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El plástico está matando a los océanos mucho más rápido de lo que se pensaba

Parley for the Oceans y Corona unen fuerzas para proteger el mar de la avalancha de plástico que amenaza la biodiversidad y el futuro de nuestra especie.

08/06/2017 07:47 CEST | Actualizado 08/06/2017 11:01 CEST
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En un primer vistazo, parece el Paraíso. Hemos llegado después de una hora en coche por un camino de tierra que atraviesa una vegetación salvaje y hogares de cocodrilos. Al poner un pie en ella, queda claro que el viaje nos llevaba a una postal, a la típica postal: arena blanca, agua turquesa, sol benévolo y poca gente. Sólo un instante después comenzamos a descubrir su destrucción. Un pañal allí, una botella, un bote de crema solar gastada, un plato desechable y unos cubiertos, un preservativo, un peine y fragmentos multiformes de otros cien objetos más. Plástico, plástico, plástico. Estamos a unos cuantos kilómetros de Tulum (México) y acabamos de descubrir que estamos matando los Océanos y que nuestro plástico, junto con la sobrepesca, los vertidos o el uso de pesticidas, es en buena parte responsable.

¿Qué pinta en este rincón de la reserva de la biosfera de Sian Ka'an el tapón de una botella de agua que se comercializa en Líbano? Nadie lo sabe, pero ese pequeño fragmento de plástico ha hecho un larguísimo viaje desde el punto en el que alguien lo arrojó al agua sin pensar que ese "por ahí" al que lo lanzaba tenía la forma de esta playa mexicana, perfecta a mis ojos hace unos instantes, gravemente mancillada ahora. En sólo unos minutos de paseo por su frente, el grupo de periodistas y activistas con el que he viajado ha reunido un buen montón de basura plástica. La montaña de restos nos acusa como especie, pero ni la situación aquí es la más grave ni el plástico en las orillas es el problema mayor.

EL HUFFPOST

Es mucho más grave lo que no vemos desde Tulum. Las playas literalmente conquistadas por el plástico en remotas islas del Pacífico, donde las pequeñas comunidades que viven junto a ellas han perdido para siempre su medio de subsistencia y el hogar de su memoria. Los 200 kilos de plástico que, según las estimaciones de Greenpeace, arrojamos a los mares ¡cada segundo! Las grandes islas artificiales de plástico flotante que se acumulan en al menos cinco grandes vórtices en los océanos Atlántico, Pacífico, Mediterráneo e Índico. Los fragmentos microscópicos de plástico que los peces se comen, que las aves que se comen a esos peces se comen, que acabaremos comiéndonos las personas que nos comemos esos peces y esas aves.

Ni siquiera la Fosa de las Marianas, el lugar más profundo de la corteza terrestre, está a salvo: los científicos han encontrado allí niveles peligrosos de Compuestos Orgánicos Persistentes (COP's), elementos químicos procedentes de pesticidas, insecticidas, disolventes... y plásticos. Cada vez parece más optimista la previsión de que en 2048 se habrá producido el colapso de la vida marina; los nuevos cálculos apuntan a que veremos el final de la mayor parte de la biodiversidad oceánica en aproximadamente 15 años. El final de la vida marina es el final de la especie humana: los océanos producen entre un tercio y la mitad del oxígeno que necesitamos para existir.

EL RECICLAJE COMO METADONA

"Somos los dinosaurios y al mismo tiempo el asteroide. Caminamos hacia la extinción", dice Cyril Gutsch con la voz rota y la inmensidad azul del mediodía caribeño a sus espaldas. Él es el fundador de Parley for the Oceans, una empresa de diseño reconvertida en caballo de batalla para la salvación de los océanos. Alemán afincado en Nueva York, Gutsch se ha propuesto despertar la conciencia de todo el mundo sobre lo peligroso que es el plástico y encontrar soluciones para eliminarlo de nuestro consumo.

"Yo también amo el plástico", reconoce, "pero es un amor peligroso. Y el reciclaje es sólo la metadona". A veces Gutsch parece un profeta encogido por la carga de la misión que le ha impuesto su idealismo, pero cuando habla trata de que los objetivos parezcan reales y las estrategias parezcan factibles, aunque no sean fáciles. La de Parley se llama A.I.R, acrónimo de Avoid, Intercept, Redesign. Evitar, Interceptar y Rediseñar el plástico.

La mejor manera de proteger los océanos es evitar que el plástico siga llegando a ellos. Por eso el primer punto, Avoid, consiste en la utilización de materiales alternativos que puedan cumplir la misma función y no sean tan dañinos para la vida marina. El reciclaje juega aquí un papel fundamental. A pesar de que no satisface todas las necesidades del activista Gutsch, él mismo reconoce que el empleo de materiales reciclados tiene la virtud de contribuir a la reducción de la producción de nuevos plásticos.

Con todo, el objetivo más inmediato de Parley, y de otras grandes plataformas como Greenpeace que también luchan por el futuro de los océanos, es limpiar el plástico que ya está alterando ese ecosistema. Para ello, es fundamental la creación de una "red de limpieza" planetaria que vigile las playas y las limpie al mismo tiempo que trata de cambiar los hábitos de las comunidades que la rodean. Además, la intercepción del plástico pasa por la recuperación de uno de los grandes enemigos de la fauna marina, las redes de pesca desechadas, y su conversión en elementos útiles para la sociedad. El reciclaje también interviene en esta fase de la estrategia: es capital que la gente reutilice los elementos de plástico que hay en su vida diaria y recicle aquellos que no puede seguir utilizando.

EL DISEÑO TODO LO PUEDE

Sin el tercer pilar, el rediseño, la Estrategia A.I.R de Parley for the Oceans no sería muy diferente a la que otros organismos llevan años poniendo en marcha. El enfoque genuino de Gutsch, seguramente influido por su profesión antes de convertirse en un "soldado" de los mares, parte de la idea de que "el plástico es un fallo de diseño" y, al mismo tiempo, del convencimiento de que "ese fallo puede ser corregido por el sistema mediante más diseño".

Para que seamos conscientes de ese absurdo nos ha llevado Parley a la playa de Tulum, en una experiencia de dos días en los que no ha habido plástico a nuestro alrededor (salvo el que limpiamos en la costa) y tampoco pescado en nuestro menú. Para eso y para presentarnos un ambicioso acuerdo con Corona, uno de los grupos cerveceros más importantes del mundo y emblema de México. Parley y la marca van a unir esfuerzos para limpiar y proteger 100 islas en todo el mundo para 2020. Está por ver si es una empresa realizable, pero lo más interesante de la idea es el razonamiento económico que la sustenta.

Gutsch y Miguel Patricio, Jefe de Marketing de la marca, le dan forma con dos frases. "El idealismo no soluciona ningún problema por sí mismo", dice el segundo y el primero remata: "Hay que conseguir que proteger los océanos sea más lucrativo que destruirlos". Si cada palabra del fundador de Parley forma parte, como él mismo reconoce, de una "misión de reclutamiento" no es sólo para convencer a periodistas o instituciones de que su causa merece atención, sino sobre todo para convencer a grandes marcas de que vuelquen sus esfuerzos en la lucha por proteger los océanos.

PROBLEMA MEDIOAMBIENTAL, OPORTUNIDAD ECONÓMICA

Lo logró con Adidas, con el lanzamiento de unas zapatillas completamente fabricadas con materiales plásticos extraídos de los océanos y, más tarde, toda una colección de productos para natación. Y lo ha logrado con Corona, que además de colaborar con el objetivo de proteger 100 islas para 2020, ha adquirido el compromiso de eliminar el plástico de todos sus procesos fabriles en los que sea posible hacerlo: uso de botellas de cristal, reutilización, transporte en cajas de madera o cartón. Y un largo etcétera por delante que Miguel Patricio no terminó de concretar.

ADIDAS

La clave del enfoque económico de Parley, el que a medio y largo plazo determinará si su misión es exitosa o queda en nada, es haber visto la oportunidad en la evolución económica del mercado que ha puesto el "propósito" en el centro de todo. Es más eufónico en el inglés de Gutsch ("Purpose is the new luxury"), pero viene a decir que los usuarios ya no compran el producto sólo por sus características, sino también por los valores, por los compromisos y las causas que la marca que lo fabrica tiene con la sociedad.

Es en esta intersección entre la necesidad de ingreso de las empresas y la recuperación del poder de decisión del consumidor donde el compromiso con el medio ambiente, en este caso la defensa de los océanos, puede convertirse en una oportunidad de negocio. Sólo hace falta fijarse en la respuesta de muchas grandes marcas estadounidenses a la decisión de Trump de abandonar el acuerdo de París: ellas seguirán comprometidas, por la cuenta que les trae.

"El plástico fue inventado con la mejor de las intenciones, pero estamos utilizando un material diseñado para durar cientos de años en objetos que a veces utilizamos durante unos segundos", como dice el fundador de Parley. "Cuando lo encontramos en el estómago de un pez o un ave, ese fallo se hace evidente". Nos muestra que detrás de cada problema ambiental "hay un proceso económico incorrecto" y, por lo tanto, la vía para tratar de corregirlo. El futuro depende de ello.

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