ECONOMÍA

El mundo mágico de 'Harry Potter' es una dictadura clasista

Dos economistas analizan la sociedad de la saga y el resultado da miedo.

17/04/2017 17:44 CEST | Actualizado 17/04/2017 17:44 CEST
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La gente suele considerar Harry Potter un mero entretenimiento o, como mucho, una estupenda saga y buen material de lectura para niños. Pero esos jóvenes lectores están tragándose los valores que emanan de la obra, entre ellos, los económicos.

Dos economistas israelíes han elaborado un estudio en profundidad sobre la economía del mundo mágico titulado Economía Potteriana (Potterian Economics) en el que abordan una serie de visiones del mundo que se infieren de los libros de J. K. Rowling.

La idea surgió tras descubrirse la influencia positiva que Harry Potter ejerce en la visión que tienen sus lectores sobre las comunidades y minorías estigmatizadas (inmigrantes, homosexuales, otras razas). ¿Cómo se traduce esto en la visión que tienen del comercio o el Estado? El resultando de su investigación da miedo.

LA DICTADURA DEL MINISTERIO DE MAGIA

"¿Qué pensarías de un gobierno que practica alguna de estas actividades?

  • Tortura a los niños por mentir
  • Diseña una prisión con el objetivo de chuparle la vida a los presos
  • Encarcela a los ciudadanos sin juicio previo
  • Permite a los poderosos, ricos y famosos controlar las leyes
  • Celebra juicios sin abogado defensor
  • Fuerza confesiones con un suero de la verdad
  • Controla a la prensa
  • No celebra elecciones

Parece una dictadura centroafricana pero se trata del Ministerio de Magia".

La máxima institución gubernamental de Harry Potter parece ostentar todos los poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, además de contar con la simpatía del principal medio de comunicación. No parece que exista una separación de poderes ni tampoco elecciones democráticas. Los ministros acceden al cargo sin intervención de la población. Como no existe nada parecido a una Constitución, el Gobierno puede modificar o interpretar las leyes a su conveniencia, y lo hace en múltiples ocasiones.

La sociedad mágica sabe muy poco de cómo se toman las decisiones porque falta transparencia debido a la corrupción, que afecta a todos los niveles. Esto se acrecienta por la existencia de un monopolio informativo, señalan los autores: la única fuente periodística importante es El profeta, un diario siempre afín al Gobierno y las clases altas. A pesar de ello el Ministerio de Magia goza de gran popularidad, quizá porque es el mayor empleador de la sociedad. Todos los magos dependen de él para obtener productos y servicios y la mayoría para obtener ingresos. Su tamaño es tal que permite el pleno empleo porque absorbe hasta al más ineficiente de los trabajadores. Como ejemplo, los autores aluden a Bertha Jorkins, cuya desaparición de su puesto ministerial pasa desapercibida durante semanas.

Las clases medias ganan lo suficiente para vivir cómodamente pero no para ahorrar, por lo que trabajan durante toda su vida. Los ricos llevan una vida de lujo e influencia. Ambos grupos se relacionan lo justo.

La economía potteriana no crece, ni tampoco la demanda, observan los economistas. Esto es debido en parte a que la población tampoco parece haber aumentado en los últimos siglos, ya que el tamaño de Hogwarts sigue siendo el mismo que hace mil años. Pero también ocurre porque nadie acumula el saber ni el capital humano necesario para avanzar ni se desarrolla nueva tecnología, excepto en la industria de las escobas voladoras. El Gobierno planea la economía al detalle, determina qué se va a producir y qué se va a importar. Pero el Ministerio de Magia es corrupto e ineficiente sin importar quién lo encabece.

El control estatal, tanto de la producción como del empleo, permite una gran estabilidad porque los precios y la producción no cambian nunca y no existe el paro.

LA SOCIEDAD MÁGICA LA CONTROLA UNA OLIGARQUÍA

La comunidad mágica está compuesta por una gran clase media (media-baja y media-alta) y una pequeña élite que lo controla casi todo. Las clases medias ganan lo suficiente para vivir cómodamente pero no para ahorrar, por lo que trabajan durante toda su vida. Los ricos llevan una vida de lujo e influencia. Ambos grupos se relacionan lo justo. Esto, unido a la corrupción y la falta de dinero y préstamos, provoca que la movilidad social sea nula. Los autores señalan que sólo hay un personaje que ascienda de lo más bajo a lo más alto a través del esfuerzo y el talento, y es Voldemort.

El sistema educativo es público. Todos los magos se gradúan con conocimientos básicos que les permiten encontrar un empleo. Aunque las instituciones educativas gozan de enorme popularidad y ser profesor es un puesto de gran prestigio —los autores ponen de ejemplo a Lockhart, un escritor popular y rico que decide convertirse en maestro—, no existe nada parecido a una universidad ni tampoco a la educación infantil o primaria. Al graduarse, los magos se colocan para siempre en un puesto. Como no hay incentivos para seguir formándose, nunca aumentan sus conocimientos. Los autores critican que el sistema educativo mágico se centra en aprender habilidades prácticas y dedica poco o nada de tiempo a la teoría, la literatura, las artes o la filosofía. "La mayoría de los estudiantes por tanto carecen de creatividad y no pueden pensar de forma original e independiente", apuntan.

Aunque Hogwarts es de los pocos sitios del mundo mágico en los que aparentemente se trata a todos los estudiantes por igual, y casi el único en el que ricos y pobres interactúan, en la práctica no es cierto, ya que la mayoría de los niños de clase alta acaban en la misma casa. Esto provoca que sólo se identifiquen con sus iguales, que luchen por quedar por encima y sientan hacia los demás rivalidad y tensión. Además, el único colegio mágico del país está bajo la supervisión del Ministerio de Magia, que influye como quiere en el currículo. Un currículo que, por cierto, no ha sido actualizado desde hace siglos literalmente, por lo que padres e hijos salen del colegio sabiendo exactamente lo mismo.

GRINGOTTS, EL MONOPOLIO BANCARIO

Los magos sólo tienen un banco, Gringotts, localizado en un único lugar, el Callejón Diagón. Un perfecto monopolio. Aunque sus clientes son magos, los que lo llevan son gnomos, descritos como "codiciosos, amantes del oro, egoístas y poco amigables hacia los humanos".

Los magos sólo tienen un banco, Gringotts, localizado en un único lugar, el Callejón Diagón. Un perfecto monopolio.

Gringotts no es un banco normal porque no ofrece préstamos. De hecho, no existe ninguna institución en la que los magos puedan acceder a un servicio así; siempre que necesitan fondos deben recurrir al juego, a amigos o a usureros. Y como no existen los mercados financieros, el Gobierno no puede emitir deuda y depende de las donaciones de individuos o instituciones con dinero para costear sus servicios, lo que "fomenta la corrupción y la influencia de los ricos, reduce el bienestar y limita la movilidad social, al dificultar la apertura de negocios a las clases medias y pobres".

En opinión de los economistas, "los magos parecen considerar los servicios financieros como algo inmoral" y no se interesan por trabajos que tengan relación con ellos; por tanto, los puestos de trabajo son ocupados por los gnomos, "a los que consideran inferiores". Ambos relacionan esta visión tan negativa con la que tenía la Europa del pasado hacia una profesión que consideraban "de italianos y judíos", retratados con adjetivos similares a los que reciben los gnomos. Los autores del estudio señalan que estas observaciones son "sorprendentes", ya que la saga se considera un pilar contra los estereotipos.

LOS GALEONES, SICKLES Y KNUTS FUNCIONAN A BASE DE CONFIANZA

El resumen que hace el estudio de la moneda mágica es que carece de tres propiedades básicas que debe tener el dinero para funcionar de forma eficiente: debe ser fácil de transportar, de dividir y de acumular. Los galeones, sickles y knuts de Harry Potter, al estar hechos de materiales preciosos —oro, plata y bronce, respectivamente— pesan muchísimo, se acumulan en montañas desordenadas dentro de una cámara acorazada como el tesoro de un dragón y carecen de subdivisiones.

Su valor no es el del metal que las compone sino el que establece la comunidad y, por tanto, nunca cambia. Se comportan como dinero fiduciario, basado en la confianza de que el intercambio se hace por productos iguales en valor. Pero en el mundo muggle, el valor en peso de un galeón es unas diez veces mayor que el que tiene en el mundo mágico. Un mago ganaría una fortuna derritiendo sus galeones, vendiendo el oro en el mundo muggle y reconvirtiendo lo ganado en dinero mágico de nuevo (a un cambio que el estudio fija en 7,5 dólares por galeón).

Los precios en la economía mágica son rígidos, probablemente por conveniencia, según los economistas: los comerciantes deben redondear porque la moneda no es divisible. El comercio internacional y los viajes el extranjero son poco habituales. La mayoría de los magos habla sólo un idioma, consume sólo productos nacionales y desconoce por completo las costumbres y tradiciones de otras culturas.

CONCLUSIÓN: HARRY POTTER CONTRIBUYE A LA "ECONOMÍA POPULAR"

El mundo mágico cuenta con numerosos monopolios (privados y estatales), un Gobierno ineficiente y corrupto, una movilidad social muy limitada, un comercio restringido, una sociedad y una economía estancadas y falta de capital social y material. Combina ingredientes de diversos modelos económicos y políticos pero no se adhiere a ninguno en concreto e incurre en varias contradicciones.

Los autores del estudio creen que la visión de la economía y la organización política del mundo de Harry Potter contribuye a afianzar y extender la economía popular, algo que describen como "las nociones intuitivas de un grupo de individuos ingenuo a los que les importa mucho la distribución pero no entienden cómo funcionan los incentivos ni la eficiencia". Por eso, opinan, muchos de sus conceptos "están distorsionados" e incluyen "numerosos prejuicios, imprecisiones y errores".

El mundo mágico cuenta con numerosos monopolios (privados y estatales), un Gobierno ineficiente y corrupto, una movilidad social muy limitada, un comercio restringido, una sociedad y una economía estancadas y falta de capital social y material.

El público expuesto a los postulados sociales y económicos de Harry Potter "puede ser persuadido fácilmente por argumentos populistas contra los extranjeros y el comercio internacional, contra los empresarios, banqueros y otros proveedores de servicios financieros, y hasta contra la autoridad", advierten los economistas. Sin embargo, creen que la crítica gubernamental apunta a un buen cambio hacia el realismo desde la ingenuidad los años 50, cuando los obras más populares (El Señor de los Anillos de Tolkien o la Fundación de Asimov) presentaban siempre gobiernos eficientes y benevolentes.

Los autores finalizan con una reflexión bastante pesimista del final de la saga. La guerra mágica termina cuando la inmensa mayoría de la clase media se alían con los héroes en la lucha pero el resultado no es un nuevo orden social. Los magos de clase alta mantienen su privilegios y no se organiza una democracia.

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