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'Twin Peaks' vuelve al purgatorio: Laura Palmer no está muerta

Doble salto mortal y un resbalón en el estreno de los dos primeros capítulos de la tercera temporada de la mítica serie de David Lynch.

22/05/2017 14:26 CEST | Actualizado 14/07/2017 13:52 CEST

Eric Charbonneau/AP/Invision/SHOWTIME
General view of atmosphere at the Showtime TWIN PEAKS premiere on Friday, May 19, 2017 in Los Angeles. (Photo by Eric Charbonneau/Invision for Showtime/AP Images)

Laura cumplió lo prometido y 25 años después ha vuelto a encontrarse con el agente Cooper en la habitación roja. "Nos veremos dentro de 25 años", le dijo un 10 de junio de 1991 en su última conversación en aquella sala. Y en realidad se retrasaron un año más, porque son 26 los transcurridos desde entonces. El mismo purgatorio psicodélico, sus cortinas de terciopelo, la Venus manca (atención fans al detalle) y Laura Palmer y Dale Cooper, 25 años mayores pero con la personalidad siempre reconocible del digno paso del tiempo.

La dupla creativa David Lynch y Mark Frost estrenaron la madrugada de este lunes (4.00 am hora española, simultáneo con Estados Unidos donde eran las 22.00 horas) el primer y segundo capítulo de la tercera temporada de Twin Peaks. Lynch da dos saltos mortales en el primero de los dos capítulos que avanzan esta serie de 30 episodios (el mismo número que suman la primera temporada, ocho, y la segunda, 22) y pega un pequeño resbalón en el segundo. Esto es todo lo que hasta ahora se ha mostrado de la mítica serie de los noventa, cuya tercera temporada emite Movistar+ en España. Twin Peaks supuso un triple giro en la manera de narrar para la pequeña pantalla al descubrir que se podía hacer televisión como si fuera cine, un modelo desconocido entonces y predominante en la actualidad.

El primer capítulo de la nueva temporada de 'Twin Peaks' hace una transición lineal en el espacio: Cooper sigue sentado en el mismo sofá de la misma habitación roja.

Hace 26 años que Cooper, por lo que cuentan otros personajes de él, ha desaparecido. El primer capítulo de la nueva temporada de Twin Peaks hace una transición lineal en el espacio. Tras todo este tiempo transcurrido, el agente sigue sentado en el mismo sofá de la misma habitación roja, pero su interlocutora última, Laura Palmer, ya no está. Cooper es Cooper, no hay duda, conserva el porte elegante de hace 25 años pero su piel y su mirada, sobre todo su mirada, registran el paso del tiempo, mientras que su gestualidad, limitada, revelan que el personaje, o quizá el actor, quiso en algún momento paralizarlo con algún retoque estético, notorio en el color de su piel y en la rigidez de sus gestos.

El AGENTE COOPER Y EL SEÑOR C.

Ya en este primer capítulo Cooper se desdobla. Lynch nos pone difícil saber si el agente y el señor C. son la misma persona. Su físico es exacto, un calco, pero su estética y manera de enfrentar el mundo se sitúan en las antípodas de todas las identidades. El agente Cooper sigue siendo el agente Cooper, aunque ha perdido lozanía y parece guardar algún secreto que le ha robado la alegre paz con que manejaba sus investigaciones. La suya era una serenidad algo ingenua, un estado que el señor C. quizá nunca conoció. El alter ego del agente del FBI parece un lobo solitario, un superviviente, sangriento y frío, un macarra chabacano con la más hortera de las indumentarias que pueda encontrarse en cualquier mercadillo del interior de Estados Unidos.

Lynch nos pone difícil saber si el agente Cooper y el señor C. son la misma persona.

El tono psicodélico de Lynch pega sin embargo un fortísimo acelerón en el segundo capítulo de esta tercera temporada. Cuidado. Tanto se agarró el artista a ese lenguaje propio, tan pictórico y extravagante que te desvinculó de muchos de sus fans en la segunda temporada de la serie, la de los 22 capítulos y la emitida entre 1990 y 1991. Y aunque Lynch y Frost solo grabaron los seis últimos episodios de esta segunda parte —los anteriores fueron dirigidos por otros cineastas—, y pese a que es cierto que lograron levantar el espíritu de la trama con más y mejores misterios, siempre quedará en la memoria del público las en exceso complicadas narrativas, a veces más propias del LSD que de un guión ordenado.

Suzanne Tenner/SHOWTIME
Nicole LaLiberte and Kyle MacLachlan in a still from Twin Peaks. Photo: Suzanne Tenner/SHOWTIME

Finalmente nos encontramos con Diane, la secretaria invisible a la que Cooper dictó los memorándums, y pasamos momentos complicados con la rama, una escultura hecha de carne humana y alambrón que puede aludir a la precuela Twin Peaks: fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walk with Me,1992).

Twin Peaks vuelve a Twin Peaks 25 años después. De los 217 actores que protagonizarán esta tercera temporada, heredera de las dos anteriores, pero ambientada en los tiempos actuales, muchos vuelven a encarnar al personaje al que dieron vida en la primera y segunda temporada. Kyle MacLachlan sigue siendo el protagonista, el agente Cooper, al que le surge un alter ego macarra y sucio, violento y sanguinario. Sheryl Lee es Laura Palmer, James Marshall vuelve como James Hurley y Audrey Horney interpreta de nuevo a Sherilyn Fenn. Lynch ha vuelto a meter la cámara en Twin Peaks y estos cinco lustros han pasado mejor por unos que por otros. Después de este tiempo, Shelly se ha convertido en una señora, con una hija postadolescente cuyo novio no es de su agrado; y James Hurley parece haber olvidado a Donna y su interés romántico recae ahora sobre otras de las chicas Twin Peaks.

TRES ESCENARIOS, TRES

La serie se abre geográficamente. Este pueblo maderero del norte de Estados Unidos ya no es el único escenario. La historia discurre esta tercera temporada en tres nuevos lugares. En Dakota del Sur, la policía encuentra en una cama un cadáver compuesto que por la cabeza de una mujer joven cortada y un torso masculino hinchado. Otra mutilada joven aparece en Las Vegas. Y entra en escena la gran urbe, Nueva York.

LA PESADILLA

Entre el aparente plácido Twin Peaks y la descomunal gran manzana discurre el estilo narrativo de Lynch, un genio en jugar al contraste y catalizar la angustiosa tensión de las pesadillas y que el director explota con todo su brillo en esta serie y al que acudió de nuevo en su última película Inland Empire (2006).

Múltiples escenas tienen lugar en el sótano de un rascacielos de Nueva York, que se dice estar ocupado por "un millonario anónimo". Aunque los guiones se escribieron hace algún tiempo, a muchos les ha parecido ver un paralelismo entre ese edificio y la torre Trump. Un joven guardia de seguridad, con otro centinela vigilándole, ha sido pagado para mirar un cubo de cristal y alertar al misterioso ricachón de si "algo aparece". La caja contiene un agujero al que de tanto en tanto acceden figuras fantasmagóricas, monstruos asesinos y el bueno del agente Cooper. Su alter ego malvado lleva el nombre de Señor C.

¿Y QUIÉN MATÓ A LAURA PALMER?

Ya sabemos quién mató a Laura Palmer. Leland Palmer, su padre. O mejor dicho, Leland Palmer poseído. Un estadio de enajenación que este par de primeros episodios dejan intuir que volverá a endemoniar a alguno o algunos de los nuevos personajes.

Patrick Wymore/SHOWTIME
A still from TWIN PEAKS. Photo: Patrick Wymore/SHOWTIME - Photo ID: TwinPeaks_100_01193.R

Con todo, David Lynch es David Lynch y después de estos dos nuevos capítulos de la serie y los tres nuevos cadáveres en la historia del pequeño pueblo maderero, queda la incógnita de si va a revelarnos algún otro dato más sobre el asesinato de la, en apariencia, angelical Laura Palmer o de si a Cooper, uno de los dos o a los dos, bueno y malo, le tocará volver a resolver con una taza de café en una mano y un trozo de tarta de cerezas en la otra los nuevos y surrealistas misterios de la cabeza de este genio creativo.

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