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Cómo es la vida de una familia musulmana en España durante el Ramadán

Él es un diplomático egipcio y ella una trabajadora social española, pero ambos son musulmanes y respetan el ayuno durante este mes.

11/06/2017 10:03 CEST | Actualizado 16/06/2017 12:48 CEST
CARLOS PINA
Hisham Kira y Luz Llano.

Hisham y Luz reciben a sus invitados con una bandeja de dulces egipcios y dos vasos de karkadé, una infusión de hibisco muy popular en Oriente Medio. Sin embargo, ellos no probarán ni un bocado ni un sorbo hasta que caiga la noche. Estamos en Ramadán, el mes de ayuno para los musulmanes, y esta pareja lo respeta tanto como la hospitalidad que caracteriza a la cultura del islam.

Los dos forman parte del millón ochocientos mil musulmanes que viven en España. Él es diplomático originario de El Cairo y ella, trabajadora social española. Se conocieron hace varias décadas en España y, tras largas conversaciones, Luz, que por aquel entonces era monja y volvía de Perú, se convirtió al islam. Entonces empezó a estudiar esta religión y vio que no sólo "compartía valores con la católica", sino que además profundizaba en ellos y eliminaba intermediarios. "En el islam somos Dios y yo", cuenta desde el sofá de su casa en una urbanización de Alcalá de Henares (Madrid).

Nada más agradecer "que los periodistas se interesen por estos temas", Luz lamenta "la ignorancia supina" que tiene la gente sobre el islam y los musulmanes. Para empezar, ella no lleva velo ni va cubierta hasta los pies, como tampoco se cubría la madre de Hisham en su Egipto natal, recalca él. Luego, está la confusión de los términos, que explica Hisham: "Musulmanes y árabes no son sinónimos; 'musulmán' hace referencia a la religión islámica y somos unos 2.000 millones y 'árabe' tiene más que ver con la raza y la geografía —con los habitantes de la Península Arábiga— y son unos 300 millones". Pero quizá el prejuicio más dañino sea el que asocia al islam con el terrorismo. "La gente no se da cuenta de que el terrorismo tiene sus raíces en la política y la economía, y no en la religión", critica Luz.

CARLOS PINA
Hisham recita unos versos del Corán en su versión en español. Para él, lo más duro del Ramadán es "la sed" y lo más gratificante, "el momento de romper el ayuno". "Es un instante felicísimo", cuenta.

Aprovechando que es el Ramadán, que este año comenzó el 27 de mayo y se prolonga durante 30 días, les preguntamos por su práctica. "El Ramadán es fiesta, es estar con la familia", afirman ambos. "Tiene dos partes: una religiosa, que incluye el ayuno durante las horas de luz y los rezos, y otra social, que consiste en compartir", especifica Hisham.

El Ramadán es fiesta, es estar con la familia.

Concretamente, el Ramadán es el noveno mes del calendario lunar, que rige el calendario islámico, y celebra el momento en el que el Corán fue revelado al Profeta Muhammad (o Mahoma, en castellano). Pero Hisham y Luz tienen una explicación más didáctica: "En el Ramadán no hay diferencia entre el rey y el esclavo. El rico experimenta durante el día cómo se siente el pobre y el pobre se pone en el lugar del rico al caer la noche, porque todo el mundo los invita a comer".

CARLOS PINA
Luz se cubre la cabeza y el cuerpo con una especie de túnica para las oraciones. Ambos rezan juntos y en casa siempre que pueden: "Nuestra mezquita es nuestra casa".

La familia, después de haber vivido en diferentes países, reconoce que en España echa de menos la parte social del Ramadán y, en algunos casos, la empatía de la gente. "En Egipto se vive como aquí las Navidades, sólo que la fiesta es en las calles; se montan mesas y en el iftar (el desayuno tras la puesta de sol) participa todo el mundo", cuenta Hisham. También han vivido el Ramadán en Paquistán, donde se celebra "más entre tribus y comunidades", y en Ecuador, donde aseguran que la gente mostraba "más tolerancia, amabilidad y respeto" que en España, e incluso practicaron alguna vez el ayuno con ellos.

En Egipto se vive como aquí las Navidades, sólo que la celebración es en las calles.

En España, por el contrario, se han encontrado con "algunas dificultades" por el hecho de ser musulmanes. Sus hijos, de 20 y 22 años, tuvieron que aguantar "burlas" cuando iban al colegio y varias bromas de mal gusto, como "petardos y cacas de perro" en el buzón de su casa. "Es difícil y lo han pasado mal, pero son muy maduros, tienen la mente abierta y son muy comprometidos", comenta su madre.

Ella misma también ha sufrido algún contratiempo en el trabajo —"le llamaron 'mora', tuvo un traslado injusto, hasta sus compañeros se manifestaron para defenderla", cuenta su marido—, pero a día de hoy está contenta y asegura que no le cuesta demasiado compaginar sus turnos de noche como trabajadora social con el ayuno del Ramadán.

CARLOS PINA
A Luz, que también adoptó el nombre de Noor en árabe por traducción del original, le "entristece que no todo el mundo entienda el Ramadán". Para ella, lo más satisfactorio de estas fechas es "el primer trago de líquido del día y el darte cuenta de que puedes hacerlo".

De acuerdo con los datos facilitados por Sami El Mushtawi, jefe del Departamento de Cultura del Centro Cultural Islámico de Madrid, los casi dos millones de musulmanes en España "practican el ayuno, ya que se trata del tercer pilar del islam y lo cumplen todos a excepción de enfermos o personas de avanzada edad de ambos sexos, mujeres embarazadas o lactantes, etcétera".

Al final las horas pasan sin darte cuenta; cuando te miras el reloj ya son las seis de la tarde.

A pesar de la magnitud de esta cifra, en España las empresas no ofrecen exenciones para los trabajadores musulmanes durante el Ramadán, al menos en el caso de la familia Kira-Llano. "Tampoco lo he pedido", reconoce Luz, que soporta bien el ayuno "gracias a la fuerza de Dios". "Al final las horas pasan sin darte cuenta; cuando te miras el reloj ya son las seis de la tarde", dice. Aun así, sí le gustaría que hubiese "más flexibilidad y comprensión". Por ejemplo, su hijo menor está realizando unas prácticas y agradecería que le dejaran empezar más tarde la jornada, ya que en Ramadán apenas se duerme y, si quieren tener algo en el estómago durante la mañana, tienen que estar despiertos sobre las cuatro de la madrugada para tomar el suhur, la última comida antes del ayuno.

CARLOS PINA
La pareja dice que sintoniza unos mil canales en televisión, entre ellos los que retransmiten los cinco rezos diarios de los musulmanes en la Meca.

En cualquier caso, Hisham y Luz están acostumbrados. Sobre todo ella, que ha tenido que esquivar golpes de todas partes: por un lado, de su familia y entorno, cuando decidió convertirse al islam; por otro, de los musulmanes más tradicionales, que no entienden que no se cubra la cabeza o las piernas.

Ni Hisham ni Luz son fanáticos. Los dos van a misa cuando se trata de un evento familiar y él lamenta el radicalismo creciente que detecta cada vez que vuelve a Egipto: "En los 70, cuando iba a la universidad, nadie llevaba velo y las mujeres se bañaban en bikini. Pero el desarrollo ahí ha ido al revés, ha evolucionado a movimientos islamistas, y la mayoría siguen un islam torcido". Ese "islam torcido" procede, según Kira, de la ausencia de gobierno democrático en los países de mayoría musulmana. Y lo achaca también a la ignorancia: "Hay grupos que están comiendo el coco a gente con la cabeza vacía, pero nadie hace nada. Si fueran religiosos de verdad, sabrían que el islam pide que no te hagas daño a ti ni a los demás y que ni siquiera permite que en guerra se arranque un árbol. Así que el terrorismo no es religión, por mucho que la propaganda actual lo diga". "Los terroristas no mueren por Dios porque ni siquiera saben qué es Dios. Esos extremistas están muy lejos de nosotros", zanja.

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