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Soplar las velas multiplica por 14 el número de bacterias presentes en la tarta

A partir de ahora mirarás este dulce de otra manera.

14/08/2017 08:01 CEST | Actualizado 14/08/2017 08:01 CEST
Bettmann / Getty Images

Escrito por Sarah Zhang.

Puedo identificar el momento exacto en el que mi relación con las tartas de cumpleaños cambió para siempre. Fue hace unos días, después de leerme un estudio titulado Propagación de bacterias asociada con soplar las velas de una tarta de cumpleaños.

Evidentemente, los más escrupulosos (también conocidos como germofóbicos) ya habíamos pensado alguna vez en este espantoso detalle. Una compañera me contó una vez que quitaba la primera capa de glaseado después de soplar las velas, una costumbre con toda la lógica del mundo, pero que por alguna razón nunca había considerado poner en práctica. Llevaba todo este tiempo viviendo en una feliz ignorancia salpicada de saliva.

Desde el punto de vista intelectual, yo sabía que tampoco era para tanto. Que había comido incontables trozos de tarta rociados de babas y no había experimentado ninguna consecuencia en particular. Aun así, ahora la idea de comerme una porción de tarta hace que se me revuelva el estómago.

Así que llamé a Paul Dawson, que es profesor de Seguridad alimentaria de la Universidad Clemson (Estados Unidos) y uno de los autores del estudio, para preguntarle qué tenía en contra de las fiestas de cumpleaños.

Según Dawson, fue a su hija adolescente a la que se le ocurrió la idea de realizar el estudio. Además, él ya había participado previamente con sus alumnos en investigaciones sobre cuestiones similares relacionadas con la seguridad alimentaria, para que se interesaran por los estudios científicos. Este tipo de cuestiones —como la validez de la regla de los cinco segundos, el nivel de propagación de bacterias al mojar un alimento dos veces en una salsa (muy alto) o al compartir unas palomitas (muy bajo) o la salubridad del beer pong (sin comentarios al respecto)— suelen ser las que obsesionan a los germofóbicos del mundo.

Con el objetivo de simplificar las cosas, Dawson y sus alumnos prescindieron de la tarta y, en su lugar, utilizaron una base de poliestireno extruido con forma de tarta cubierta de papel de aluminio y de glaseado. Los alumnos colocaron velas en ambas tartas, las encendieron y las apagaron soplando. Y, bueno, antes de soplar las velas, habían comido pizza. "Queríamos simular las condiciones reales de una fiesta de cumpleaños", explica Dawson. "Pensamos que de esta manera pondríamos en marcha las glándulas salivales".

Luego se pusieron a contar bacterias. El equipo diluyó el glaseado en agua destilada y lo extendió en placas de agar para cultivar las bacterias. Cada colonia representaba una célula bacteriana original del glaseado. Cabe señalar que no todas las bacterias crecen en placas de agar y que existen métodos más sofisticados y caros para contar células bacterianas de una forma más precisa, pero este método clásico puede servir como punto de referencia para comparar con estudios anteriores.

Soplar las velas de la tarta multiplicaba por 14 el número de bacterias presentes en el glaseado de la tarta.

Evidentemente, había muchas bacterias. Pero lo que más sorprendió a Dawson fue lo mucho que parecía cambiar la cifra de un soplido a otro. De media, soplar las velas de la tarta multiplicaba por 14 el número de bacterias presentes en el glaseado de la tarta. Pero, en un caso concreto, el número de bacterias se había multiplicado por 120. "Hay personas que soplan las velas pero no propagan ninguna bacteria, mientras que hay otras que propagan un montón", aclara Dawson.

Aun así, en palabras de Dawson, las fiestas de cumpleaños pueden seguir manteniendo su esencia. "Desde mi punto de vista, no es una amenaza para la salud", asegura. "En realidad, aunque lo hiciéramos 100.000 veces, seguramente las probabilidades de enfermar serían mínimas". Nuestras bocas están rebosantes de bacterias, y la mayoría de ellas no son perjudiciales. Si las tartas de cumpleaños contribuyeran de forma significativa al contagio de enfermedades mortales, a estas alturas ya lo sabríamos con seguridad, dada la ubicuidad de esta práctica. Dawson opina que puede ser buena idea no poner las velas en la tarta si el cumpleañero está muy enfermo, pero eso es algo de sentido común.

Desde que se llevó a cabo este estudio, hay quienes se han tomado muy en serio lo de soplar las velas en una tarta a prueba de gérmenes. Por ejemplo, existe una patente de un "sistema sanitario para cubrir la tarta y sujetar las velas" que consiste en un soporte para la tarta y una funda con agujeros para poner las velas.

Aunque lo cierto es que con este método se corre el riesgo de hacer el ridículo. Las formas socialmente aceptadas de compartir saliva suelen implicar lazos afectivos y confianza. Ya sea soplar las velas de una tarta de cumpleaños, compartir vaso u otras actividades más íntimas, este tipo de acciones suelen parecernos más asquerosas cuando hay extraños implicados. Yo, personalmente, creo que puedo tolerar que un amigo sople las velas de su tarta de cumpleaños; sin embargo, si se trata de un extraño enfermo y babeante... puf.

Este artículo fue publicado originalmente en TheAtlantic.com.

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Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense del 'HuffPost' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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