INTERNACIONAL

Las claves para entender lo que está pasando en la Explanada de las Mezquitas

La instalación de arcos de seguridad y cámaras hace saltar por lo aires el precario equilibrio del lugar más sensible de Jerusalén.

24/07/2017 12:54 CEST | Actualizado 24/07/2017 13:56 CEST
Ammar Awad / REUTERS
Un joven palestino reza ante la Puerta de los Leones de Jerusalén ante la mirada de la Policía de Fronteras israelí, en la noche de ayer.

La violencia (abierta, explícita, en escalada) ha vuelto a las calles de Jerusalén y de Cisjordania. La nueva crisis estalló después de que el pasado 14 de julio se produjera un ataque en la Explanada de las Mezquitas de la capital triplemente santa, en el que tres árabes israelíes mataron a dos policías de fronteras, árabe-israelíes drusos; los atacantes fueron abatidos más tarde por otros uniformados israelíes.

Como represalia, el gobierno del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, decidió entonces cerrar los accesos a la Explanada hasta el domingo. Pero la reapertura tenía nuevas condiciones: quien quisiera acceder al recinto tenía primero que pasar por unos arcos detectores de metales situados en todas las entradas. Poco después, en vez de dar marcha atrás, las autoridades israelíes han ido más allá, colocando cámaras vigilancia.

Los arcos no son sólo unos arcos y las cámaras no son sólo unas cámaras. Suponen un control extra por parte de Israel y una alteración del statu quo del tercer lugar más santo para los musulmanes (tras La Meca y Medina). Muchos palestinos denuncian, además, que puede ser un paso en firme de Israel para hacerse con el control de un espacio, que alberga igualmente el lugar más santo para los judíos.

Por eso, los palestinos comenzaron a protestar en la calle con manifestaciones y rezos masivos y en el día central de oración de la semana, el pasado viernes, cuando se produjeron cargas que acabaron con tres palestinos muertos y más de 400 heridos. Esa misma noche, un veinteañero palestino asesinó a tres miembros de una familia de colonos en el asentamiento ilegal de Halamish (Cisjordania). Minutos antes del ataque, el agresor aseguró en Facebook que lo hacía para "defender Al Aqsa".

Estas son las claves para entender la importancia de esta nueva crisis, en un conflicto viejo de casi 80 años.

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE LA EXPLANADA DE LAS MEZQUITAS?

La Explanada de las Mezquitas es uno de los lugares más sensibles en el conflicto que enfrenta a palestinos e israelíes.

Los judíos veneran ese enclave -que denominan como Monte del Templo- porque allí se levantó el Templo de Salomón, del que sólo queda en pie el Muro de las Lamentaciones. Es el lugar donde la tradición judía ubica la piedra sobre la que Abraham iba a sacrificar a Isaac y donde se hallaría el sancta santorum, la cámara sagrada del templo, su columna espiritual.

Sin embargo, con el paso de los siglos, ese espacio quedó dominado por las mezquitas de Al Aqsa y La Roca, claves en el devocionario musulmán. Ellos lo llaman Noble Santuario o Haram al Sharif.

La zona, que se encuentra situada en la ciudad vieja de Jerusalén y más concretamente en la zona este, territorio originalmente palestino, estuvo en manos de un waqf (una especie de gestor) controlado por Jordania. Así se mantuvo hasta que, durante la Guerra de los Seis Días (1967), las tropas israelíes ocuparon la zona.

La bandera israelí llegó a ondear en la Cúpula de la Roca pero el entonces ministro de Defensa, el histórico Moshe Dayan, entendió que había que mantener el delicado statu quo que regía desde la época otomana, por lo que ordenó retirar el símbolo. El Gobierno israelí no tomó el control, sino que lo transfirió entonces al waqf que hoy lo comanda, con Jordania como contraparte con estatus preferencial en la Explanada, con la que hay que pactar cualquier mínimo cambio que se quiera llevar a cabo. De ahí que la alteración de lo que ya hay, como la instalación de cámaras o arcos de seguridad, generen tanta inquietud.

Lo que se acordó hace 50 años es que los soldados israelíes desocuparían el recinto y se desplegarían en los alrededores, así que ahora los uniformados controlan los accesos y tienen potestad para hacer supervisiones en el interior si hay alteraciones del orden. Entran para patrullar, hacer redadas y escoltar a los grupos de judíos que acuden cada vez con más frecuencia, entre otros, los grupos que defienden que se reconstruya el Templo de Jerusalén donde en su día estuvo.

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Ammar Awad / REUTERS
Los uniformados israelíes, junto a los arcos de seguridad instalados en el acceso a Al Aqsa.

LAS POSICIONES

El gobierno israelí justifica su decisión afirmando que los tres israelíes de origen palestino que llevaron a cabo el tiroteo del pasado 14 de julio entraron en la Explanada con armas y que en ocasiones en la zona se han escondido, por ejemplo, cuchillos. Por tanto, entiende que la instalación de arcos detectores de metales prevendrá nuevos ataques.

Los palestinos no lo ven igual. Entienden que este suceso se ha empleado para ahondar en el control del recinto, cuando cualquier cambio en su naturaleza ha de ser pactado y aceptado por Jordania, el actual gestor. Nadie ha dado ese permiso, resaltan, y por eso es una "violación". "Declaro la suspensión de todos los contactos con la parte israelí, en todos los niveles, hasta que cancele sus medidas para la mezquita Al-Aqsa y preserve el status quo del recinto", dijo el viernes por la noche el presidente palestino, Mahmud Abbas, en un breve discurso televisado.

Antes de ceder a los nuevos controles, los palestinos están optando por rezar en los alrededores de Al Aqsa, justo fuera de las murallas de Jerusalén, sobre todo en las puertas de los Leones y Damasco. Grupos de palestinos cristianos se han sumado a su reivindicación en estos rezos colectivos.

¿SERÁ TEMPORAL?

La pregunta es: ¿dará marcha atrás Israel o mantendrá el nuevo dispositivo de seguridad? Dependerá de la presión de los más conservadores del Gobierno Netanyahu -que llevan meses insistiendo en la necesidad de hacerse con el dominio de la Explanada y dar por vencidos los actuales acuerdos-, de los toques de atención que lleguen en el campo diplomático, de cómo evolucionen estos días de violencia...

Israel insiste en que los nuevos dispositivos no alteran el statu quo. Por el momento, ningún miembro del equipo del líder del Likud ha dicho que vaya a quitar ni las cámaras ni los arcos, sino más bien la contrario: la prensa local, citando a varios de sus asesores, dice que por ahora seguirán. "Van a permanecer. Los asesinos nunca nos dirán cómo hay que buscar a los asesinos", aseguró el ministro de Desarrollo Regional, Tzachi Hanegbi, en la radio del Ejército.

No obstante, otros ministros, como el de Seguridad Pública, Gilad Erdan, también ha abierto la posibilidad de que estos polémicos detectores sean remplazados por otras medidas de seguridad, como colocar más policías de fronteras y cámaras con tecnología de reconocimiento facial.

PRESIÓN INTERNACIONAL

Hoy mismo, el enviado especial de la Casa Blanca para Oriente Medio, Jason Greenblatt, llegará a la región para tratar de mediar en la crisis. Literalmente, ha dicho que viaja para "apoyar los esfuerzos para reducir la tensión" y se espera que mantenga informado permanentemente de la situación al asesor presidencial y cuñado de Donald Trump, Jared Kushner, indica el diario israelí Haaretz. Kushner, judío, con numerosos intereses en Israel, recibió el viernes la llamada del presidente palestino Abbas para que le ayude a mediar en este asunto.

"El presidente Trump y su Administración están siguiendo de cerca la situación en la región", dijo al citado diario un oficial estadounidense no identificado, que aseguró que EEUU mantiene conversaciones con ambas partes y "está comprometido a encontrar una solución para los asuntos de seguridad".

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Un palestino es conducido por policías israelíes, tras ser detenido a las afueras de las murallas de Jerusalén.

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá también hoy para analizar esta escalada, una cita que fue pedida por Francia, Egipto y Suecia, tres de los 15 integrantes del grupo. Según tuiteó el portavoz de la misión de Suecia ante la ONU, Carl Skau, la cita fue convocada para "analizar urgentemente cómo se puede apoyar un llamamiento" para evitar una escalada de la tensión en Jerusalén y en Cisjordania. El secretario general de la ONU, António Guterres, deploró el viernes las víctimas causadas por los choques entre israelíes y palestinos, y destacó su preocupación por la violencia en la Ciudad Vieja de Jerusalén, informa EFE.

Además, la Liga Árabe ha convocado una reunión de emergencia de sus ministros de Exteriores para el 26 de julio, miércoles, donde se discutirá la situación en Jerusalén. En un comunicado, ya han advertido a Israel del peligro de "jugar con fuego".

El papa Francisco, hablando desde la Plaza de San Pedro del Vaticano ayer domingo, dijo que estaba "siguiendo con temor la grave tensión y violencia de los últimos días en Jerusalén" y pidió moderación y diálogo a ambas partes.

CIERRES POLÉMICOS

Tras el ataque del día 14 de julio, Israel ordenó el cierre de la Explanada y, cuando lo reabrió horas más tarde, lo hizo limitando el paso a los hombres menores de 50 años. Este bloqueo irrita notablemente a los musulmanes palestinos, que ven vetado el acceso a su principal mezquita.

Cierres parciales y límites en el rezo son habituales cuando se producen picos de violencia, a modo de castigo, pero los cierres más graves datan de 2000, cuando el entonces jefe de la oposición y, más tarde, primer ministro de Israel, Ariel Sharon, entró en la Explanada, lo que dio el pistoletazo a la Segunda Intifada o Intifada de Al Aqsa. Luego, en 2014, se produjo el más severo de todos, tras el intento de asesinato de un rabino ultraconservador llamado Yehuda Glick.

Enfrentamientos en Jerusalén y Cisjordania por los controles de Al Aqsa

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