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Un día de verano en los Juzgados de Benidorm: qué sucede en una de las ciudades más visitadas de España

La localidad alicantina tiene en julio y agosto una población flotante de 400.000 personas.

04/08/2017 22:29 CEST | Actualizado 05/08/2017 10:28 CEST

Benidorm (Alicante) es la cuarta ciudad con más pernoctaciones de España tras Barcelona, Madrid y San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria). Durante los meses de julio y agosto la localidad puede llegar a tener una población flotante de más de 400.000 personas.

Puede parecer que ante tal cantidad de turistas, la ciudad sea un hervidero de caos y delincuencia, pero no. Según un informe del Ministerio de Interior de 2015, Benidorm registró ese años más de 105 infracciones penales por cada mil habitantes. Sin embargo, esto tiene trampa: el estudio toma como a la población censada, unos 70.000, y no tienen en cuenta a la población flotante.

¿Qué sucede en las tripas de una ciudad que multiplica por seis su población? ¿Qué tipo de altercados son los más comunes durante la época estival? Para responder a estas preguntas, este redactor de El HuffPost ha pasado un día de julio junto a tres abogados durante un turno de guardia en el Juzgado de Instrucción número 3 de Benidorm.

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LLEGADA A LOS JUZGADOS

Entro a los juzgados de Benidorm donde me recibe un grupo de abogados tomando un café. La cafetería, que se parece más a la de un polideportivo que a la de un juzgado, apenas tiene café, algún bollo, chicles y botellas de agua en una nevera.

Con el resto de abogados comparten mesa dos intérpretes, uno de inglés y otra de árabe, que son los que más trabajo suelen tener en verano. Uno de ellos me da un consejo nada más llegar: "Duda de todo". No sé si es un chiste interno o lo dice en serio.

"Aquí no suele morir gente, hay casos muy pintorescos pero nada realmente grave", asegura uno de los tres abogados con los que voy a compartir el día.

Dentro del recinto se respira un ambiente de pasillo de hospital. Mientras la gente espera con cara de tensión, una ingente cantidad de letrados corren de aquí para allá móvil en mano, con carpetas repletas de papeles y con cara de pocos amigos.

"¿Qué tienes hoy?", le pregunta uno a otro. "Una alcoholemia, un atentado contra la autoridad y una mujer que decide no ratificar una denuncia. Lo de siempre", responde mientras apura el café.

Lo primero que hacen los abogados al llegar, además de tomarse el pertinente café, es acudir a la ventanilla del Juzgado de Guardia para recibir el atestado policial y poder reunirse con el detenido por el que les han llamado la noche anterior. "Espero que no tarden mucho en subir a los míos", suelen decir los letrados mientras esperan en el pasillo.

EL DELITO MÁS REPETIDO

Uno de los letrados sale a fumar y decido acompañarlo. Cuenta que el día anterior asistió en comisaría a un hombre de nacionalidad inglesa que detuvieron por escupir en la cara a un agente de policía y por intentar golpearlo en repetidas ocasiones, obviamente bajo los efectos del alcohol. "Este es el tipo de delito que más se repite en estas fechas. He llegado a ver de todo, hasta un borracho que intentó estrangular a un policía con el cable de la radio del agente", cuenta.

Este abogado, que viste unos pantalones beige y una camisa de manga corta color pistacho, asegura que Benidorm no es una ciudad peligrosa. "Aquí lo que más recibimos son robos, hurtos, atentados contra la autoridad, lesiones y alcoholemia. Luego hay casos muy llamativos como cuando vinieron los Ángeles del Infierno a pegarse de tiros con otra banda", dice mientras se termina su segundo cigarro.

COGER EL COCHE BORRACHO

Otro de los delitos más comunes en la ciudad entre los nacionales son los llamados CIBA (Conducción Bajo Ingesta de Bebidas Alcohólicas). "El CIBA es el delito del honrado, el que comete todo el mundo. Yo he tenido hasta policías", me cuenta dando la última calada.

A la media hora me vuelvo a pegar a otro abogado, no sé exactamente qué pinta debe tener un abogado, pero jamás hubiese dicho que este señor se dedica a defender a alguien. Lleva unos vaqueros que le dejan entrever la raja del culo y un polo muy colorido con los cuellos sin planchar. Me comenta un caso relacionado con este tipo delitos que ha tenido esta semana: "Atendí una asistencia en comisaría donde el tipo llevaba los pantalones rasgados, venía de saltar la valla de un hotel para esconderse, tras volcar su coche en una zona céntrica cuando huía de la Policía".

En este caso se le imputan dos delitos, uno de resistencia contra la autoridad y otro de conducción temeraria. Lo normal en estos casos es que se paguen los daños al momento. De hecho, los ingleses suelen pagar rápido lo que han hecho para poder irse a su país o simplemente para poder seguir de fiesta.

FIESTAS PATRONALES TODO EL AÑO

El abogado de camisa pistacho tiene claro que el problema es el modelo turístico de la ciudad: "Todo el mundo viene aquí como si fuesen fiestas patronales, ¿tú que sueles hacer en las fiestas de tu pueblo? Pues eso...".

Me cuenta que esta semana ha tenido lugar uno de esos casos pintorescos que suelen saltar a los medios de comunicación locales: un hombre de nacionalidad británica pasado de alcohol y drogas se encontraba en el hall de un hotel cuando se lió a puñetazos contra el aire. En un momento determinado se vio en un espejo y la emprendió a golpes contra su propio reflejo. Causó unos destrozos por valor de 200 euros.

"Un turno de guardia en Benidorm es muy pintoresco porque te puedes encontrar de todo", me cuenta otro de los abogados que está esperando a que le traigan a una detenida de nacionalidad rumana que ha sido arrestada por robar un teléfono móvil. "Es raro porque la han identificado sólo por fotografía y asegura que ella estaba en Rumanía, ahora veremos...", dice tranquilo el letrado.

UNA DECLARACIÓN EN DIRECTO

Cambio de pareja de baile. Ahora me pego a un abogado de camisa azul apretada, pantalones azul oscuro que le quedan cortos por los tobillos y con aspecto de villano de Marvel.

De pronto me alertan de que está a punto de empezar la declaración de una mujer italiana que ha pasado la noche en el calabozo por conducir bajo los efectos del alcohol y provocar varios accidentes. Me asomo desde el pasillo y veo en una sala de un lado a la juez y al funcionario y del otro al abogado, la detenida y un agente de policía. La magistrada me ve, me mira de arriba a abajo y me ignora por completo.

Esta mujer ha pasado la noche en el calabozo. "Qué mala noche ha pasado la pobre y viene sin comer, con lo que sube el alcohol", le dice el abogado a la juez, que hojea el atestado policial en pocos minutos.

"No hay que beber, bueno sí hay que beber, pero no hay que coger el coche", dice la juez sin levantar la mirada de los papeles. La mujer asegura que "sólo bebió un poquito de Limoncello".

La detenida queda emplazada a un juicio que tendrá lugar el próximo mes de septiembre. Al salir y cuando la magistrada se va, el abogado le dice en voz baja a la señora italiana: "Tráele una botella de Limoncello al juicio".

Mi día en los pasillos del juzgado transcurre como el que ve una serie de televisión desde el sofá de su casa. Porque, desde fuera y sin estar implicado, todo se ve mucho mejor.

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