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Todos tenemos algo de Frida

08/07/2017 10:22 CEST | Actualizado 08/07/2017 10:22 CEST

Bettmann Archive

Icono de la moda. Amante de los animales y la naturaleza. Sobreviviente al dolor crónico. Enamorada del ser humano, independientemente de su género. Firme en sus convicciones sociales y políticas. Promotora de la aceptación de las imperfecciones físicas. Mujer adelantada a su tiempo. Y por último, pero no menos importante, la artista femenina más popular en la historia.

No es una exageración decir que, por estas u otras razones, Frida Kahlo nos representa a todos. Sí, todos somos Frida de alguna u otra forma, independientemente de si nos gusta o no su obra. Pero, ¿por qué Frida Kahlo despierta esa fascinación? Nos identificamos con sus pasiones, sus dolores, sus alegrías o sus ilusiones; la sentimos cercana, la consideramos nuestra "cuate" (como firma en varias de sus cartas a sus amigos) o la hacemos nuestra Frida, nuestra Friducha.

Su honestidad, su actitud desparpajada ante la vida y su forma de encarar las tragedias la hacen un personaje entrañable con el cual es fácil empatizar. Y es que, ¿quién no ha sufrido alguna vez dolores físicos o emocionales que, por muy pequeños, nos derrotan? Quizá no del grado de que el pasamanos del camión en el que viajamos atraviese nuestro cuerpo después de chocar con un tranvía, provocando daños físicos irreparables; o bien sentir el corazón irremediablemente roto luego de enterarnos que nuestra pareja nos fue infiel con un familiar cercano. Frida somos todos aquellos que sufrimos dolores físicos y emocionales, en mayor o menor medida.

Frida somos quienes buscamos la libertad, quienes marcamos la diferencia, quienes huimos de lo convencional.

Alguna vez en un museo escuché a una mujer decir que entendía a Frida y su dolor, mientras observaba fijamente la obra de La columna rota, aquella donde Frida se pinta a sí misma con una columna griega derrumbándose en vez de la vertebral, el torso desnudo cubierto de clavos y lágrimas cayendo de su rostro: "Seguro que tenía fibromialgia. Sufro de eso y paso dolores horribles. Por eso me gusta su obra", recuerdo que dijo.

Por banal que suene, Frida son también las chicas en festivales de música portando coronas de flores, como si fuera una innovación nacida en los dos miles, cuando se trata de un elemento utilizado desde hace cientos de años como símbolo de fertilidad y amor a la tierra. El cual la pintora popularizó al volverlo parte de su imagen y ser actualmente el primer referente que viene a la cabeza al pensar en este accesorio.

O sus corsés, que si bien para ella eran parte fundamental de su terapia posterior al accidente, para ayudarla a mantener la espalda erguida, más que ser un artículo de moda, a lo largo del siglo XX y XXI han inspirado a diseñadores como Jean Paul Gaultier o Rei Kawakubo a crear vestidos innovadores, como los que se exhibieron en la muestra de Las apariencias engañan. Los vestidos de Frida Kahlo.

La obra 'Autorretrato', de Kahlo, durante una exhibición en la galería Ordovas, de Londres, el 15 de septiembre de 2016. LEON NEAL/GETTY IMAGES

Mural con la imagen de la artista en EstambuI, Turquía, el 22 de febrero de 2017. CHRIS MCGRATH/GETTY IMAGES

La niña Ruby Alford y su madre, Mary Rafferty, son aplaudidas luego de ganar el concurso de dobles de Frida Kahlo, celebrado en Albuquerque, EU, el 2 de noviembre de 2002. PHILLIPPE DIEDERICH/ GETTY IMAGES

Los fashionistas, diseñadores, fotógrafos e ilustradores han encontrado en Frida una fuente inagotable de inspiración. Basta echar un vistazo a la cantidad de imágenes en Instagram con la etiqueta #FridaKahlo, o los infinitos contenidos en Tumblr o Pinterest, con ilustraciones creadas por fanáticos, atuendos bohemios inspirados en ella, trenzas en alto y cualquier objeto de uso cotidiano evocando su imagen.

Frida son también aquellos hombres y mujeres que no pueden tener hijos, como ella, que tras el accidente del camión se vio imposibilitada a procrear; son los que protegen a los animales y la naturaleza, representados incansablemente en sus autorretratos con el mono Fulang Chang y el xoloitzcuintle señor Xolotl, o en las naturalezas muertas llenas de frutas coloridas.

Somos los mexicanos orgullosos de nuestras raíces y que ponemos en alto el nombre de este país a dondequiera que vamos, como ella, que se ha convertido en la mejor embajadora de México en el mundo; son los niños con grandes sueños, que evocan a la pequeña Frida, que echaba vaho a la ventana y dibujaba una puerta por la que escapaba con una amiga imaginaria; son los latinos que viven en Estados Unidos luchando por una vida mejor, siguiendo los pasos de Frida y Diego al conquistar Nueva York, Detroit y San Francisco con sus obras.

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Son todos aquellos que aceptan sus imperfecciones y se asumen como seres humanos inacabados, en evolución y transformación, pero bellos, que no necesitan pies, pues tienen alas para volar; somos aquellos que defendemos lo que creemos y lo que queremos sin importar nada más, sin temer ganar enemigos, al igual que ella, hablándole de frente a políticos de alto rango o a la exmujer de su marido; son los hombres que se enamoran de hombres o de mujeres; las mujeres que se enamoran de hombres o de mujeres; los amantes que no encuentran límites ni en la edad ni el físico y se dejan llevar por sus pasiones y emociones en el nombre del amor, como Frida y Diego, Frida y Trotsky, Frida y Tina, Frida y todos.

Frida somos quienes buscamos la libertad, quienes marcamos la diferencia, quienes huimos de lo convencional. Frida somos quienes encaramos el día a día y gritamos ¡Viva la vida! a pesar de los pesares, esperando que en algún momento lleguemos a la salida para no volver jamás. Frida somos todos.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición mexicana de El HuffPost

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