POLÍTICA

El independentismo desborda el centro de Barcelona al grito de “Votarem!”

Así ha sido la Diada más delicada en plena tensión entre el Govern y La Moncloa por el 1-O.

11/09/2017 20:44 CEST | Actualizado 11/09/2017 20:49 CEST

"Votaremos, quieran o no quieran". Este grito lo han entonado este lunes centenares de miles de personas que han desbordado el centro de Barcelona en un momento trascendental para el futuro de Cataluña y España. Una Diada especial, en pleno desafío independentista y marcada por la tensión entre el Govern y La Moncloa por la convocatoria del referéndum del 1 de octubre.

Los catalanes han celebrado este 11 de septiembre su Fiesta Nacional sin saber qué ocurrirá en las próximas semanas, con la mente todavía en la convulsa sesión vivida en el Parlament la semana pasada y con la mirada puesta en esa supuesta consulta. Seguimos en este trémulo capítulo sin final.

Y hoy era el día que tenía marcado el independentismo para mostrar su fuerza en las calles. Tras la pirueta parlamentaria, el Govern y sus socios de la CUP han trasladado ahora toda la presión a pie de calle. Los soberanistas han lanzado la pelota a los ayuntamientos, a los que les han solicitado los locales para la votación, y necesitaban también inundar la capital. Ahí están las impactante fotos que se repiten año tras año durante la Diada.

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¿CUÁNTA GENTE HA IDO?

El independentismo cuida hasta el extremo la puesta en escena, el simbolismo, los detalles. Y este año se ha evocado un signo de suma que ha inundado el Passeig de Grácia y la calle Aragó. A la simbólica hora de las 17.14 horas se han desplegado lonas desde los extremos con una serie de mensajes: el 'sí' a la independencia, el lema de "referéndum es democracia" y una paloma junto a la frase "paz y libertad".

Y ha sido una plástica exhibición de músculo (en color verde fluorescente, como las camisetas oficiales). Eso sí, nada nuevo en el horizonte con la guerra de cifras. La Guardia Urbana ha calculado un millón de asistentes, la Delegación del Gobierno ha hablado de 350.000 manifestantes y Sociedad Civil ha rebajado hasta los 225.000. La participación habría bajado notablemente comparando el dato de la Guardia Urbana con el de 2014, cuando acudieron 1,8 millones de personas.

La Guardia Urbana cifra en un millón los asistentes, la Delegación del Gobierno los rebaja a 350.000

A pesar de la crispación existente en el ámbito político, la manifestación se ha desarrollado en un tono festivo y tranquilo, sin altercados. Una de las cosas que más preocupa, especialmente en La Moncloa, es que durante estos días se pueda producir un incidente. Los gritos más escuchados han sido "Votarem" e "Independència". Todo un mar de esteladas ha vestido el centro de Barcelona. Una señal del independentismo de que quiere llegar hasta el final, de que no hay vuelta atrás.

La idea es mostrar toda la fortaleza y que no importan incluso las posibles penas de cárcel que conllevan algunas de las querellas que ya ha presentado la Fiscalía contra el Govern por firmar el decreto. En el centro de este porfiado pulso está el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, al que se le ha visto en la manifestación, en la ofrenda floral matutina y en un encuentro con los medios de comunicación extranjero.

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PUIGDEMONT, DISPUESTO A PACTAR "HASTA EL ÚLTIMO MINUTO" EL REFERÉNDUM

¿Qué señales ha transmitido? El president ha dicho que está abierto al diálogo con el Gobierno central "hasta el último minuto" para negociar la forma de votar de los catalanes. "Pese a todos los augurios que querían que pinchásemos y con el compromiso insobornable con que los catalanes, hemos decidido encarar la situación: de forma pacífica y democrática", ha comentado tras la concentración, y se ha preguntado: "¿Qué más tenemos que hacer para mostrar que el pueblo de Cataluña queremos votar?". Un tono más elevado ha utilizado el presidente de la organizadora ANC, Jordi Sánchez, que ha llamado a los asistentes a la "insumisión" ante las decisiones de los tribunales.

Este lunes la partida estaba totalmente enmarcada en Barcelona. Madrid tomará el relevo el martes al estar convocada una reunión del Tribunal Constitucional, que previsiblemente paralizará la ley de transitoriedad catalana -pieza clave en en el mapa del independentismo para instaurar su República después del 1-O-.

CRECE LA PRESIÓN A COLAU PARA QUE SE DEFINA

Barcelona, Barcelona, Barcelona, esta es la obsesión de todos. El éxito de una de las partes dentro de tres semanas dependerá de lo que pase en la capital. Aquí hay un rostro imprescindible: Ada Colau. Los 'comuns' siguen en tierra de nadie, en un papel ambiguo, que le afean desde las otras partes. La alcaldesa de Barcelona ha afirmado que hará "todo lo posible" para que se pueda votar el 1-O, pero ha reiterado que no podrá en peligro la institución. Esto declaraba a primera hora tras la ofrenda. Unas horas más tarde era la gran protagonista de un acto organizado por su confluencia al que ha asistido también el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Allí le ha dado también a Junts pel Sí, y ha criticado que está dejando "atrás a la mitad del país".

La ofrenda matutina en el monumento a Rafael Casanova ha dejado algunos momentos que radiografían lo que está sucediendo. En una conversación con Puigdemont y Colau, la alcaldesa de L'Hospitalet, Núria Marín (PSC), le ha espetado al presidente: "A ver si dejáis tranquilos a los alcaldes". Asimismo, la delegación del PSC encabezada por Miquel Iceta ha sido abucheada por la mañana por grupos independentistas al grito de "botiflers". Ciudadanos y el PP han decidido no participar en la ofrenda.

En Moncloa han estado muy atentos todo el día a lo que pasaba en Barcelona. La lectura que hace el Gobierno, según fuentes consultadas por Efe, es que esta Diada ha sido "menos numerosa de los últimos años" porque los catalanes no quieren participar en la coartada de un proceso ilegal. El Ejecutivo cree que ha sido la "menos numerosa" de los últimos años.

Hoy las calles de Barcelona han gritado "¡Votaremos, quieran o no!". ¿Lo harán el 1-O?

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