POLÍTICA

Rajoy y sus nuevos-viejos fantasmas

Tras la aprobación de los Presupuestos, el presidente se enfrenta al tema catalán, Sánchez, la corrupción y las sombras de la Fiscalía

02/06/2017 07:33 CEST | Actualizado 02/06/2017 07:37 CEST
AFP
Rajoy

176. Mariano Rajoy ha conseguido el número mágico de diputados para que los presupuestos salgan aprobados este miércoles en el Congreso de los Diputados. Queda la tramitación en el Senado, pero allí goza de mayoría absoluta. Este primer paso lo tenía obsesionado, era la prueba de fuego para continuar la legislatura. Y ha saltado la valla. Ahora se asegura llegar por lo menos a 2019, con la opción de prorrogar las cuentas el año que viene.

En Moncloa arranca una nueva etapa política. Menos calculadoras, pero otros (nuevos y eternos) frentes centrarán la agenda de Rajoy en las próximas semanas. Y el termómetro espera una fuerte subida de la temperatura política.

CATALUÑA Y LA NO SOLUCIÓN

El problema catalán persigue a Mariano Rajoy desde su llegada a La Moncloa. Ya ha vivido la consulta del 9-N, las elecciones del 27-S, la caída de Artur Mas y la investidura de Carles Puigdemont... Pero ahora el choque de trenes se acerca con la promesa del referéndum catalán. La Generalitat ha emprendido esta semana la vía unilateral para celebrar la consulta y espera fijar en breve la pregunta y la fecha.

El Ejecutivo ha ofrecido a Puigdemont debatir en el Congreso su propuesta de referéndum, donde conseguiría tumbarla con facilidad con los votos de PP, PSOE y Cs. Desde Barcelona se rechaza esa opción. No obstante, en Moncloa ven ya clima preelectoral en Cataluña. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, encargada del tema territorial y de la Operación Diálogo lo ha verbalizado esta semana: "Hay mucha más táctica electoral del señor Puigdemont y de los suyos que estrategia". Puigdemont mantiene el pulso e incluso ha retado al Gobierno públicamente a decir si piensa utilizar la fuerza. Rajoy aguanta y espera que su enemigo se caiga del caballo.

EFE

LA BORRASCOSA RELACIÓN CON PEDRO SÁNCHEZ

Rajoy creía que Pedro Sánchez era una pesadilla del pasado. Daba por hecho desde hace meses que el despacho de Ferraz lo ocuparía Susana Díaz. Pero no. El 21 de mayo se volvió a hacer carne el fantasma del ex secretario general. Su relación es pésima, no se entienden. En privado, el presidente ha llegado a confesar que es como hablar con un "marciano". El líder del PSOE tampoco conecta con él, lo ve de otra generación, rodeado de corrupción y sin entender los nuevos tiempos políticos que corren.

Otra vez frente a frente. Y el inicio de esta nueva etapa no ha sido muy alentador. Rajoy no le llamó tras la victoria para "no molestarle". Luego ha trascendido que le envió un mensaje al móvil. Sánchez lo perdió entre los centenares que le llegaron. Al final, ocho días después de las primarias, el nuevo líder socialista telefoneó a Rajoy para trasladarle su oposición al referéndum catalán y reiterar la defensa de la Constitución. La conversación fue "normal y fluida", según fuentes socialistas. Rajoy espera, al menos, llegar a entendimientos en grandes temas de Estado. Pero está expectante, como el resto del arco parlamentario, por ver la oposición que plantea el nuevo PSOE y si endurece el tono y crea un frente que tumbe las iniciativas que lleguen desde el Gobierno. El líder de los populares asegura que quiere agotar la legislatura, pero el botón de las elecciones anticipadas siempre está preparado.

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EL PASEÍLLO EN LA AUDIENCIA

Nada de plasma. En menos de dos meses veremos una imagen histórica: un presidente del Gobierno declarando ante la Audiencia Nacional por un caso de corrupción. Rajoy tendrá que acudir presencialmente como testigo el 26 de julio a los juzgados de San Fernando de Henares (Madrid) para contestar sobre el caso Gürtel. Y los magistrados no le han permitido que lo haga por videoconferencia.

En los círculos populares se repiten expresiones como que se busca la "humillación", "dar la imagen" de corrupto y la "difamación". En público el presidente intenta transmitir la idea de que es normal y que no tiene nada que esconder, pero en privado le preocupa esa foto sentado en la misma sala por la que han pasado Luis Bárcenas o Francisco Correa. Él ya dio por amortizado el daño electoral por la corrupción en las pasadas elecciones, pero ahora vuelve a sentir que da munición a sus rivales junto a operaciones como Lezo.

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IGLESIAS Y LA MOCIÓN DE CENSURA

No va a prosperar. Rajoy seguirá de presidente tras la moción de Podemos que se debatirá el 13 de junio, pero servirá para que la mayoría de los grupos de la oposición muestre su descontento con el PP y los casos de corrupción.

En el PP esperan, y ya llevan semanas mandando mensajes en este sentido, que al final cale la imagen de show, de intento de protagonismo de Pablo Iglesias y de división cainita en la izquierda. Los socialistas no van a apoyar a Iglesias en este intento de descabalgar a Rajoy y nombrar a Iglesias jefe del Ejecutivo. Ahora queda saber el voto final del PSOE, que se mueve entre el 'no' y la abstención. La decisión final la tomará Sánchez, como ha pactado con la gestora de su partido.

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LAS EXPLICACIONES EN EL CONGRESO

El Parlamento espera vivir momentazos en los próximos meses con la comisión de investigación de la supuesta financiación irregular del PP. El presidente irá al Congreso, aunque todavía no hay fecha al tener que aprobarse el plan de trabajo el próximo 7 de junio. La discrepancia entre los grupos es si el jefe del Ejecutivo debe abrir la ronda de comparecencias o cerrarla. El formato será como el de un interrogatorio judicial (pregunta-respuesta). El calendario que manejan los partidos es que esa intervención podría ser a finales de mes o principios de julio, antes de que vaya a la Audiencia.

La idea de la oposición es que también pasen por el congreso cargos y exdirigentes populares como María Dolores de Cospedal, Rodrigo Rato, Ángel Acebes, Ana Mato, Javier Arenas y Francisco Álvarez Cascos. ¿Y cómo piensa contrarrestar Rajoy? Los populares han puesto en marcha otra comisión en el Senado, donde tienen mayoría absoluta, y barajan la posibilidad de citar para hablar de la financiación de sus partidos a Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Incluso los populares no descartan pedir también que acudan a la Cámara Alta otros dirigentes como José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba.

LEZO, PÚNICA Y SUS TENTÁCULOS

La operación Lezo se llevó por delante a Ignacio González (en la cárcel) y a Esperanza Aguirre, que dimitió por el nulo control sobre su 'número dos'. Cristina Cifuentes parecía que salía reforzada al haber sido la Comunidad de Madrid quien denunciaba los hechos del Canal de Isabell II. Pero los tentáculos de Lezo y de Púnica se alargan más allá de lo controlable. La propia presidenta madrileña se ve inmersa en investigaciones sobre contratos y la imagen del PP madrileño renovado no se ha conseguido.

Rajoy volverá a vivir revelaciones sonrojantes durante estas semanas sobre las corruptelas en su partido. Y, además, muchos ven movimientos internos de cara a su sucesión detrás de las filtraciones sobre el caso. Un tema que ahora parece dormido en público, pero que los populares tienen muy presente siempre. Y es que nadie sabe lo que hará Rajoy, si quiere perpetuarse o cómo ordenará su sucesión esta legislatura si decide no presentarse más. En las quinielas, los habituales: Soraya Sáenz de Santamaría, Alberto Núñez Feijóo, Cristina Cifuentes, Pablo Casado, María Dolores de Cospedal e Íñigo de la Serna.

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LAS SOMBRAS DE LA FISCALÍA

Otro dolor de cabeza tienen en Moncloa con las conexiones entre la política y la Justicia. El Congreso reprobó recientemente al ministro de Justicia, Rafael Catalá, junto a los fiscales general del Estado, José Manuel Maza, y Anticorrupción, Manuel Moix, por "obstaculizar la acción de la Justicia en las causas judiciales por delitos relacionados con la corrupción".

Por ahora, el ministro continúa y cuenta con el apoyo del presidente, a pesar de revelarse su sms a Ignacio González: "Un fuerte abrazo. Ojalá se cierren pronto los líos". Pero el verdadero huracán se ha vivido en la Fiscalía. Y con la guinda final: la dimisión del fiscal Anticorrupción por su sociedad en el paraíso fiscal de Panamá. La oposición quiere más: la cabeza de Maza por haber defendido a Moix durante estas semanas. Todo ello ante una opinión pública en la que se instala la sensación de que no es un órgano tan independiente como defienden sus protagonistas.

Tras los presupuestos, a Rajoy se le aparecen unos nuevos (y muy viejos) fantasmas.

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