NOTICIAS

De manteros a pescaderos: la segunda oportunidad de Alassane y Adama

El Ayuntamiento de Barcelona ofrece formación y un contrato de trabajo para sacar a los vendedores ambulantes de la calle.

27/07/2017 18:32 CEST | Actualizado 16/09/2017 11:21 CEST

En Dakar (Senegal) hablan maravillas de Barcelona. Pintan a la capital catalana como una tierra de oportunidades en la que uno llega y besa el santo. "Cuando consigues venir, te das cuenta de que es muy distinto", afirma resignado Alassane Fall, 25 años, manos fornidas y cuerpo hercúleo. Este joven lo dejó todo para ser futbolista profesional en España. A los tres meses de llegar, andaba regateando policías con un petate lleno de camisetas del Barça a su espalda. "Si no quieres robar o traficar, la única opción que tenemos los sin papeles es la manta", añade.

Adama Gueye, 41 años, encontró otra opción a su llegada. Se pasó cinco años trabajando sin contrato en la cocina de un restaurante hasta que un día le dijeron que no volviera. Sin indemnización y ante la imposibilidad de encontrar otro trabajo, también se lanzó a vender en la calle. Un negocio en el que se trabaja mucho, se gana poco y donde cada día es una lotería: se puede acabar detenido, con la mercancía confiscada o sin apenas haber vendido nada. En un mes "bueno", un mantero puede ganar entre 300 y 350 euros trabajando de lunes a domingo unas 14 horas al día.

POL PAREJA

Adama y Alassane cuentan su historia a las ocho de la mañana, tras una larga noche procesando y cortando pescado en Mercabarna, el principal mercado de mayoristas de la ciudad. Desde hace ocho meses, estos dos senegaleses gozan de trabajo y horario fijo con un sueldo neto de 1.000 euros en 15 pagas. Han regularizado su situación y, según afirma su jefa, cuando cumplan 12 meses obtendrán un contrato indefinido. "Tener un oficio es tan importante para ser feliz...", reflexiona Alassane en un español con marcado acento africano.

Estos dos exmanteros han sido de los primeros en participar en un programa piloto del Ayuntamiento para ofrecer una alternativa a la venta ambulante. Son algunos de los 54 participantes de un plan de ocupación que se despliega en distintos ámbitos. 11 fueron destinados a Mercabarna, mientras que los 43 restantes se dedican a otras tareas desde el centro de atención a personas vulnerables de la Zona Franca. Otros 15 vendedores se han integrado en DiomCoop, una cooperativa de venta ambulante legal que también ha impulsado el equipo de Ada Colau.

Los dos senegaleses tuvieron sus reticencias cuando se les planteó la posibilidad de entrar en este programa del Ayuntamiento. "Muchos compañeros nos decían que era una trampa para devolvernos a nuestro país", afirma, tímida, Adama. "Incluso con el curso empezado algunos seguían diciendo que nos estaban engañando". Ahora, los dos han abandonado los pisos que compartían con decenas de migrantes, mandan dinero a su casa mensualmente y, lo más importante, se han integrado en la sociedad. "Ahora podemos hacer planes de ocio sin miedo a que nos detengan", resume Alassane. "Algo como ir al cine ahora es normal".

POL PAREJA

El Ayuntamiento financió la formación de estos 11 manteros, mientras que Mercabarna -cuyo 51% es de titularidad pública- se comprometió a bonificar durante el primer año a las empresas que los contrataran cuando finalizara su formación. De los 11 que la hicieron, cuatro están trabajando y con vistas a ser contratados de manera indefinida. De los restantes, tres no pudieron acceder a un puesto de trabajo porque tenían problemas legales pendientes. A los tres restantes les perdieron el rastro pese a haber finalizado la formación. La responsable de comunicación de Mercabarna lo achaca a problemas burocráticos.

La satisfacción de estos dos senegaleses es compartida por sus superiores. "Cuesta mucho encontrar gente que quiera seguir con el oficio de pescadero", sostiene Núria Gustems, gerente de Gran Blau, la empresa donde trabajan Adama y Alassane. "Encima vienen de buen humor y con una sonrisa". Esta profesional del pescado valora muy positivamente la iniciativa. "Ayudamos a personas que lo necesitan y, además, encontramos gente que quiere implicarse en la profesión". Una ocupación en la que uno tiene que acostumbrarse a trabajar de noche con el suelo encharcado, escamas por todos lados y un abrumador olor a pescado.

Desde Mercabarna también destacan la buena actitud que han mostrado los manteros durante la formación. "Eran los primeros de la clase", sostiene Roser Lapuente, directora de comunicación, en comparación con el resto de desocupados que pasan por estos programas de ocupación. "Tienen muchas ganas de aprovechar su oportunidad".

POL PAREJA

En el Ayuntamiento valoran positivamente la iniciativa y creen que han generado un precedente al abordar la venta ambulante desde un enfoque distinto, más allá de la represión policial. En privado, no obstante, muestran cierta desazón porque solo cuatro manteros han conseguido un contrato fijo en Mercabarna. Los problemas burocráticos para regularizar la situación de estos migrantes siguen siendo un escollo, a pesar de que las relaciones entre el equipo de Colau y la subdelegación del Gobierno son muy fluidas en este asunto. "Nos ayudan en todo lo que pueden", explican desde el Consistorio. "Intentan encontrar rendijas en la ley de extranjería que, por desgracia, es muy restrictiva".

El verano pasado Colau constató la dificultad de abordar la venta ambulante y recibió críticas por todos lados. Los comerciantes la acusaron de ser demasiado permisiva. Los manteros cuestionaron algunas actuaciones policiales y le reventaron un acto que programó para reivindicar a los migrantes muertos en el Mediterráneo.

POL PAREJA

En el Ayuntamiento son conscientes de que solo se ha podido ayudar a una parte muy pequeña del colectivo y pretenden ampliar la oferta de alternativas para los manteros. El recelo inicial de algunos vendedores se ha convertido en envidia de los que se apuntaron al programa piloto. "Ahora muchos se arrepienten de no haberse apuntado", afirma Alassane. "Varios compañeros están esperando a ver si hay otro programa de estos"

Alassane ahora estudia para sacarse el carnet de conducir. El resto de su tiempo libre lo pasa con su novia, sus amigos o en el gimnasio. Adama tiene una hija de 8 años a la que puede atender mejor desde que tiene un horario y un sueldo fijo. Su alegría es contagiosa y, a pesar de llevar toda la noche trabajando, desprenden ilusión por esta nueva etapa. "Ha sido todo muy duro, pero hemos aprendido un oficio y ya sabemos hacer cualquier cosa relacionada con el pescado", coinciden ambos. "Lo que toca ahora es ayudar al resto. Solo el 2% hemos salido de la calle".

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

- Un senegalés muere en Salou al tirarse de un tercer piso mientras huía de los Mossos

- El 'top manta' será conducta sancionable

- Los Mossos d'Esquadra de Salou tenían razón, como siempre

- Gala Pin: "La relación de Barcelona en Comú con la oposición cambiará tras el 27-S"

Ve a nuestra portada Facebook Twitter Instagram Pinterest