INTERNACIONAL

Malas noticias desde Hamburgo: el mundo no tiene líder

Es evidente que Trump no lo es.

08/07/2017 10:18 CEST | Actualizado 08/07/2017 10:18 CEST
Carlos Barria / Reuters

La Historia tomará nota de esta semana, y no de forma positiva.

La cumbre del G20 de esta semana en Hamburgo (Alemania) demostrará que ya no hay ningún centro en los asuntos internacionales, que ya no hay un claro primero entre iguales, que falta estructura y que existe la posibilidad de que se produzca un conflicto fatal en los puntos calientes del planeta.

El presidente Donald Trump, el presunto "líder del mundo libre", sigue ignorando los asuntos diplomáticos de forma descarada. Su administración, dividida, caótica y con falta de personal, asusta a los funcionarios de otras naciones.

"No podemos entender quién dirige en realidad el Gobierno de Estados Unidos", me confesó un diplomático en un importante think tank europeo. "Sabemos que Trump es el presidente, pero ¿quién es la verdadera fuerza? ¿Es [el secretario de Estado Rex] Tillerson, [el consejero de seguridad nacional H.R.] McMaster... o quizás Ivanka Trump? No lo sabemos".

El presidente aumenta la confusión con sus tuits maniáticos, sus cambios repentinos, su grandiosidad verbal y su imprevisibilidad, ya sea de forma ingenua o táctica. Ha jugado al despiste con China, Rusia, Corea del Norte y Alemania, mientras que en cuestiones de medio ambiente, inmigración y comercio se ha mostrado claramente frío con los regímenes internacionales.

Sabemos que Trump es el presidente, pero ¿quién es la verdadera fuerza? ¿Tillerson, McMaster... o quizás Ivanka Trump? No lo sabemos.

Es muy probable que otros le hayan tomado la medida y hayan llegado a la conclusión de que la confusión enmascara la debilidad. Seguramente el presidente ruso Vladimir Putin, exagente de la KGB y maestro en todas las artes oscuras de intimidación, vaya con ventaja en los métodos más bien improvisados de Trump.

Trump es sólo uno de los muchos líderes internacionales que comparten una visión del mundo cuestionable. Con la excepción de Angela Merkel en Alemania y Xi Jinping en China, hay demasiados jefes de Gobierno en la actualidad hinchando el pecho; son figuras teatrales más interesadas en bramar sobre el orgullo nacional que en lograr lo que John F. Kennedy llamó "the Brotherhood of Man", que se traduciría por 'la hermandad del Hombre' o 'la fraternidad humana'.

Trump no fue quien empezó la tendencia del nacionalismo corrosivo ―Putin y el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi fueron pioneros―, pero ha contribuido a rematar el título de líder del mundo.

Putin, exagente de la KGB y maestro en todas las artes oscuras de intimidación, va con ventaja en los métodos improvisados de Trump.

Quizá la aparición de estos pavos reales sea inevitable. La Guerra Fría puso la ideología global por delante del nacionalismo. El período post-Guerra Fría, después de la caída del Muro de Berlín, se centró más en el comercio internacional y en los beneficios bancarios que en la política.

Ahora vivimos en un mundo de patriotismo post-post-Guerra Fría. Es mucho menos estable, menos predecible y más preocupante, incluso para los americanos, protegidos por vastos océanos y vecinos simpáticos. Como lamentó Merkel esta semana, el presidente estadounidenses mira a su alrededor y ve "un estadio y no una comunidad global".

Al parecer, a Trump le gustan los estadios. Pero en el G20 se enfrenta a unos equipos diferentes:

La península de Corea: El último volcán activo de la Guerra Fría, el conflicto sinfín entre Corea del Norte y del Sur, lleva siendo ignorado durante décadas. Ahora, la posibilidad de que alguien lance una guerra nuclear es real, o pronto lo será.

Esta no empezó con Trump, y además él tiene nada o poco que decir. China y Rusia, los únicos dos países que podrían controlar a Kim Jong Un, están dispuestos a darle más campo al líder norcoreano para que acose y distraiga a Estados Unidos. Quieren una rendición doble que frenaría el desarrollo de armamento nuclear de Kim Jong Un mientras va reduciéndose la presencia militar estadounidense en la península. Trump está simultáneamente pidiendo ayuda a China con Corea del Norte y amenazándola con nuevas sanciones comerciales sobre el acero. Buena suerte, presidente.

El mar de la China Meridional: Xi Jinping está usando el avatar internacional esta semana, regalando pandas a Merkel en Berlín y prometiendo ser una potencia para la estabilidad global y el comercio libre frente al aislamiento de Trump. Al mismo tiempo, con una eficiencia obstinada, los chinos están militarizando el mar de la China Meridional con la esperanza de convertirlo en su propio lago privado. El presidente Barack Obama trató de unir a las naciones de la zona del Pacífico contra China en esta cuestión; en eso consistía el Acuerdo Estratégico Transpacífico. Trump salió de ese acuerdo de comercio en uno de sus primeros movimientos.

Vladimir Putin: Nadie en la historia moderna ha sido mejor luchando una batalla perdida. Rusia no es ni inspiración ni modelo para ningún otro país a día de hoy, es irremediablemente corrupto y tiene una economía sin ley a merced del precio del petróleo y de otras mercancías. Pero Putin es popular en casa porque se ha burlado y ha debilitado a los Estados Unidos y a otras democracias occidentales —los "ganadores" de la Guerra Fría— cuando y donde ha podido, incluso en la campaña electoral estadounidense de 2016, según las agencias de inteligencia de EE UU.

Putin ya le ha arrebatado a Trump casi todo lo que quería: la situación de igual a igual que Obama y Hillary Clinton se negaron a concederle. Lo único que él no quiere es que le dejen solo mientras sus hackers hacen el cibertrabajo sucio. Eso significa que Trump no puede presionar a Rusia con el tema de Corea, Siria o Ucrania. Si lo intenta, Putin siempre puede contarle a la CNN lo que ocurrió realmente con esas historias de webs y fake news durante las últimas semanas de la campaña en Michigan, Ohio y Wisconsin.

Europa: En el país que acoge el G20, Alemania, la confianza de que Trump hará "lo correcto" en asuntos internacionales está en torno al 11%. Básicamente, el resto de Europa siente lo mismo. Por eso no sorprende que Hamburgo se haya levantado con protestas masivas contra la presencia de Trump en la ciudad. Atrás queda el momento del "Ich bin ein Berliner" de Kennedy.

Aunque el discurso de Trump en Varsovia tratara de tranquilizar a otros países de la OTAN sobre el compromiso de América con su defensa común, los aliados no se tranquilizaron, ya que nadie sabe quién estaba hablando realmente en ese discurso. "Eso estaba en el guión y lo leyó de un teleprompter", me dijo un embajador de un país de la OTAN. "No podemos dar por hecho que eso es lo que el presidente cree".

Comercio: Al salir del Acuerdo Transpacífico y amenazar a la Unión Europea, Trump ha dado espacio para que China se convierta en el siguiente actor clave para el comercio global. Japón acaba de anunciar un nuevo acuerdo de comercio masivo con la Unión Europea, como diciéndole a los Estados Unidos: "No os necesitamos".

Pero eso no es cierto. El mundo sigue necesitándonos. Aunque no tanto.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' EEUU y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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