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¿Sabes cuánto CO2 emites y cómo evitarlo?

Algunos gestos con los que podemos frenar el calentamiento global.

07/04/2017 19:20 CEST | Actualizado 19/04/2017 13:24 CEST

Ni te imaginas todo el CO2 que emites. ¡Ah!, espera, que has oído hablar mucho del CO2, pero en realidad no sabes qué es. No te preocupes, algunos de nuestros diputados tampoco.

El CO2, el dióxido de carbono, es uno de los gases más abundantes y esenciales en la atmósfera: nosotros lo necesitamos para respirar; las plantas, en su proceso de fotosíntesis; y nuestro planeta, para no convertirse en un bloque de hielo. No se ve ni se huele, y no tiene un efecto contaminante nocivo para nuestra salud, como otros gases que también se han hecho famosos en los últimos tiempos, como el dióxido de nitrógeno (NO2), producido principalmente por los coches.

¿Y por qué todo este revuelo si es tan beneficioso? Porque como todo en la vida, lo bueno en exceso deja de serlo. En este caso, el desarrollo humano producido en las últimas décadas ha generado enormes cantidades de CO2. Este gas tiene el que se conoce como efecto invernadero: impide que el calor se escape al exterior de la atmósfera. Si hay demasiado, también hay demasiado calor, hasta el punto de que se está provocando un cambio en el clima a nivel planetario, que ya está produciendo consecuencias negativas y que, si no lo impedimos, irá a peor.

Una vez que sabemos qué es el CO2 y cuáles son sus efectos, vamos a ver cuánto CO2 emitimos en siete ejemplos de acciones de nuestra vida cotidiana:

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¿QUIERES CALCULAR TU HUELLA DE CARBONO?

La huella de carbono señala el impacto de las emisiones de CO2 en el cambio climático y las diferencias entre países. Este concepto se inspira en otro más conocido, el de la huella ecológica, que recuerda que los seres humanos consumimos como si tuviéramos una Tierra y media. Aunque hay países que consumen mucho más, como España, que gasta el equivalente a tres Españas y media. Si bien, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos son los campeones de la huella ecológica mundial: es el doble que la de nuestro país.

Los ciudadanos podemos conocer cuál es nuestra huella de carbono con unas calculadoras que nos preguntan por nuestras actividades cotidianas más corrientes y nos indican cuánto CO2 emitimos por ellas. En Internet se pueden encontrar varias calculadoras de carbono, como la de la Carbon Footprint, una empresa estadounidense especializada en este concepto, que diferencia entre países y tipo de actividad.

Además de ver en número cuánto CO2 generamos, calcular nuestra huella de carbono puede servir para compensar emisiones. Este sistema fue inventado por Naciones Unidas como una manera de contribuir a la lucha contra el cambio climático. Si no podemos evitar emitir CO2, al menos sí podemos hacer otras acciones para compensarlo. Por ejemplo, plantar árboles, que absorben el CO2 de la atmósfera.

QUÉ PODEMOS HACER PARA REDUCIR NUESTRAS EMISIONES DE CO2

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Ahorrar energía: uno de los principales responsables del enorme aumento del CO2 es nuestro voraz consumo de energía, principalmente basado en combustibles fósiles. Por ello, la ecuación es sencilla: cuanta menos energía consumamos, menos emisiones generaremos. Evitar el derroche, utilizar aparatos y servicios de alta eficiencia energética, tener un buen aislante térmico en la vivienda que reduzca el consumo de calefacción y aire acondicionado, o utilizar energías renovables son algunas medidas.

Asumir un modo de vida más ecológico con las clásicas tres erres: Reducir nuestro consumo hasta lo que sea necesario, Reutilizar todo lo que podamos antes de tirar las cosas, y Reciclar. Para este último apartado, un dato que lo ejemplifica. Desde 1998, cuando aparecieron los primeros contenedores amarillos y azules en España, se han reciclado más de 16 millones y medio de toneladas de envases, evitando la emisión de más de 16 millones de toneladas de CO2, según Ecoembes, la sociedad que gestiona el reciclaje de dichos contenedores.

Viajar de manera más sostenible: el transporte, basado también en el consumo de combustibles fósiles, es otro de los grandes responsables de las emisiones de CO2. Por ello, siempre que podamos, hay que evitar el coche privado —o al menos compartirlo para aprovechar al máximo su espacio—,ir en transporte público y, lo mejor, a pie o en bicicleta, que además es más saludable.

Llevar una alimentación baja en carbono: además de ser más saludable, consumir alimentos producidos con menos emisiones de CO2 es también beneficioso para el medioambiente. Para ello son recomendables los productos locales, frescos y de temporada, y reducir el consumo de carne en la medida de lo posible.

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