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Quién quema Galicia y para qué

Las estadísticas arrojan algo de luz sobre supuestos incendiarios, pero sigue existiendo una gran zona de sombra en lo que a sus motivaciones se refiere.

17/10/2017 21:10 CEST | Actualizado 17/10/2017 21:13 CEST
EFE

Tras la destrucción y el pavor de los incendios, toca afrontar la verdad de que toda esa desolación ha sido premeditada. Desde primera hora, la Xunta de Galicia habló de fuegos "intencionados", a la sospecha se sumó después el Gobierno y la confirman ahora los investigadores: la primera fase de la investigación revela que la mayor parte de los fuegos fueron iniciados adrede, en varios puntos a la vez, en localizaciones de difícil acceso para los equipos de extinción y en horas en las que la respuesta es más lenta y la posibilidad de propagación, por lo tanto, mayor.

La ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina ha hablado con dureza en su visita de este martes a algunas de las zonas afectadas por la oleada de incendios de los últimos días: "Nos tenemos que hacer absolutamente intolerantes con los incendiarios, porque el daño que han hecho es irreparable". García Tejerina ha pedido la colaboración ciudadana "para que no queden impunes aquellas personas que tanto daño han causado".

Las sospechas populares hablaron, en pleno fragor de las llamas, incluso de una red criminal. Esa conjetura parece ahora completamente descartada, como publica Sagrario Ortega en EFE, pero los datos de que dispone la investigación hablan de varios autores y organizados. Lo ha confirmado Santiago Villanueva, delegado del Gobierno en Galicia: "Hay distintas personas [identificadas], distintos vehículos, distintos indicios y no se centran solo en una (persona) sino en varias". Las autoridades han encontrado también unos globos de helio que pudieron ser utilizados para iniciar focos.

LA SEXTA

Llevar a prisión a los culpables no será fácil: la escena del delito ha quedado arrasada. Además, las Brigadas de Investigación de los Incendios Forestales (BIIF) no cuentan con los medios con los que deberían. Un agente medioambiental de la Xunta que prefiere no ser identificado, ha señalado a El HuffPost que estos investigadores, "los CSI del fuego", "iban a ser reforzados, pero no se ha hecho y están desbordados". En su batalla de estos días contra el fuego, este técnico ha estado codo a codo con ellos: "Han estado en funciones de extinción y apenas han tenido tiempo de ponerse a investigar".

Habla con mucha prudencia cuando se le pregunta por las manos que pueden estar detrás de los incendios de estos días: "Es muy difícil de decir, porque tampoco es plan de desatar una caza de brujas contra nadie. Pero hay incendiarios, hay enfermos pirómanos... hay muchas circunstancias". Ese conjunto de elementos da lugar a pautas habituales de comportamiento, que el técnico forestal resume así: "El día antes de que anuncien lluvia, siempre se produce un aumento de las incidencias". Ocurrió exactamente así el sábado. Y esta pauta es confirmada por Juan Carlos González, vicepresidente de AT-BRIF, el sindicato de las brigadas antiincendios dependientes del Gobierno central. El día anterior a la lluvia prevista, el monte arde.

Las sospechas sobre incendios causados para recalificar terrenos al hilo de la Ley de Montes modificada en 2015 no tienen sentido. "Son leyendas".

¿POR QUÉ QUEMAR EL BOSQUE?

Pero, ¿por qué? ¿Por qué quemar el bosque? Cada vez que se produce un incendio, se aviva como un ascua el rumor de que las llamas son provocadas por especuladores que quieren aprovecharse de la Ley de Montes modificada en 2015 para construir en terrenos forestales. Son muchas las voces que insisten en que esto no es así: las zonas afectadas por los fuegos no pueden ser recalificadas y no tiene sentido este propósito especulador. Juan Carlos González lo resume: "Son leyendas".

Él apunta a la posibilidad de que los incendios, no sólo los últimos, sino los que afectan a muchas zonas rurales de Galicia durante el año, tengan que ver con el negocio de la madera quemada. Esta materia prima puede ser comercializada y se convierte en una fuente de ingresos para algunos concellos: el precio de una tonelada de este material puede rondar los 30 euros. Este material se utiliza sobre todo para dar forma a contrachapados o para producir pasta de papel, pero que los incendios tengan que ver con la necesidad de aumentar su precio parecen descartadas: de hecho, la abundancia de madera quemada en los incendios del año pasado habían hecho mella en los precios de venta de la madera este año.

García Tejerina ha descartado de un plumazo la posibilidad de que exista motivación económica detrás de los incendios: "No hay incendios para recalificaciones ni recalificaciones por incendios". La ministra ha señalado también que el mercado de la madera está controlado y vigilado por sistemas de trazabilidad a nivel europeo para evitar la venta ilegal. "Cometeríamos un error si pensamos que hay intereses económicos detrás de los incendios", ha concluido.

Las estadísticas de su ministerio le dan la razón, pero las cifras van de 2001 a 2014, un año antes de que se modificase la Ley de Montes. En esas estadísticas, los incendios provocados para "modificar el uso del suelo" representan solamente un 0,34% del total; los fuegos provocados para bajar el precio de la madera, el 0,05% del total. Ni siquiera los focos iniciados por pirómanos, aquellos que disfrutan patológicamente de las llamas, son una parte importante del total: sólo el 5,86%.

La pregunta, pues, sigue sin responder: ¿Quién y para qué quema el monte? Según los datos, destacan dos motivaciones y dos sectores: los campesinos para quemar matorrales y residuos agrícolas (el 27,29%) y los ganaderos y pastores para regenerar el pasto (16,83%). Sumadas, las hectáreas quemadas por estos incendios fueron casi 300.000. Pero hay otras 300.000 ardidas para las que no hay explicación. Son el 36% de los incendios que se incluyen en la categoría "Sin datos".

Más de 40.000 incendios que no pueden atribuirse a nadie, a ninguna motivación. "El monte", como dicen los investigadores del Seprona, "no habla". Por desgracia.