado Rutte, líder del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) y segundo en las encuestas.

Los laboristas de PvdA y el Partido Socialista (PS) eligieron como socios de Gobierno a los verdes de GroenLinks, también insistiendo los tres en que no habrá coalición con el populista PVV.

Por tanto, las opciones de Wilders están básicamente en Unión Cristiana y 50Plus, este último un partido más centrado en los derechos de los ancianos que se ha quedado con bastantes votos del PVV.

El temor en la UE

Con un contexto así, la hipotética victoria de Wilders, obviamente, preocupa, pero lo que más temor despierta entre los líderes europeos es que estas elecciones creen un efecto "dominó" que arrastre a los votantes franceses.

"En Holanda es probable que gane Wilders, aunque luego no pueda formar gobierno. Parece que hay una especie de moda por la extrema derecha y esos vientos son favorables para Marine Le Pen. Es difícil que gane en una segunda vuelta, pero no es imposible. Tiene más posibilidades que las que tuvo su padre en su momento", explica a El Huffington Post Miguel Ángel Benedicto, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea.

En Holanda es probable que gane Wilders, aunque luego no pueda formar gobierno

Un buen resultado de la ultraderecha populista en Holanda supondría, por tanto, un empujón electoral para la ultraderechista Marine Le Pen, clara favorita en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia del 7 de abril, en unos sondeos que, a priori, pronostican su derrota en segunda vuelta sea quien sea su rival el 7 de mayo. Pero si Le Pen ganara, cosa que no hay que descartar pese a lo que digan las encuestas veáse lo que pasó en EEUU con Donald Trump, Francia, país central en la construcción europea, tendrían en el poder a la extrema derecha. Y los holandeses pueden ayudar a que este escenario se cumpla.

Holanda, uno de los seis países fundadores de la Unión Europea (UE), cuya economía crecerá en torno al 2% en 2017 y el índice de desempleo caerá hasta el 5,2% de la población activa, según las previsiones recogidas por Efe, se ha convertido en un potencial agente desestabilizador de la UE. Prueba de esto son las palabras de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y exministra francesa de Economía, Christine Lagarde, quien, sólo un mes antes de la cita electoral holandesa, dijo estar "preocupada, como todo el mundo, por el resultado de algunas de estas elecciones" programadas para 2017 en Europa. En la misma línea se ha manifestado el Banco Central Europeo (BCE), que previsiblemente mantendrá sin cambios su política monetaria al tener un ojo puesto en las elecciones en Francia y Holanda, en pleno repunte del populismo. Para el presidente del BCE, Mario Draghi, esto es "como estar en la cuerda floja". Aunque reconoce la evolución positiva de la economía, argumenta que el alza de los precios es temporal, el crecimiento es débil y las perspectivas de futuro están plagadas de riesgos. Estos son, a corto plazo, Francia y Holanda.

La amenaza rusa

Por si todo esto fuera poco, están los eventuales intentos de Moscú por desestabilizar los procesos políticos en la UE, contra los que ha advertido directamente París y ante los que el Gobierno holandés ha decidido contar a mano los votos en las legislativas, por miedo a que un ciberataque pueda alterar el recuento electrónico. El temor es que interfieran en las elecciones, como en Estados Unidos, para favorecer el eje Trump-Wildes-Le Pen, un ideal para el Gobierno ruso.

EL HUFFINGTON POST

Los tres políticos comparten argumentario y se vanaglorian de ello. Como sus "colegas", Wilders se presenta como el salvador de su país ante la amenaza de la islamización neerlandesa y de este modo gana adeptos en un contexto en el que, según alertó en un reciente informe el Centro Antiterrorista de Europol, el yihadismo sigue representando una amenaza latente, con Francia a la cabeza de la lista de objetivos. Como Trump y Le Pen, el político holandés se sirve del discurso del miedo y del odio.

Nada está definido todavía: hasta el jueves no se sabrán los resultados provisionales y no será hasta el martes 21 cuando se anuncien los oficiales. Todo puede pasar a estas alturas del juego, pero los líderes europeos tienen claro que el futuro de la UE es más incierto que nunca. Y que poco o nada pueden hacer por ahora. Todo está en manos de los votantes, que deberán decidir en quién confían para guiar su futuro. Sólo cabe esperar que, dentro de unos meses, no se arrepientan de su elección.

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