Cuatro cosas que te contagiarán del ritmo de La Habana de principios de siglo

20/10/2017 13:40 CEST | Actualizado 20/10/2017 13:41 CEST

Si algo saben hacer los cubanos es disfrutar. A pesar de las adversidades y los impedimentos La Habana siempre ha sido sinónimo de diversión y originalidad, y un ejemplo de cómo exprimir al máximo los placeres sencillos de la vida. Tras la implantación de la Ley Seca en Estados Unidos en 1919, muchos norteamericanos buscaron en la rebelde y cosmopolita Habana un refugio en el que disfrutar de su libertad.

Estos días es posible trasladarse a ese mundo de noches interminables y ritmo frenético en Madrid gracias a The Originals de Coca-Cola, una experiencia completa que trasladará a los asistentes al colorido universo de La Habana.

Las fiestas

CARLOS PINA

El estilo personal de la ciudad y los patios propios de las casas coloniales aportaban un toque de personalidad a las fiestas de La Habana, que mezclaban el ambiente tropical con las tendencias que llegaban desde Nueva York. En la noche de la capital cubana había espacio para gente de todos los estilos, lo que daba lugar a veladas en las que lo único que importaba era dar rienda suelta a la libertad y olvidarse de los problemas.

El jazz

CARLOS PINA

En su variante afrocubana, este estilo musical se colaba en todas las fiestas y era la banda sonora por excelencia de la época. El sonido de trompetas y saxofones acompañó tanto a flappers —así se conocían a las bailarinas de los años 20— que subían a la barra de los locales a bailar, como a los propios habitantes de La Habana que se movían por las calles contagiados por este ritmo.

Los bares americanos

CARLOS PINA

Los sillones de cuero, las paredes decoradas con las estrellas de cine de Hollywood... Los estadounidenses supieron cómo trasladar su universo a la isla caribeña ante la prohibición en su país. Se desplazaron hasta los barman, que vieron su trabajo amenazado con la Ley Seca. Durante esa época surgieron nuevos combinados que se basaban en los clásicos que consumían los americanos, añadiéndoles un toque exótico, el de los sabores de las frutas y los cítricos de la isla.

El Cubalibre

CARLOS PINA

Fue a principios del siglo pasado, tras la guerra que enfrentó a Cuba con España, cuando el capitán Russell entró en uno de los bares de La Habana y pidió al camarero un ron con Coca-Cola y hielo. Viendo que el experimento había salido bien, invitó a sus compañeros a una ronda. ¿El nombre? Se dice que uno de los soldados celebró el fin de fiesta brindando por "una Cuba libre". A día de hoy continúa siendo uno de los cócteles de cabecera en cualquier fiesta y la combinación clásica por excelencia.

CARLOS PINA

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