INTERNACIONAL

Corea del Norte sube su apuesta con su misil intercontinental

Apuesta a posicionarse de cara a eventuales negociaciones con Estados Unidos.

06/07/2017 10:16 CEST | Actualizado 06/07/2017 10:16 CEST
REUTERS
Imagen sin fechar del líder de Corea del Norte, Kim Jong Un.

Con su misil balístico intercontinental (ICBM), Corea del Norte apuesta a posicionarse de cara a eventuales negociaciones con Estados Unidos, según analistas, aunque al mismo tiempo aleja la posibilidad de un diálogo.

El misil lanzado en el Día de la Independencia de Estados Unidos es capaz de impactar en Alaska o incluso más allá, según los expertos.

Pone al alcance de Pyongyang el tan acariciado sueño de desarrollar un misil capaz de transportar una cabeza nuclear hasta territorio continental de Estados Unidos y plantea un serio desafío al presidente estadounidense Donald Trump.

"Todo parece indicar que el Norte está buscando subir la apuesta diplomática lo más posible y asegurarse una posición favorable en sus relaciones con el resto del mundo, incluyendo Estados Unidos y Corea del Sur", ha estimado Kim Yong-Hyun, profesor de estudios norcoreanos de la Universidad Dongguk de Seúl.

Todo parece indicar que el Norte está buscando subir la apuesta diplomática lo más posible y asegurarse una posición favorable en sus relaciones con el resto del mundo

La península coreana está dividida desde la guerra de Corea, que terminó en 1953 con un armisticio y no un acuerdo de paz. Pyongyang asegura que necesita armas nucleares para defenderse de la amenaza de una invasión.

Su programa nuclear y misilístico, insiste, jamás será negociable, a menos que Washington abandone lo que Pyongyang llama la "política hostil" estadounidense.

El momento elegido para la prueba del misil —tras la primera cumbre entre Trump y el nuevo presidente surcoreano Moon Jae-In y antes de la cumbre del G20— parece ser deliberado, según Kim.

Moon preconiza dialogar con el Norte y llevarlo a la mesa de negociaciones, lo que Trump ha respaldado. Sin embargo, el lanzamiento del misil fue "claramente un portazo a Moon", ha opinado Kim.

"Moon dijo a menudo que quería estar sentado en 'el asiento del conductor y no en el trasero' para desempeñar un papel de liderazgo en las negociaciones nucleares", ha explicado a la agencia AFP. "Aparentemente, Kim Jong-Un lo que está diciendo es que es él el que debería estar sentado en el asiento del conductor".

Aparentemente, Kim Jong-Un lo que está diciendo es que es él el que debería estar sentado en el asiento del conductor

Una cantidad creciente de analistas estiman que tarde o temprano Estados Unidos tendrá que negociar con el Norte. "En última instancia, no quedará otra opción que el diálogo", ha opinado el profesor Kim Yeon-Chul de la Universidad Inje de Corea del Sur.

Durante décadas, Pyongyang buscó obtener concesiones de sus rivales con una mezcla de provocación y gestos ocasionales pacíficos —a veces con éxito— antes de que el proceso vuelva a desmoronarse.

Según el analista coreano Cho Han-Bum, del Korean Institute for National Unification, el lanzamiento del misil el martes pasado fue otra "movida altamente calculada y calibrada de estrategia del precipicio", consistente en llevar casi hasta las últimas consecuencias una acción peligrosa para hacer retroceder al adversario y alcanzar un resultado lo más ventajoso posible para sí mismo.

Otra "línea roja" que Pyongyang ha evitado cruzar hasta el momento es un sexto ensayo nuclear.

La prueba del misil forma en cambio "parte de su intento por subir la apuesta" de cara a futuras negociaciones, agrega. Sin embargo, el problema es que al hacerlo "vuelve al mismo tiempo más difícil para la comunidad internacional lanzar las negociaciones".

Ello sugiere además que el Norte "no tiene apuro" en llegar a las negociaciones y podría en cambio seguir subiendo la apuesta.

LA POSTURA DE EEUU

Mientras tanto, Washington puede verse obligado a tener que conformarse con seguir llamando al aliado de Corea del Norte, China, a hacer más para contener a su vecino.

En un tuit, Trump ha invitado a Pekín a ponerle un tope a Corea del Norte "y terminar este sinsentido de una vez por todas".

Pekín insiste en que ha realizado "denodados esfuerzos" sobre el tema y considera que lo peor sería un colapso del régimen de Pyongyang capaz de provocar un flujo masivo de refugiados, o peor: el despliegue de tropas norteamericanas en su frontera con una Corea unificada.

Hasta el momento, paquetes sucesivos de sanciones de la ONU fracasaron en el intento de frenar el impulso norcoreano.

Las llamadas "sanciones secundarias" de Estados Unidos para penalizar a empresas que hagan negocios en Corea del Norte podrían afectar a intereses chinos.

Lo cual difícilmente alentaría a Pekín —ya enfurecido por el despliegue del escudo antimisiles norteamericano en territorio surcoreano— a dar una mano.

John Nilsson-Wright, investigador de Chatham House, un grupo de reflexión con sede en Londres, dijo en un ensayo publicado por la BBC que el Norte puede seguir jugando con el tiempo "y al mismo tiempo seguir capitalizando las divisiones en el seno de la comunidad internacional".

Las mismas corren el riesgo de quedar expuestas en la cumbre del G20 prevista este fin de semana en Alemania, con China y Rusia llamando a la moderación por una lado, y Estados Unidos reclamando un reacción, por otro.

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