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Los socialistas no pueden con Merkel

Schulz se ha ido desinflando como un globo a medida que la cita electoral del 24 de septiembre se ha ido acercando.

20/09/2017 11:36 CEST | Actualizado 20/09/2017 11:36 CEST
EFE
Imagen de archivo de Merkel y Schulz durante el debate del pasado domingo.

A principios de año la socialdemocracia alemana y europea —ya sabemos que quien gobierna en Berlín manda mucho en Europa— acariciaron el milagro: sacar a Angela Merkel del poder. Las encuestas recibieron con inusual entusiasmo la vuelta a casa de su candidato Martin Schulz, un librero que labró una exitosa carrera política en el Parlamento Europeo. Pero hoy los sondeos sitúan a Merkel a unos 12-15 puntos por encima.

Schulz se ha ido desinflando como un globo a medida que la cita electoral del 24 de septiembre se acerca, mostrando el poco apetito que tienen los alemanes por el cambio. Gobernados por Angela Merkel desde 2005, los alemanes parecen decididos a seguir bajo el manto de mutti [mami], como es conocida la canciller; especialmente cómodos en el oasis de tranquilidad alemán. Con la economía bien engrasada y el desempleo bajo mínimos, muchos se preguntan: ¿quién quiere experimentos en el mundo de Brexit y Donald Trump?

El revulsivo de Schulz en las encuestas en enero —algunas le dieron por encima de Merkel— fue algo excepcional, "en gran medida inflado por la euforia del SPD ante la llegada de un nuevo líder y la atención mediática generada en un país cuya política vive muy pocos cambios", explica a El HuffPost Ulrike E. Franke, analista del Consejo Europeo para las Relaciones Exteriores en Berlín.

En los meses posteriores a la llegada de Schulz, las elecciones en tres Estados se encargaron de hundir la moral socialista y allanar el terreno para la victoria de Merkel el 24 de este mes. La fortaleza de su partido, la CDU, y su inexistente desgaste tras más de una década en el poder propiciaron importantes victorias en Sarre (26 de marzo), Schleswig-Holstein (7 de mayo) y Renania del Norte-Westfalia (14 de mayo), siendo esta última especialmente importante por ser un tradicional bastión socialista y el Estado natal de Martin Schulz.

Cuando Schulz propuso una coalición roja-roja- verde, asustó a los alemanes. Después los socialistas perdieron tres elecciones y aunque ahora ha intentado enmendar sus palabras, los electores ya no le creen

Los alemanes no perdonan a Schulz haber confesado, al poco tiempo de ser elegido candidato, tener en mente una coalición de izquierdas, opina Ulrike Guérot, profesora de Estudios Europeos en la Universidad Danube Krems. "Cuando Schulz propuso una coalición roja-roja-verde asustó a los alemanes. Después los socialistas perdieron tres elecciones y aunque ahora ha intentado enmendar sus palabras, los electores ya no le creen", concluye Guérot.

Esta supuesta triple alianza, en la que entrarían a gobernar, además del SPD de Schulz, el Partido Verde y Die Linke (La Izquierda), no gusta a los alemanes porque temen su inestabilidad, apunta Ulrike E Franke. A pesar de que Schulz evita ahora considerar esta opción, los electores parecen suponer que, dada la aritmética parlamentaria que proyectan las encuestas, el único camino de Schulz para la cancillería pasa por esta alternativa. No es casual que en 2005 y 2013 esos tres partidos tuvieran la mayoría y sin embargo Merkel terminara gobernando.

El eslogan del SPD, "Tiempo de más igualdad, tiempo de Martin Schulz", da una clara idea clara sobre cuál es la estrategia de los socialdemócratas. A pesar de que la economía alemana va muy bien y el desempleo es de los más bajos de la UE (3,9%), la desigualdad preocupa a los alemanes. "Es paradójico, a pesar del malestar social —una reciente encuesta aseguraba que el 85% no están satisfechos social y económicamente— el discurso por la justicia social de Schulz no termina de calar", explica la profesora Guérot a El HuffPost.

CRISIS DE LA SOCIALDEMOCRACIA EUROPEA

El desgaste de los socialistas alemanes es consustancial a la crisis de la socialdemocracia en Europa, cuyo balance de 2017 incluye duras derrotas en Francia y Países Bajos. El SPD pierde fuelle entre sus votantes tradicionales que en muchos casos ya no lo ven como su opción natural para proteger los intereses de la clase obrera.

Algunos se decantan por el nuevo partido de extrema derecha Alternativa por Alemania, cuyos representantes, al igual que hizo Marine Le Pen durante la campaña francesa, se presentan como los auténticos defensores de los trabajadores.

El hecho de que el SPD gobierne con Merkel desde 2013 no facilita precisamente la labor de Schulz. ¿Cómo criticar a Merkel y ofrecer una alternativa a un gobierno del que formas parte como socio menor? "La elección de Schulz como candidato se debe precisamente a la pretensión del SPD de distanciarse de la gran coalición. Él no ha sido parte de ella", sostiene Franke.

Schulz es una suerte de outsider en el SPD. Se ha curtido en batallas europeas durante más de dos décadas, apartado del foco de la política nacional pero suficientemente cerca como para haber sido elegido ahora cabeza de cartel. Con todo, la mimetización programática con Merkel parece difícil de esquivar. Tras el debate cara a cara del pasado domingo —en el que la mayoría de medios da como vencedora a Merkel— el periodista Rainald Becker de la cadena ARD describe lo ocurrido: "Ha sido un dueto, más que un duelo". Ninguno de los dos candidatos descartó una nueva gran coalición.

La canciller tiene una habilidad especial para ocupar el centro del debate político. Primero escucha las propuestas de su adversario y con más o menos descaro las asume después, tras elegir las más razonables. "El SPD ha apadrinado algunas de las reformas más populares de esta legislatura como la instauración de un salario mínimo, nuevas ayudas a las familias o la aprobación del matrimonio homosexual, pero los votos se los lleva Merkel", explica la profesora Guérot.

La emoción electoral de la noche del 24 de septiembre la pondrán previsiblemente los tres partidos que se disputan el tercer puesto, una posición clave para conjugar la suma de gobierno. Liberales, Verdes y el xenófobo AFD rondan el 9% de los votos. Si las cosas no cambian, Schulz, acostumbrado a reinar en el Parlamento Europeo, tendrá que conformarse con un papel secundario en tierra de Merkel.

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