POLÍTICA

Miguel Urbán, un anticapitalista en la burbuja de Bruselas

Cenamos con Miguel Urbán para conocer su día a día como eurodiputado de Podemos

02/04/2017 20:48 CEST | Actualizado 02/04/2017 20:49 CEST
Getty

Imagino la vida de un anticapitalista en la burbuja de Bruselas y me viene a la mente un pez por el desierto; una imagen armónica en un cuadro de Dalí pero difícilmente explicable fuera del lienzo. La región de Bruselas capital es, después de Londres y Luxemburgo, la más rica de Europa. En el corazón de la Unión Europea trabajan miles de funcionarios, diplomáticos y personal diverso con un tren de vida muy alejado de los de abajo. ¿Cómo se puede ser parte de este circuito predicando la revolución y el anticapitalismo?

Estoy sentando en l´Ultime Atome, una conocida brasserie en la plaza Saint-Boniface, esperando a que llegue Miguel Urbán (Madrid, 1980) para desvelarme el misterio. Urbán es eurodiputado de Podemos desde 2015 y líder de su sector anticapitalista, una suerte de guardián de las esencias que en el peor momento entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón alertó sobre el espectáculo que estaban dando. Su lenguaje guerrero es patente en la carta de presentación de su web: "El bipartidismo del PP-PSOE es un tapón que Podemos puede descorchar: ¡seamos las burbujas que los hagan saltar por los aires!".

Miguel Urbán llega unos minutos tarde acompañado de un colaborador, que se presenta pero se va, fiel a nuestro acuerdo de charlar tranquilamente solos. Hay mucho ruido. Pregunto al camarero por una mesa tranquila. "Enseguida empieza el partido de Champions". Merde. Nos vamos a otro lado. Urbán se deja guiar por el barrio que apenas conoce a pesar de que vive en él. "Piso poco la casa, la dejo mucho a los amigos. Prefería un sitio donde poder dejar mis cosas en lugar de un hotel [la opción que eligen algunos eurodiputados], que es además un poco más caro. Salgo de casa a las 8:20 y ayer regresé a las 12:15 de la noche".

El Darth Vader de la política europea claramente es Jean Claude Juncker, porque sirve al verdadero malo.

Hemos terminado en Le Brassins, restaurante típico de comida belga sin pretensiones en una callecita apartada. El sitio es conocido porque a pocos metros está la casa en la que nació Audrey Hepburn. Ella hubiera pedido champagne –más burbujas- pero aquí reina la cerveza belga, uno de los pocos asuntos que los belgas toman muy en serio. Me apresuro a pedir una Caulier porque quiero generar un ambiente distendido –y porque tengo sed, demonios- pero Urbán responde a la camarera que sólo quiere agua. Sin gas. Sin más. Lenin prohibió el vodka al triunfar la revolución rusa –llegó a decir que venderlo era peor que la muerte- ¿tiene Urbán planes parecidos en el asalto a los cielos? Me quedo con la idea rondando. Demasiado pronto para provocar.

La imagen austera e informal que proyecta Miguel Urbán –en camiseta, casi siempre de negro, con mochila, barba y gafas– no es la de un eurodiputado al uso. Mientras me habla de sus viajes a los campos de refugiados, hace gala de que pasa desapercibido. "No se nota mucho que soy eurodiputado. En un debate al que me invitasteis Pablo Zalba [ex eurodiputado del PP que ahora preside el Instituto de Crédito Oficial] se ofreció a llevarme a comprar una americana. Que me la pagaba él a cambio de que me la pusiera". Ríe.

Mientras nos traen la carta, Urbán me cuenta que apenas conoce Bruselas. Tiene una relación prácticamente virginal con la ciudad. Aquí se dedica a trabajar. Incluso me asegura que su "compañera" antes vivía aquí y cuando venía a visitarla "no salían de casa". "Sólo he salido por aquí una vez. Fue cuando presentamos el círculo de Bruselas [2014]. Venía muy cansado, sin dormir, y quería ir directo al hotel porque al día siguiente cogía un Ryanair a las 7. Al final fueron dos noches sin dormir por culpa de una fiesta de Eramus...".

Flickr/Podemos

Me he propuesto no hablar de política con Urbán, al menos no sólo. Les he prometido a los jefes de El Huffington Post que esta no será una ¿aburrida? conversación más sobre las crisis de Europa. Lo estoy consiguiendo, pero no por mucho tiempo. Le he preguntado sobre sus series favoritas, entre las que cita The Wire, House of Cards, Homeland y Juego de Tronos –"me gustaba antes de entrar en Podemos", matiza, como si pudiera parecer que empezó a verla siguiendo los pasos del gran jefe Pablo Iglesias. Ahora está leyendo Pobres magnates, un libro sobre el ascenso del Tea Party. Su última película en el cine fue Rogue One. "Soy un acérrimo seguidor de la Guerra de las Galaxias". En este punto no me puedo resistir a cruzar la línea. Sin retorno. ¿Quién es el Darth Vader de la política europea?

"Claramente [Jean Claude] Juncker [presidente de la Comisión Europea] porque es el que sirve al verdadero malo, el poder en la sombra, el que no se presenta a las elecciones, el poder corporativo que le interesa el CETA, el TTIP... Un 1% que gobierna al 99% restante". ¿Y quién es Obi-Wan Kenobi? "Manolis Glezos, historia viva de la izquierda, desde que se subió al Partenón, quitó la esvástica Nazi y puso la bandera griega; él logro escapar pero a su hermano lo mataron...". ¿Y quién es Luke Skywalker?

"Es complicado, hay muchos anónimos.... No veo a Iglesias muy jedi". Dada mi ignorancia galáctica pregunto si Iglesias no tiene espada láser. "Lo veo más Han Solo, más pendenciero. Yo también me veo más como Han Solo que como un jedi". ¿Qué diferencia un Han Solo de un Jedi? "Yo no soy un monje [ríe]. Un jedi al final es un monje. Creo que Pablo [Iglesias] tampoco es un monje". Irresistiblemente pregunto si Irene Montero es la princesa Leia, pero Urbán corta: "¡Creí que ibas a decir Ada Colau! Las acusaciones a Montero han demostrado un gran machismo. Vivimos en una sociedad patriarcal y machista".

EFE

Volvemos a hablar de cine y surge la amistad que Urbán tiene con Yanis Varoufakis, el enfant terrible de la política griega. "La primera vez que quedé a comer con él nos vimos en el Barrio Latino de París. Estaba impactado por la casa en la que estábamos, era preciosa. Varoufakis me dijo: no, no, la casa no es mía, es un buen amigo, no sé si lo conocerás: es Costa-Gavras. Está en el piso de arriba". Al parecer ese es el lugar donde Varoufakis pernocta en la Ciudad de la Luz. Y le pega mucho, pienso. Por algo tiene una reputación de gauche divine desde su reportaje en Paris Match.

Urbán está ya comiendo su brocheta de carne acompañada de frites, las patatas fritas que los belgas dicen orgullosamente haber inventado –y fríen dos o tres veces según la receta- pero los americanos insisten en llamar "patatas francesas". Yo he pedido un entrecot simple face, hecho por una sola cara. Por la otra compruebo que tiene suficiente mostaza y cebolla para hacer llorar a Humphrey Bogart.

Urbán me habla de los viajes que le han marcado siguiendo los horrores de los refugiados, en la isla de Lampedusa en Italia, en Serbia, Hungría, Francia.... "La tercera vez que estuve en la jungla, en Calais, estaban desalojando a los refugiados, quemando las casas de la gente. Me metí en una auto caravana y me encontré con 11 iraníes en huelga de hambre. Se habían cosido la boca para que no hubiera dudas. ¿Sabes lo que es mirar a una persona con la boca cosida preguntarte tú que vas a hacer por mí? ¿Qué coño le respondes?".

En España no existe un fenómeno como Le Pen gracias al 15-M, las mareas y Podemos.

¿No es injusto criticar a la Unión Europea por nuestra lamentable respuesta a la crisis de refugiados? Hay un plan sobre la mesa de la Comisión Europea para reubicar hasta 160.000 pero son los Estados los que lo boicotean. Urbán discrepa. Si la UE ha hecho con Grecia lo que ha querido, cómo no van a ser capaces de imponer la solución a los refugiados si de verdad quisieran, me asegura.

Europa está patas arriba. Reino Unido tiene un pie fuera de la Unión Europea y Marine Le Pen puede ganar en Francia. ¿Qué tiene que ver Podemos con todo esto? Íñigo Errejón reconoció en una entrevista que hay un hilo conductor entre el Frente Nacional y Podemos. Le pregunto a Urbán por qué votan el 40% de las veces lo mismo que Marine Le Pen. "Según González Pons, el PSOE y el PP votan un 94% de las veces lo mismo".

¿Si ellos son la gran coalición, qué clase de coalición tienen los de Pablo Iglesias con Le Pen? "Me parece muchísimo, es extrañísimo [sobre su coincidencia con Marine Le Pen el 40% de las veces]. Nosotros somos su antídoto. En España no existe un fenómeno como Le Pen gracias al 15-M, las mareas y Podemos. Hemos ocupado el espacio de política contra las élites. Cuando coincidimos en el voto lo hacemos por razones distintas". [La plataforma Votewatch me ha informado después que Podemos vota con Le Pen un 42% de las veces y PP y PSOE convergen un 75% en sus votaciones en la Eurocámara].

Flickr/Podemos

Llegados a este punto, mientras Urbán sigue con su agua y yo pido otra Caulier, ole, le pregunto cómo sortea las contradicciones de ser anticapitalista y vivir en Bruselas, a lo que responde evocando la palabra que empieza por la letra R en este centenario de la revolución rusa. "Yo lucho y quiero hacer la revolución para que todo el mundo viva bien, no para que todos vivamos mal. Cuenta Mika Etchebéhère [brigadista y autora de un libro sobre la Guerra Civil] que cuando asaltan una finca de un terrateniente en Guadalajara se encontró a los milicianos en la cocina comiendo jamón a dos manos. Ella empieza a regañarles hasta que el sargento, también extremeño, le dice: Mira Mika, ellos han cuidado cerdos toda su vida para señoritos y nunca habían probado el jamón. Para nosotros hacer la revolución es comer jamón serrano".

Preparando nuestro encuentro, he encontrado con una noticia de Público de 2011 titulada "Un mileurista liderará la lista de izquierda anticapitalista". Urbán trabajaba entonces en una ONG y según explica ganaba más de mil euros pero estaban en medio de un ERTE. Le pregunto qué queda de aquel joven que se enfrentaba a la precariedad habitual de los jóvenes españoles y cuál es su truco para seguir siendo de los de abajo cuando vive como los de arriba. Urbán me habla del código ético de Podemos, de los límites que se han puesto en el sueldo y de otras costumbres que han adoptado, "no utilizamos el coche oficial salvo para ir al aeropuerto en Estrasburgo porque no suele haber taxis y es la única forma de que lleguemos a tiempo al avión. Y además es una furgoneta, ni siquiera es un coche". Remata con metáfora: "Es muy importante que la moqueta no ocupe tu cabeza".

No le he preguntado cuánto gana pero empieza a dar detalles. A su sueldo como eurodiputado (8.020 euros brutos al mes, más dietas y ayudas para gastos de oficina) le resta una cantidad que dona a anticapitalistas, a Podemos, a "iniciativas que la gente decide donde van". "Yo cobro 1600 euros exactamente. Ahora cobramos un poco más en Podemos porque ha subido el salario mínimo interprofesional". Este apunte me deja algo perplejo. Los dirigentes de Podemos se han beneficiado de la medida a la que se opusieron para otros trabajadores. "Creíamos que era insuficiente. Y además no funciona para los que no tienen convenio; era un lavado de cara". ¿Mejor una subida que nada, no? Urbán despeja balones. "¿Qué es mejor trabajar en esclavitud o semi-esclavitud?".

Íñigo [Errejón] está en la dirección. En otros partidos, cuando uno pierde, sale.

Podemos parece el partido de todo o nada, porque si no consiguen íntegramente su objetivo, prefieren no pactar un camino intermedio. Hace unos meses cuando tuvieron que elegir entre Gianni Pittella (socialista) y Antonio Tajani (conservador) los eurodiputados de Podemos e Izquierda Unida se abstuvieron. ¿Si Podemos no apoya a un socialista ni para presidir el Parlamento Europeo, cómo van a gobernar junto al PSOE España? Urbán asegura que Pittella no les dio garantías de un viraje a la izquierda. Es el PSOE quien debe cambiar, dice. "O deciden hacer política a favor de la mayoría social o siguen con la gran coalición con el PP, deben elegir...".

Una llamada de teléfono irrumpe en la conversación. Responde y, con el tabernario ruido de fondo, dice serio: "Estoy en una entrevista. ¿Es urgente?". Parece que no. Cambio de tercio a Podemos y sus rivalidades internas. Me cuenta que advirtió sobre el espectáculo que estaban dando antes de Vistalegre II – "parecía que sólo nos importaban los nombres"– y pregunto si no es una pena para su partido que Errejón quede en segundo plano. "Íñigo está en la dirección, en otros partidos cuando uno pierde sale. Había que dar un impulso a la portavocía del Congreso y se le ofreció ser portavoz adjunto, pero no quiso". Urbán critica la oferta de Iglesias a Errejón para la comunidad de Madrid. "Eso ahora no toca. Primero el proyecto y luego ponemos caras".

¿Postre? Urbán pide un tiramissu con espéculos, unas galletas belgas de canela. Le acompaño con café mientras me cuenta sus visiones sobre Cataluña. Le gusta repetir la frase de Martin Luther King, "la justicia antes que la ley", y asegura que los catalanes deben poder votar, con acuerdo de por medio, si es posible. Si antes ha puesto de vuelta y media al PSOE, ahora Urbán empieza a lanzar tomahawks contra el PP por no saber pactar. "Al PP le huelen los pies a franquismo, no saben lo que es la democracia, la están conociendo, son los herederos de la dictadura".

Flickr/Podemos

El ascendente franquista del PP me ha recordado las aventuras chavistas de los fundadores de Podemos. Antes de la fundación del partido, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, entre otros, trabajaron asesorando a Hugo Chávez y otros gobiernos de la misma cuerda en la región a través de la Fundación CEPS. "Hay cinco sentencias que niegan que Podemos haya recibido financiación....". La conversación sube de temperatura pero sigue cordial incluso cuando sugiero que cuanto peor le vaya a España mejor le irá a Podemos. A golpe de salero sobre la mesa, eso sí, espeta: "¡Yo no quiero que me den la razón!".

Urbán acaba de ser padre y terminamos la cena mientras me enseña las fotos de su hijo y me revela algunas costumbres nuevas. "Por la noche me escondo en el baño unos minutos para leer un libro. Por las mañanas hago lo mismo con los diarios deportivos". Resulta que Urbán hacía antes mucho deporte. Estaba federado a fútbol, a balonmano, a ping pong; ahora sigue yendo a la montaña "un poquito". Antes pesaba 68 kilos, cuenta. "Tuve una grave lesión de rodilla. Me hicieron una entrada mala, se me salió, me la coloqué para seguir jugando, soy un poco bestia...". Acumula 11 operaciones con anestesia general. Lo cuenta con humor.

Estamos a punto de terminar pero tengo pendiente antes averiguar si tiene una leniniana cruzada ideológica contra el alcohol. "Tomo poco. Me gustan los licores, el pacharán... alguna vez ron. No bebo prácticamente y para ir de cañas es complicado. Tomo agua, café. No tomo refrescos. ¡Para mí hacer boicot a Coca-Cola ha sido sencillo!". Nos despedimos en una esquina del barrio, entre su casa y la mía. Nunca nos habíamos cruzado. Tan cerca y tan lejos.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

-El Plan B que Varoufakis y la izquierda europea han trazado en Madrid

-Facu Díaz logra unir a Podemos en este tronchante hilo de Twitter