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De Benidorm a AirBnb: cómo han evolucionado las vacaciones de los españoles desde los 60

"Sería curioso asomarse a una agencia de viajes para ver cuántos menores de 30 años hay".

22/07/2017 17:22 CEST | Actualizado 22/07/2017 17:22 CEST
EFE/Manuel Lorenzo
Benidorm (Comunitat Valenciana), 25/05/2017.

Esta semana saltó la polémica a raíz de unas palabras de Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, que anunciaba que por tercer verano consecutivo no va a cogerse vacaciones y que las considera "una alternativa voluntaria, no una obligación".

Al margen de la sorpresa y la extrañeza del pueblo llano ante tal decisión, representantes sindicales y políticos han criticado el gesto de Cifuentes. Las vacaciones "son un derecho conquistado por los trabajadores", afirmó Unai Sordo, secretario general de CCOO, que lamentó que "una responsable política haga apología de su no disfrute". En esa misma línea se manifestó el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, quien reprobó que "[cuestionara], aunque sea de esta forma indirecta, un derecho de los trabajadores como las vacaciones".

Concretamente, fue hace 86 años cuando se conquistó por primera vez en España el derecho a siete días de vacaciones por año trabajado. Lo establecía la Ley de Contrato de Trabajo de 1931 y desde entonces no sólo han mejorado las condiciones laborales (ahora tenemos derecho a 30 días naturales), sino también el concepto de vacaciones.

Aquella ley hablaba de "un permiso ininterrumpido de siete días", de las condiciones por las que el trabajador podía perder "su derecho a la remuneración" y de que sería "el patrono, de acuerdo con el obrero", quien determinaría la fecha.

DEL PUEBLO A BENIDORM Y DE AHÍ AL EXTRANJERO

Probablemente en los años 30 en España casi nadie tenía planeadas unas vacaciones a Japón, Los Ángeles o Perú y, como es lógico, no habían oído hablar jamás de AirBnb. Es más, en los 60 tampoco concebían las vacaciones igual que en los 80, ni en los 80 igual que en la actualidad, según explica el sociólogo y profesor de la UNED Javier Callejo, autor de Transformaciones de la demanda turística española. "En los años 60 las vacaciones se entienden como un permiso que da la empresa para pasar unos días libres y la gente lo que hace es irse a la casa del pueblo en una especie de viaje regresivo-comunitario", cuenta.

Hay que esperar hasta los 80 para que en España se instaure la sociedad del turismo, en una evolución "ligada a la Constitución y a la sociedad de consumo". El 10 de marzo de 1980 se firma el Estatuto de los Trabajadores, que establece 30 días naturales de vacaciones anuales. Y a lo largo de esa década, las vacaciones empiezan a considerarse "la oportunidad para realizar algo extraordinario", señala Callejo; como "irse a Benidorm y a la costa de Levante", ilustra. "Incluso hay quienes ya se plantean hacer viajes al extranjero, especialmente desde Euskadi y Cataluña", afirma. "Es lo que impone la lógica de consumo, el afán de distinguirse".

En los 60, la gente se iba a la casa del pueblo en una especie de viaje regresivo-comunitario. A finales de los 80, se impone la lógica de consumo y el afán de distinguirse. Javier Callejo, sociólogo

MÁS VIAJES, MENOR DURACIÓN

Poco tienen que ver aquellas salidas a Benidorm con los 51.397.320 desplazamientos turísticos que realizaron los españoles en 2014, según los últimos datos del INE. La tendencia en la actualidad es viajar más veces pero reducir la estancia media, de acuerdo con el IV Barómetro del Alquiler Vacacional en España, que también apunta a una mayor contratación de viviendas turísticas (apartamentos de alquiler o por el modelo de AirBnb) frente a los hoteles y al uso de webs especializadas para buscar alojamiento. Por otro lado, más de la mitad de los viajes ni siquiera se hace en verano y casi uno de cada diez es fuera del país.

Y eso que, en palabras de Callejo, "España es uno de los países de Europa donde menos se sale al extranjero", hábito que achaca principalmente a tres motivos: la renta, más baja que en los países del entorno; la amplia oferta turística que tiene España; y la expansión de la segunda residencia, costumbre que surgió en los años 80 con el boom inmobiliario. "A día de hoy, el 16% de los españoles tiene una segunda residencia —sobre todo, en la costa de Levante y Andalucía— y eso ata", sostiene el sociólogo. También las vacaciones de los españoles se caracterizan por "el poco uso de campings y el uso de las casas de amigos", añade.

Aunque estés desempleado o en una situación económica débil, te sientes presionado para irte de vacaciones.

¿Pero qué pasa si eres de los que no se van de vacaciones? ¿Se ha convertido esto en un factor de exclusión social? "Sí", responde el sociólogo, "o al menos está vinculado a otros indicadores de exclusión". "Aunque estés desempleado o en una situación económica débil, te sientes presionado para irte de vacaciones", comenta. "Ya no te atreves a decir que no te vas; aunque sea a tu pueblo, que está a 20 o 40 kilómetros, dices que te vas de vacaciones porque, si no, te toca justificarlo".

TRAS LA CRISIS, CAMBIAN LOS HÁBITOS

Uno de los factores que más ha influido en las vacaciones de los españoles en los últimos tiempos es la crisis económica. "Ha habido un cambio de hábitos, sobre todo en las grandes clases medias: ahora se hacen más reservas de última hora y no decides hasta el último momento dónde, cuándo e incluso con quién te vas, mientras que antes la gente sabía que se iba en agosto y ya en enero lo tenía planeado", indica el sociólogo.

"También se ha comenzado a hacer turismo de consumo compartido, que tiene ventajas económicas pero también nos deja más desprotegidos", plantea. "Y luego está el poco uso de las agencias de viajes, a las que ya sólo se recurre para organizar un viaje a un país exótico. Sería curioso asomarse a una agencia para ver cuántos menores de 30 años hay", reflexiona Callejo.

En cierto modo, el consumidor ha madurado, pero también a base de precariedad. Porque NO todo el mundo tiene vacaciones. O no las que debería, recuerda Gonzalo Pino, secretario de Política Sindical de UGT. "Las grandes empresas sí suelen respetar los 30 días naturales mínimos por año, porque están presentes los sindicatos, pero las microempresas y medianas empresas (el 94% en nuestro país) y las nuevas multiservicios generan problemas de toda índole. Algunas tienen costumbres propias del siglo pasado y eso, como sindicato, nos preocupa", señala. "Más con la actual reforma laboral, que da un margen muy amplio a los empresarios. Ellos crean sus propios convenios y sus propias condiciones, que muchas veces rayan la ilegalidad", añade, "por no hablar de los falsos autónomos".

EL PROBLEMA DE LA CONECTIVIDAD PERMANENTE

La psicóloga Patricia Ramírez habla del descanso no tanto como algo importante sino más bien necesario (toma nota, Cristina Cifuentes). "La mente necesita sanearse. Si estás pensando en lo mismo todo el tiempo y te sientes con una carga de responsabilidad constante, no hay oportunidad para la creatividad", señala.

Antes te ibas de vacaciones de verdad. Hoy es imposible: te escriben al correo y aunque tengas la respuesta automática de 'fuera de la oficina', te llega. O peor, te llaman.Patricia Ramírez, psicóloga

Además, se declara partidaria de fragmentar las vacaciones, ya que, desde el punto de vista psicológico, "15 días son ideales para desconectar y reconectar". Pero al mismo tiempo, Ramírez cuestiona cuánto hay de descanso real teniendo en cuenta la conectividad constante que se ha apoderado de la vida de los trabajadores. "Antes te ibas de vacaciones de verdad. Hoy en día es imposible: porque la gente te escribe al correo y aunque tengas la respuesta automática de 'fuera de la oficina', te llega. O peor, te llaman al móvil aunque sea personal con urgencias que no son tan urgentes", escenifica.

Sus apuntes psicológicos en favor del descanso no casan demasiado con la tendencia actual a estar permanentemente pendientes del correo del trabajo, a sentirse culpables por salir de la oficina a la hora que corresponde, a echar horas extra sin cobrar o a optar por no cogerse todos los días de vacaciones asignados.

Esto último es algo insólito en España (con notables excepciones, como la presidenta de la Comunidad de Madrid), pero en Estados Unidos está generalizado. Allí, cuatro de cada diez trabajadores renuncian a parte de sus vacaciones, según un estudio de 2014 realizado por Oxford Economics. Gonzalo Pino, de UGT, rebate este planteamiento: "No es que los trabajadores renuncien a sus vacaciones. Es que tienen unas condiciones tales —en las que les están negando sus derechos— que les hacen temer por su puesto, porque cogerse vacaciones está mal visto por la empresa, no encaja con su política de competitividad extrema".

Pino no cree que en España lleguemos a ese nivel, pero sí le preocupa la "situación de incertidumbre y de desempleo, que ya no es coyuntural, sino estructural". "Estamos en el cuarto año de crecimiento y, sin embargo, tenemos las peores condiciones salariales de los últimos tiempos: precariedad, contratos parciales cuando deberían ser indefinidos... La reforma ha trastocado el mercado laboral", sostiene, al tiempo que defiende el estado de bienestar que siempre ha sido seña de identidad en Europa: "No vamos a renunciar a nuestros derechos pese a la reforma y pese a las políticas que nos vengan de Estados Unidos o de donde sea".

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