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Las claves de la semana: Doña erre que erre

Susana Díaz, igual que Paco Martínez Soria en 'Don erre que erre'.

27/05/2017 09:51 CEST | Actualizado 27/05/2017 11:10 CEST
EFE

Igual que Paco Martínez Soria en Don erre que erre, Susana Díaz lleva camino de convertirse en un personaje cómico como el de aquella película de los 70 en el que el protagonista nunca daba su brazo a torcer tuviera o no razón. La militancia le ha dicho "no" de forma apabullante; los barones le han advertido implícita y explícitamente que la fiesta se acabó; que todo se hizo mal; que no seguirán su guerra; que hay que sepultar el cainismo; que las siglas están por encima de sus aspiraciones personales; que ceje las hostilidades... Pero ella, doña erre que erre, sigue empeñada en una batalla que ya ha perdido y en poner palos en las ruedas de la necesaria unidad, a pesar de que en público proclama lo contrario. Ahora se niega a integrar en la lista de delegados andaluces para el Congreso Federal de junio a quienes apoyaron a Pedro Sánchez el pasado domingo.

Toda una demostración del falso buenismo que impostó dos días después de ser vapuleada en las urnas por su principal adversario al proclamar una falsa versión de "todos somos Pedro". Ya lo dicen los expertos en alta montaña, que ver el mundo desde lo más alto no está al alcance de cualquiera y que para subir un "ochomil" se necesitan pocas claves, pero todas importantes: aclimatarse bien, dosificarse, planificar la ruta, reducir los riesgos capacidad para afrontar el sufrimiento, mucha valentía y buena cabeza.

Pues cuando Susana Díaz decidió en marzo, tras varios amagos, intentar coronar la cima de Ferraz ni tenía una buena ruta diseñada, ni calculó los riesgos del empeño ni atravesaba por su mejor momento. Será por eso por lo que falló estrepitosamente en sus pronósticos.

Díaz estuvo segura de coronar un "ochomil"

El PSOE no es el Everest ni Díaz, Juanito Oiarzabal, pero ella se creyó infalible y defendió hasta la noche anterior a las primarias que coronaría la cima de un "ochomil". "Tranquilo, he hecho el último recuento y ganamos con una diferencia de 8.000 votos". Segura y arrolladora se mostró en conversación telefónica con uno de los principales barones del partido. E igual de indubitable parecía minutos antes de llegar a la sede de Ferraz el domingo por la tarde cuando se encontró en una cafetería cercana con Patxi López.

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El vano intento de llegar a Ferraz con López

¿Estás seguro de que tu aguantas en Euskadi?, le espetó soberbia al ex lehendakari delante de su esposa, Begoña Gil, y de Rodolfo Ares cuando entró en el establecimiento escoltada por su habitual cohorte. "Sin duda", le respondió el tercer aspirante a la secretaría general. "Entonces esto está hecho", zanjó la conversación antes de proponerle sin ningún éxito a López que ambos llegaran juntos a la sede del partido.

Poco le duraría la altanería. Una hora después, cuando el escrutinio no llevaba ni 15 minutos, la coordinadora de su campaña, Pilar Alegría, le hizo saber que el recuento en las primeras agrupaciones no presagiaba nada bueno. A las 8.20 de la tarde y con las urnas de Canarias aún abiertas, la de Triana ya se declaraba derrotada. Ella no logró el "ochomil", y Sánchez sí coronó un "quincemil" porque obtuvo tres mil votos más del mínimo de la horquilla en la que su equipo siempre sostuvo que se movería la diferencia con la que se impondría a su rival.

Si algo ha demostrado el equipo de Díaz, además de otras muchas carencias, es que poco sabe de números, menos del rechazo que su candidatura producía entre las bases y absolutamente nada de lo que en un mundo cambiante influye ya sobre la opinión pública el poder mediático, político o empresarial. Así que cuando Zapatero decía que llegaría un día en que Díaz pasearía por cualquier Comunidad Autónoma y la gente diría: "Mira, ahí va España" demostraba lo poco que conoce España, el PSOE y las posibilidades de la presidenta de Andalucía.

Él y todos los que han dejado gran parte de su crédito en el apoyo ciego a Díaz, erraron en todo y, a juzgar por los pasos de la última semana, siguen por la misma senda. Si como decía Borges, una derrota nunca es un fracaso, sino que éste llega sólo cuando uno no es capaz de asumir el destrozo, algunos de los que perdieron las primarias están a punto de adentrarse en otro naufragio si no toman nota de lo ocurrido.

La felicitación de Valenciano a Sánchez

Como todo estaba previsto para que ganara Díaz, la convulsión entre la mayoría de dirigentes y cuadros que le arroparon aún no ha cejado. Felipe González, Zapatero y Rubalcaba no han felicitado a Sánchez, aunque sí lo ha hecho a través de un cariñoso mensaje de móvil Elena Valenciano; Eduardo Madina y José Carlos Díez han renunciado como ponentes del documento base del congreso; el asturiano Javier Fernández, que ya ha anunciado que no se presentará a la reelección como secretario general de los socialistas asturianos, se ha desentendido como presidente de la gestora de la organización del cónclave de junio y ha delegado en el andaluz Mario Jiménez...

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Los barones dejan sola a la de Triana

Nadie de la gestora recibió al secretario general electo el pasado miércoles cuando acudió a reunirse con los trabajadores del partido. Así que las señales no pueden ser más reveladoras de la nula disposición de algunos a la reconciliación y a un congreso de pacificación en el que se cierren por fin las heridas. Y eso que todos los barones que apoyaron a la presidenta de Andalucía le han hecho saber que no cuente con ellos en su nueva guerra, la de los "congresillos" en los que este fin de semana se elegirán a los más de 1.000 delegados que acudirán al Congreso Federal de junio. El que más y el que menos ha trabajado por las listas conjuntas y sólo Díaz se resiste, a pesar de que Sánchez no tiene intención de interferir en los congresos regionales ni promover candidaturas alternativas a las de los actuales liderazgos territoriales.

Su objetivo es no abrir frentes innecesarios, y mucho menos antes de tiempo. De ahí la designación provisional de José Luis Ábalos como portavoz en el Congreso y la reunión que mantuvo el jueves con Antonio Hernando para conocer los detalles de la agenda parlamentaria y hacerle saber que en su condición de ex portavoz del Grupo Socialista tendrá un sitio destacado en alguna comisión. La relación personal entre ambos ya es una cuestión de confianza. Y cuando ésta se quiebra, como la quebró Hernando con su paso del "no es no" a la "abstención" sin apenas tránsito, es imposible de recuperar.

Las llamadas a Lambán y Page, tras los "congresillos"

Por lo demás, esta semana que acaba Sánchez se ha puesto también en contacto ya con casi todos los secretarios generales y en todos, especialmente en el extremeño Guillermo Fernández Vara y el valenciano Ximo Puig, ha percibido disposición a acabar con la guerra fratricida en que les embarcó la de Triana. El nuevo secretario general esperará al resultado de los "congresillos" para llamar a Susana Díaz, al castellano-manchego Emiliano García Page y al aragonés Javier Lambán. Los dos últimos son pesimistas, apenas tienen confianza en el futuro de un partido liderado por quien ya perdió dos elecciones generales consecutivas, pero están dispuestos a remar en la dirección que haga falta para no llevar al PSOE a la irrelevancia en la que ya están otras socialdemocracias europeas.

Y lo mismo Patxi López, con quien Sánchez tiene también una conversación pendiente que mantendrá la próxima semana para conocer las preferencias del ex lehendakari y su disposición a ocupar un cargo en la nueva dirección. El vasco se ha ganado, con el resultado que sumó en las primarias, pero sobre todo con su campaña en favor de la unidad y la reconciliación, un espacio propio como referencia imprescindible en estos tiempos de convulsión y todo indica que el nuevo secretario general está dispuesto a dárselo.

No está el PSOE como para prescindir de más capital humano. Ya bastante se han llevado por delante estas primarias.

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