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Quién es Édouard Philippe, el nuevo primer ministro francés que no gusta nada a los ecologistas

Macron quiere aprovecharse de la vena literaria de este representante de El Havre y arrastrar al ala liberal de Los Republicanos para las legislativas. 

16/05/2017 17:04 CEST | Actualizado 16/05/2017 17:04 CEST
AFP
Édouard Philippe, primer ministro de Emmanuel Macron.

"Si es Macron, lo cual no me parece seguro, tendrá que reunir a la derecha, y puede que esté en condiciones de hacerlo". El autor de esta frase cuasi-profética, redactada un mes antes de la primera vuelta de las elecciones en Francia, se llama Édouard Philippe. Alejado de la carrera al Elíseo por la eliminación prematura de su líder Alain Juppé —que competía con François Fillon para ser candidato por Los Republicanos—, Philippe aceptó escribir una columna en Libération. Una intrusión en la prensa izquierdista que le ofrecía un lugar presidencial sin meterse en la campaña del rival Fillon. Lo que probablemente ignoraba cuando escribió estas palabras es que él mismo iba a ser la piedra angular de esa inclinación macroniana hacia la derecha.

A sus 46 años, el diputado y alcalde de El Havre por Los Republicanos fue nombrado primer ministro este lunes 15 de mayo a las 15 horas, tras una mañana de espera interminable, y con total seguridad se ha convertido en el primer ministro más inesperado de la Quinta República.

Él, que apartó sus sueños de ministro tras la derrota de su mentor en las primarias de la derecha y el centro —Juppé— ya había dicho adiós a la Asamblea Nacional para concentrarse en su ciudad. Y, al final, ni una cosa ni otra: se irá a Matignon con Emmanuel Macron en la cima del Estado.

Para este directivo de Los Republicanos el cambio va a ser mayor, pues ha hecho toda su carrera política en la derecha, a la sombre de Alain Juppé y de Antoine Rufenacht. El primero fue su guía en la escena nacional, quien le llamó para crear la Unión por un Movimiento Popular (UMP) a principios de los años 2000. El segundo le echó una mano en El Havre ofreciéndole su primer puesto elegible en 2001, y luego las llaves de la ciudad nueve años más tarde. Fue entonces cuando dejó su puesto de director de Asuntos públicos del gigante nuclear Areva, que ocupaba desde 2007.

Dieciséis años más tarde de la fundación de la UMP, aquí está Édouard Philippe, propulsado como primer ministro de un jefe de Estado que ha puesto todo patas arriba, a quien ni siquiera apoyó en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y que posiblemente tampoco consiga una mayoría de aquí a cinco semanas en las legislativas.

UN 'ENARCA' ÁVIDO DE LIBERTAD

En la recomposición general del tablero político que se anuncia, la apuesta de Édouard Philippe es audaz, por no decir improbable. Philippe, perteneciente a la oligarquía de los antiguos alumnos de la École nationale d'administration (ENA), es nieto de estibador e hijo de maestros, pero ha ido subiendo uno a uno los escalones de la derecha gaullista para construirse un feudo en una villa portuaria históricamente de izquierdas, y ahora corre el riesgo de perderlo todo: evidentemente, a sus amigos políticos, contra los que tendrá que luchar en las legislativas; a su ciudad quizás también; y, seguramente, la base de la credibilidad que se ha ido construyendo con paciencia en las caballerizas de los juppeistas.

Le van a caer golpes. Pero no parece que eso asuste a este aficionado del boxeo, todavía poco conocido por el gran público, y que se define ante todo como un literario amante de la libertad. "No sé si soy optimista o pesimista, pero sé que soy liberal. Pienso que la libertad es lo que cuenta", confiaba a su amigo de infancia "de izquierdas" Laurent Cibien, que le dedicó un sorprendente documental titulado Edouard mon pote de droite [Édouard, mi colega de derechas], que se emitió el pasado agosto en France3.

Ahí se descubre a un Édouard Philippe trabajador y astuto, preocupado por borrar su imagen de buen alumno apparatchik (o funcionario profesional) en su ciudad obrera escuchando rock y bebiendo Coca-Cola.

Cuando haces política, tienes que estar permanentemente con la preocupación de gobernar bien y de ganar. Siempre hay un aspecto político en todo, pero si sólo tienes el aspecto político, eres una mierda. La gente que sólo piensa en el aspecto político no vale para nada. La gente que sólo piensa en los aspectos de fondo, son buenas personas, pero como no ganan, es como si no nos importaran.Édouard Philippe

Eso en cuanto a la clase de realismo político...

SU MISIÓN: LLEVARSE EL ALA IZQUIERDA DE LA UMP A LOS REPUBLICANOS

Mientras que el rumor de su nombramiento como primer ministro sonaba desde la segunda vuelta de las presidenciales, este efímero seguidor del socialista Michel Rocard (tuvo su carnet de miembro del Partido Socialista durante dos años) recuperado por la derecha orleanista se entretuvo preparando el terreno. Si Macron se atreviera a transgredir la línea de demarcación izquierda-derecha nombrando a alguien de Los Republicanos como primer ministro, "entonces la situación política sería nueva, porque el hecho político será nuevo y no veo cómo podríamos responder por anticipado a algo que nunca se ha propuesto".

Édouard Philippe, que no es tonto, debe saber que el destino de este mandato se juega ahora y que la Historia se escribe con él. Macron no sólo quiere aprovecharse de la vena literaria de este representante de El Havre, sino también arrastrar al ala liberal y progresista que acompaña al ex-UMP con el fin de completar su mayoría en las próximas legislativas.

El autor de L'heure de vérité [La hora de la verdad], coescrita con su amigo Gilles Boyer (otro juppeista del primer círculo), tiene un nudo gordiano por delante. ¿Hay que aferrarse a la familia de Los Republicanos que frecuentan los europeos convencidos (como él) y los soberanistas acérrimos, los progresistas abiertos al matrimonio igualitario (como él) y los partidarios manifiestos de la derogación de la ley Taubira de matrimonio homosexual? ¿O bien hay que coger el tren de En Marcha a riesgo de verse luego solo a bordo?

En la tribuna de Libération del pasado enero, Édouard Philippe se preguntaba: "¿Qué abanderará finalmente Macron? ¿Una revolución fallida o una victoria relámpago? Nadie puede decirlo a día de hoy". Él tampoco podía saberlo, pero esa misma pregunta se le puede hacer ahora.

BONUS: Por qué a los ecologistas no les ha hecho ninguna gracia esta elección

Una vez despejada la incógnita sobre la identidad del nuevo primer ministro francés, las dudas que acechan ahora son de corte ideológico. Si bien la división izquierda-derecha es clave, la temática ecológica no se queda atrás. Cierto que Édouard Philippe fue consejero de Alain Juppé en el ministerio de Ecología en 2007, pero la aventura sólo duró un mes. Cuando fue vencido en las legislativas, Juppé —alcalde de Burdeos— tuvo que dimitir. Y en ese momento Édouard Philippe aprovechó para llevar su vida laboral a lo privado.

Concretamente, a Areva, el gigante francés de la energía nuclear, donde se hizo director de Asuntos públicos hasta 2010, dato que algunos ecologistas no se han tomado nada bien. Esto fue lo que tuiteó la ONG Sortir du nucléaire (Salir de la energía nuclear):

"Recordatorio: Édouard Philippe fue lobista con los diputados con respecto al tema de las minas de uranio de Areva en Níger".

También el teniente de alcalde del distrito 19 de París, Dan Lert, encuentra otro problema en la elección de este primer ministro: Édouard Philippe no votó la ley de la transición energética, punto de lanza medioambiental del quinquenio Hollande.

En efecto, Édouard Philippe votó en contra del proyecto de ley tanto en primera como en segunda lectura, en 2014 y 2015. Al igual que hizo con el proyecto de ley ligado a la biodiversidad.

A la espera de que Édouard Philippe se pronuncie sobre estos temas, habrá que recordar que el primer ministro se nombra para aplicar la política y el programa del presidente, no el suyo. Emmanuel Macron no ha apoyado su campaña especialmente en estas cuestiones, posicionándose más bien a favor de una continuidad del gobierno precedente.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Francia y ha sido adaptado del francés por Marina Velasco Serrano

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