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María Fernández Miranda: "Hay dos tipos de reacciones cuando no tienes hijos: qué egoísta o pobrecita"

Hablamos con María Fernández Miranda de su libro 'No madres'.

07/05/2017 10:15 CEST | Actualizado 07/05/2017 10:15 CEST
Plaza y Janés

Dicen las estadísticas que una de cada cuatro mujeres nacidas en 1975 —año de nacimiento de la autora de No madres— no tiene hijos. Pero parece que, por muchas que sean las féminas que rompen con el ciclo aprendido —nacer, crecer, reproducirse y morir—, siguen enfrentándose a preguntas incómodas y a un buen número de prejuicios caducos.

Varias mujeres con imagen pública llevan tiempo alzando su voz en este sentido: Cameron Diaz, Renée Zellweger, Hellen Mirren, Oprah Winfrey... "No es necesario casarse o ser madre para sentirse completa", clamaba Jennifer Aniston en una carta enviada al HuffPost, harta de que escrutasen continuamente su cuerpo en busca de las huellas de un embarazo.

En España, también las hay que se han rebelado en defensa de su libertad para decidir no ser madres sin ser juzgadas, como las actrices Maribel Verdú y Carmen Ruiz, la cantante Alaska, la presentadora Paula Vázquez... La periodista María Fernández Miranda ha decidido reunir las experiencias de algunas de las mujeres que han permanecido calladas con la suya en un libro titulado No madre (Ed. Plaza y Janés).

"Nos vemos abocadas a catalogarnos desde la negación porque representamos una anormalidad en un momento en el que la mayoría de las madres de mi generación se venden a sí mismas como auténticas heroínas por la frenética carrera en la que se encuentran inmersas para llegar a todo", escribe la autora en las primeras páginas de su libro. Un libro que, como ella quiere dejar bien claro, no "es en contra de la maternidad, sino en defensa de la libertad de elección".

Al inicio del libro reproduces una conversación con tu madre con motivo de tu boda que al final ha resultado ser premonitoria. "Voy a rezarle a san Antonio para que tengas un bebé", te dice ella. "Anda, mamá, ¡mejor pídele que publique un libro, que me haría más ilusión! Y ya tienes el libro...

Bueno, lo del libro está siendo muy bonito. Yo sentía que necesitaba darle un sentido a ese proceso tan doloroso y digamos que lo he encontrado. El libro está ayudando a otras mujeres que están contactando conmigo porque o no quieren o no pueden ser madres y se han sentido menos solas. Ha sido como crear algo para romper el tópico, porque parece que solo te realizas dando vida y también puedes crear otras cosas.

Nunca había sentido un gran instinto maternal y nunca he pensado que la realización de la mujer pasara por ahí. La gente me pregunta: ¿y entonces por qué te sometes a siete fecundaciones?

Al leer el libro me ha dado la sensación de que te ha servido para desnudarte emocionalmente. Además, empiezas muy contenida pero luego te sueltas...

Pues mira no sé... No sé si empiezo más contenida y voy desnudándome. Sí que es verdad que esa parte personal la empecé a escribir para mí, como terapia. No pensaba dársela a leer a nadie. Luego decidí recoger el testimonio de otras mujeres y convertirlo en un libro. Cuando llevaba 70 páginas lo mandé a la editorial y les pareció interesante que yo tuviese voz, que estuviese presente.

Me daba mucho pudor contar cosas tan íntimas pero yo a las mujeres que entrevisté sí que les pedí que me contasen una historia muy íntima. No me parecía honesto ocultar mi parte. Si nos desnudábamos, nos desnudábamos todas.

En el libro he intentado reflejar los distintos caminos por los que llegas a ser 'no madre': Maribel Verdú, porque no quiere; Alaska se lo planteó en un momento pero terminó decidiendo que no; Almudena Fernández aún no lo ha descartado; y Sandra Ibarra no puede por razones médicas. Mi historia, que es la de la mujer que duda y que ha pasado por procesos de fertilidad, completaba ese abanico. Pero me sigue dando pudor saber que la gente está leyendo esta parte de mi vida tan íntima.

Después de siete fecundaciones... ¿por qué decidiste parar?

Esta es la parte que menos entiende la gente. Yo siempre digo que nunca había sentido un gran instinto maternal y que nunca he pensado que la realización de la mujer pasara por ahí. La gente me pregunta: ¿y entonces por qué te sometes a siete fecundaciones? Hay un momento en el que me caso, me planteo la cuestión y, como yo no podía dejarme llevar de manera natural y tenía que tener un papel activo y someterme a un tratamiento de fertilidad, pues lo hice. Una vez que me metí ahí me resultó difícil parar. Esto solo lo entienden las mujeres que han pasado por ello. Pones tanto esfuerzo, tanto dinero, pones tanto de tu parte que solo quieres que salga. Finalmente acabé parando, sobre todo porque mi marido me dijo que eso no podía seguir así. Para él no era tan importante tener hijos y eso nos estaba haciendo daño. Finalmente llegué a la conclusión de que no quería ser madre a cualquier precio. Tenía opciones: ovodonación, adopción... pero decidí que no era tan importante tener hijos.

En el libro dices que también influye "ese afán mío por lograr todo lo que me propongo"...

Sí, también, claro. Hay una responsabilidad mía. Es algo que las personas debemos aprender: no siempre podemos conseguir todos los retos que nos marcamos. Vivimos en una sociedad en la que queremos controlarlo todo y hemos llegado al punto de querer controlar la vida también. Hay cosas que no dependen de nosotros y hay que dejarse llevar. En este caso, el tema de no tener hijos, también te trae cosas buenas.

¿Sale la pareja fortalecida cuando afronta este tipo de situaciones?

La relación de pareja, cuando pasas un tratamiento de fertilidad como los que yo asumía, o se rompe o sale reforzada. No hay medias tintas. Desgasta mucho. Hay parejas que se rompen y yo lo entiendo. Y las que salimos a flote, como lo has pasado tan mal y has visto que la persona que estaba a tu lado te ha apoyado, tienes la sensación de que vas a poder con todo.

Me daba mucho pudor escribir cosas tan mías, pero yo a las mujeres que entrevisté les pedí que me contasen una historia muy íntima. No me parecía honesto ocultar mi parte. Si nos desnudábamos, nos desnudábamos todas

El doctor ya te advirtió de que el sufrimiento era emocional más que físico y, a medida que avanzas en el libro, se siente ese sufrimiento.

Sí, a mí me afectaba sobre todo a nivel emocional. Físicamente soy muy fuerte y aguanto mucho... Emocionalmente me afectó hasta el punto de que no era capaz de pensar con claridad y perdí el norte de lo que yo había querido siempre en mi vida. Llegó un momento en el que las hormonas no me dejaban ver más allá. Eso sí: a las mujeres que desean tener hijos y que no pueden por medios naturales, las animo. Yo no me arrepiento. Si siente la necesidad de intentarlo, hay que intentarlo. Lo que nunca puedes olvidar es que si no sale, no pasa nada, no se acaba todo.

Plaza y Janés
De izquierda a derecha: Sandra Ibarra, Almudena Fernández, María Fernández Miranda, Mamen Mendizábal y Maribel Verdú.

En el libro cuentas con la colaboración de Mamen Mendizábal, Soledad Lorenzo, Maribel Verdú, Inka Martí, Rosa Montero, Almudena Fernández...

Personalmente no conocía a ninguna de esas mujeres. A la primera que llamé fue a Maribel Verdú. La llevaba siguiendo unos años porque ella era la que contestaba en las entrevistas claramente que no quería tener hijos. Enseguida me dijo que daría su testimonio en el libro porque le parecía necesario abordar el tema desde otro punto de vista: las mujeres sin hijos contra los tópicos. Todas acogieron fenomenal la propuesta. Fue superfácil. Para mi fue lo más sorprendente del libro porque pensaba: ¿voy a llamar a estas mujeres para que me cuenten una cosa que a mi me molesta que me pregunten? Lo más lógico es que me hubiesen dicho 'no'. Pero se creó una corriente de solidaridad entre nosotras. Necesitábamos decirle a la gente, como apunta Mamen Mendizábal, que estamos hartas de prejuicios y de preguntas impertinentes. No se te puede juzgar y no se te puede preguntar si tú no quieres contar por qué no tienes hijos.

Son mujeres de diferentes generaciones, ¿la presión por la maternidad ha disminuido con el tiempo?

Creo que ha habido una involución. Cuando entrevisté a Soledad Lorenzo, que tiene ahora 79 años, me contaba que en su época era muy importante lo de tener hijos y que cuando se casó todo el mundo se lo decía. En su época, Rosa Montero, Alaska e Inka Martí no se habían sentido tan presionadas; hasta era moderno, rebelde, no casarte, no tener hijos... Y cuando entrevisté a las de mi generación —Almudena Fernández, Paula Vázquez, Mamen Mendizábal o Maribel Verdú—, las de los años 70, ellas sí que la habían sentido, y la seguimos sintiendo. Esa presión, sobre todo, por tener que justificarte por no tener hijos.

Hay dos tipos de reacciones cuando no eres madre: 'qué egoísta' y 'pobrecita'. Prefiero que me llamen egoísta a dar pena. Analizo mi situación: tengo un matrimonio feliz, un trabajo que me gusta, una buena situación económica, una familia con la que me llevo bien, tengo sobrinos... ¿De verdad soy una persona por la que sentir lástima? Aunque no tengas un trauma, de alguna manera te lo quieren crear.

¿Hay diferencias emocionales entre las que no han podido y las que no han querido ser madres?

Si lo has tenido siempre muy claro, es más fácil. Solo aguantas preguntas impertinentes pero estás en paz contigo misma. El más duro es el caso de Sandra Ibarra, yo creo, porque ella tenía mucho instinto maternal y no ha podido realizarlo por causas médicas. Y en el medio estoy yo. Represento a un parte de las mujeres que no siempre piensan lo mismo: en un momento de su vida no se lo plantean, luego sí piensan en ello y finalmente no tienen hijos pero, de repente, ven muchas ventajas en ello. No todo es blanco o negro. Y a esa lucha interna que mantienes contigo misma tienes que unir la opinión de esa gente a la que no le has pedido opinión.

En su época, Rosa Montero, Alaska e Inka Martí no se habían sentido tan presionadas por no ser madres. Hasta era moderno, rebelde, no casarte, no tener hijos...

El testimonio de todas estas mujeres sirve para reivindicar el derecho a no ser juzgadas por no ser madres...

Sí, pero el libro no quiere reivindicar que la no maternidad sea la mejor opción. Para mí es muy importante decir que me parece genial que las mujeres tengan hijos y yo envidio muchas cosas de la maternidad. Pero el mensaje que nos ha llegado de no tener hijos no era el real. No necesariamente vas a ser infeliz y vas a estar sola por eso. Queremos que se respete nuestro modelo de vida, que no se nos juzgue, que no se nos haga preguntas... Y queremos contar a las generaciones que vienen cómo es una vida sin hijos. Pero queremos contárselo nosotras.

¿En qué medida notas la presión por no ser madre?

Mira, no noto la presión por parte de mi familia ni de mis amigos cercanos. Pero sí que te digo que he ido a reuniones de trabajo o comidas en las que han dado por supuesto que era madre y me han preguntado que cuántos hijos tenía. Y cuando he dicho que no tenía ninguno, ha habido un silencio incómodo. O hay quién te dice: "Bueno, no te preocupes, todavía estás a tiempo". ¡Pero si no sabes si quiero o si puedo!

Es una pregunta recurrente que, además, no se les hace tanto a los hombres. Maribel Verdú siempre pone el ejemplo de Luis Tosar. Cuando ambos estaban de promoción a ella siempre le preguntaban para cuándo los niños y a él no. Obviamente, es una cuestión de machismo.

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