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Las 16 grandes frases de Eduardo Mendoza al recoger el Premio Cervantes

"Don Quijote es el primer caso certificado de lector demasiado crédulo y así le va".

20/04/2017 13:34 CEST | Actualizado 20/04/2017 15:52 CEST
EFE
El escritor barcelonés Eduardo Mendoza a su llegada al Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, donde hoy recibe de manos del Rey el Premio Cervantes 2016.

Eduardo Mendoza ha recibido este este jueves 20 de abril el Premio Cervantes. El galardón, el más importante de la lengua española, se hizo público el 30 de noviembre, pero no es hasta la semana en la que se celebra el Día del Libro (23 de abril) cuando se hace entrega de este honor en la Universidad de Alcalá de Henares, ciudad en la que nació Miguel de Cervantes.

Mendoza, que ha esperado la llegada de los Reyes de España inquieto, nervioso, se ha mostrado ya más tranquilo en su discurso. Este ha girado alrededor de la obra magna de Cervantes, El Quijote, que Mendoza ha confesado haber leído en multitud de ocasiones. Además, ha querido dar las gracias a dos personas en especial: "A Pere Gimferrer, que me dio mi primera oportunidad y es mi editor vitalicio y mi amigo incondicional. La otra es por supuesto Carmen Balcells, tantas veces presente en este paraninfo y cuya ausencia empaña la alegría de este acto".

"He sido y sigo siendo lector de Cervantes y asiduo lector de El Quijote. Con frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo. Con cada lectura y relectura el libro mejora y mejora el lector", ha dicho. Así, el autor barcelonés ha destacado cuatro lecturas importantes en su vida de este libro: en la escuela, en su etapa de juventud, "como padre de familia" y la última y más reciente cuando el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, le comunicó su premio.

"La posición que ocupó aquí en este mismo momento es envidiable para todo el mundo excepto para mí", ha arrancado Mendoza su discurso, siempre jugando con la sonrisa de los presentes: "Estaba convencido de que eso [el humor] me pondría a salvo de muchas responsabilidades. Ya veo que me equivoqué".

Como ha destacado el rey Felipe VI, Mendoza "es un verdadero artesano del humor<", un "relojero de las frases". Estas son algunas de las frases más destacadas que ha dejado caer Mendoza en su discurso (al completo, abajo del todo).

[Sobre el humor] Aunque fuera un género menor habría que buscar y reconocer en él la excelencia.
Cuando se lee 'El Quijote' uno nunca se sabe lo que le puede pasar.
Las vocaciones tempranas son árboles con muchas hojas, poco tronco y menos raíz.
En la clase de literatura nos enseñaron algunas cosas que entonces no me sirvieron de mucho y hoy me han servido de poco.
Alguna vez me he preguntado si Don Quijote estaba loco o si pretendía estarlo para transgredir las puertas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma.
Cual no sería mi entusiasmo [con 'El Quijote'] que traté de compartirlo con mi padre, hombre aficionado a la literatura. Mi padre me escuchó y me dijo que sí, pero que era mejor Lope de Vega. Hasta en eso teníamos que disentir.
Yo quería hacer como Alonso Quijano: correr mundo, tener amores imposibles y deshacer entuertos.
Hay otro tipo de humor en la escritura de Cervantes, que no está tanto en la escritura o en los diálogos como en la mirada del escritor.
Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo y atemorizado por cómo está el mundo.
Una novela es lo que es: ni la verdad ni la mentira.
El que lee una obra de ficción y no se cree nada de lo que allí se cuenta, va mal; pero el que se lo cree todo, va peor.
Don Quijote es el primer caso certificado de lector demasiado crédulo y así le va.
Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y a la economía; ahí los tiempos siempre son inciertos.
Para los que tratamos de crear algo el enemigo es la vanidad. La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo.
La tecnología ha cambiado el soporte de la famosa página en blanco pero no ha eliminado el dolor que suscita ni el valor que hace falta para acometerla.
Todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja.

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