POLÍTICA

Salir del armario en el pueblo: "Hasta los profesores me hicieron bullying"

29/06/2017 07:33 CEST | Actualizado 29/06/2017 15:12 CEST

"El mejor regalo que te puedes hacer es ser fiel a ti mismo". Alejandro, a sus 36 años, tiene clara esta afirmación y la ha seguido al pie de la letra. Desde que era pequeño se dio cuenta de que era "diferente a los demás" y a los 28 años hizo algo que siempre pensó "que era imposible": comenzó la transición de género para convertirse en quien es hoy. En sus propias palabras, "un trans empoderado al que no le da vergüenza luchar".

Alejandro se crió en un pueblo de Badajoz y es consciente de lo difícil que es para alguien del colectivo LGTBI salir del armario en un entorno rural, donde todo el mundo se conoce y se convive con las mismas personas todo el rato. "Comencé a sentir el rechazo de la gente y del mundo... No es que me diera cuenta de que era trans, ya que no conocía esa palabra. Pero me daba cuenta de que no encajaba ni con grupos de chicos ni con los de chicas", recuerda. Cuenta que su forma de ser, en ocasiones, "generaba desprecio". "Pero por aquel entonces no tenía las herramientas para describirlo así".

ALEJANDRO BERNALDEZ

Para él, ser una persona transexual en un pueblo ha supuesto "sentirse como un pulpo en un garaje". "Sientes que eres tú al único que le pasa esto y te encuentras un montón de barreras y obstáculos porque piensas que tú eres el único que tiene algo raro", explica. Recuerda momentos como cuando el profesor pasaba lista y decía su nombre y "todo el mundo se quedaba a cuadros en clase" porque tenía un aspecto "muy masculino". También rememora algún día en Correos, cuando no tenía cambiado el nombre en el DNI y no querían entregarle sus paquetes.

Romper los roles de género en lugares pequeños tiene un precio Alejandro

Su familia se tomó "muy bien" su decisión: "Con un poco de miedo, como yo. Había poca información. Pero conozco gente a la que sus padres echaron de casa, una pena". Al mismo tiempo que comenzó su transición física, también lo hizo de cara al mundo. "La reacción en el pueblo era buena entre los más allegados, pero de burla y escarnio por parte del resto", lamenta el joven, que afirma que "romper los roles de género en los lugares pequeños tiene un precio".

Por eso, las emociones que le despierta el pueblo "son dolorosas". "Viví una juventud bastante cruda. Recuerdo muchas agresiones, estar muy confundido... Aún así, conservo algún que otro amigo y lo más importante: mi familia".

Pronto se mudó a la ciudad. Para Alejandro, cambiar el pueblo por la ciudad ha supuesto "tener la oportunidad de compartir" su historia, "comprobar que había más gente a la que le pasaba lo mismo y tener la oportunidad de entrar en el mundo del activismo". Ahora, afirma, siente orgullo "de lo que es ser trans en este mundo". Por eso, anima a aquellas personas que aún siguen en el armario a "tirar para delante". "Que dejen los miedos a un lado y que sean ellos mismos", dice contundente.

"QUE LOS JODAN A TODOS"

Víctor, de 25 años, es homosexual. Acaba de coger vacaciones en su trabajo de cocinero y este miércoles se subirá a un autobús en su pueblo en el Valle de Lozoya e irá a Madrid para celebrar el Orgullo. Sueña con subirse en una de las cabalgatas y bailar al ritmo de Alaska -cuyas canciones lo ayudaron a salir del armario- desde que era adolescente. Él ha sentido que su sexualidad era diferente desde que tiene "uso de razón".

Cuenta que, cuando entró al colegio, se dio cuenta de que le hacían bullying por su condición. "Me pasó igual en el instituto, pero allí ya salí del armario y lo afronté con más valentía y orgullo", recuerda. Gracias a una amiga —no tenía referentes cercanos en su pueblo que le ayudasen en este sentido— logró ponerle nombre a lo que le pasaba y pudo admitir que le gustaban los hombres, "y que no pasaba nada por admitirlo".

FACEBOOK
Victor (D) con su pareja actual

Aunque a día de hoy tiene el apoyo incondicional de su familia, Victor recuerda con total claridad la noche en la que les contó a sus padres quién era con ayuda de su hermano. Fue a los 17 años, un 3 de junio a las 9 de la noche: "Estábamos en el salón de mi casa y mi madre, por el miedo a lo que diría la gente del pueblo, me dijo que se arrepentía de tener un hijo así. Pero hoy está bien orgullosa de lo que soy".

Cuenta que aún hoy, cuando está en el pueblo con su pareja, sigue sintiéndose observado en algunos sitios. "Pero yo pienso que los jodan a todos", cuenta. "En un pueblo, en el siglo XXI les tienes que hacer ver que eres una persona normal y corriente y no una aberración por ser gay", señala. Por eso, el tiempo que ha estado viviendo en Madrid para él ha sido muy diferente: "Eres libre, completamente libre. Puedes ser tú mismo y nadie te juzga".

EL NOVIO DE SU AMIGA NO LA DEJABA HABLAR CON LESBIANAS

Beatriz tiene 36 años y salió del armario en su pueblo de Extremadura. Lo hizo a los 18 años con sus dos amigas "más alternativas". "Estudiaban fuera del pueblo y escuchaban música más moderna como los Cranberries", recuerda. Por eso le fue más fácil contárselo. Años antes había tratado de contárselo a sus amigas más tradicionales y una de ellas le dijo que, si era lesbiana, su novio no le dejaría hablar con ella. Beatriz acabó cambiando de pandilla.

BEATRIZ ORELLANA

En el colegio no le fue mucho mejor. "En bachillerato, todas las chicas eran tradicionales. También en la Escuela de Idiomas. Querían casarse, tener una casa y cuidar de sus hijos", recuerda. Sufrió bullying por parte de sus profesores de inglés y filosofía: "Hasta los profesores me acosaron". Una vez, uno de ellos me dijo que debía acostarme con chicos aunque no me gustase "para no sufrir de histeria".

Las lesbianas sufrimos el machismo de los hombres y las mujeresBeatriz

Ahora, Beatriz es activista en el movimiento feminista y, más concretamente, en el ámbito de la educación. Colabora con la Asociación Extremadura Entiende, de lesbianas y mujeres transexuales y bisexuales. "Me consta que en los institutos rurales, dejando a un lado tres o cuatro gays empoderados, resulta muy difícil salir del armario", cuenta. En algunos pueblos a los que va, las niñas la cuentan "cómo les pegaban o cómo los profesores les daban la espalda". Considera que, dentro de las minorías, las lesbianas son uno de los colectivos más afectados: "Los hombres son el grupo privilegiado. Las lesbianas sufrimos el machismo de los varones y de las mujeres".

"LLEGARON A DECIR QUE LOS SERVICIOS SOCIALES DEBÍAN LLEVARSE A MIS HIJOS"

Antonio vive en Victoria de Acentejo (Tenerife). Tiene 47 años y salió del armario hace aproximadamente siete. Llevaba más de 20 años casado con una mujer y con dos hijos, pero empezó a sentir curiosidad por los hombres y, después de mucho pensarlo, se lo contó a su mujer, de la que estaba enamorado. "Me enfrenté a que me gustaban los hombres y a que quería estar con ella y su reacción fue increíble. Transformamos la relación y la hicimos más abierta", cuenta.

ANTONIO PERDOMO
Antonio llevando la bandera bisexual

Fue entonces cuando comenzó a experimentar abiertamente con hombres. Llegó un punto en el que convivieron tres personas en la misma casa: Antonio, su mujer y otro hombre con el que mantenía también una relación. "En el pueblo era una locura, imagínate. Fue un escándalo absoluto", rememora. Aunque para su familia era una situación normalizada, "para el pueblo era vicio, pecado y depravación. Nos dijeron lo más desagradable que te puedas imaginar".

Recibió insultos y varias personas de su entorno le retiraron la palabra. "Hay quien dice, incluso, que los servicios sociales se tienen que llevar a mis hijos", lamenta, "a pesar de que mis hijos son ahora muy tolerantes y saben lo que es la igualdad".

ANTONIO PERDOMO
Antonio (con las gafas de sol y la bandera bisexual) en una marcha LGBTI

Antonio quiere resaltar que una de las cosas más dolorosas es la "invisibilidad" del colectivo bisexual. "Nadie contempla la bisexualidad. Los gays o lesbianas sufren discriminación, pero al menos no se cuestiona su orientación sexual. A mi me llegaron a decir que era un gay reprimido y que me había casado y tenido hijos por aparentar, sin pensar que podía estar enamorado de mi mujer. Además, ahora, aunque esté con mujeres, no lo ven una relación. Para ellos soy un maricón y ya está", dice.

Alejandro, Víctor, Beatriz y Antonio son cuatro de las muchas personas del colectivo LGTBI en entornos rurales que han tenido la valentía y los recursos suficientes para salir del armario y poder disfrutar plenamente de quienes son. Pero son conscientes de que hay otras muchas que siguen sufriendo en silencio y se preguntan por qué esto sigue pasando en el siglo XXI.

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